Posteado por: M | 6 octubre 2009

La Unesco, en sus horas más bajas

No se sabe muy bien si la Unesco, el organismo de la ONU encargado de la educación, la ciencia y la cultura, ha caído definitivamente en manos de los que acabarán por destruir sus cimientos. La elección del director general provocó una sonada polémica y pone en entredicho la capacidad del organismo para suscitar un consenso mínimo y gastar sin control un presupuesto que no merece.

 En la quinta y última vuelta electoral, el 22 de septiembre, la diplomática búlgara Irina Bokova, embajadora de su país en Francia, fue elegida como directora general de la Unesco con 31 votos a favor, la primera mujer que ejercerá el cargo. Su adversario, el ministro de Cultura de Egipto, Farouk Hosni, fue derrotado al lograr sólo 27 sufragios. Nunca antes el Consejo Ejecutivo necesitó cinco escrutinios para designar al director.

 Ambos candidatos presentaban un currículo inquietante. Farouk Hosni lleva 22 años como ministro de la dictadura policíaca del presidente Hosni Mubarak, que no tolera la menor disidencia. Actúa como censor máximo y se granjeó justa fama de antisemita rabioso al proclamar en el Parlamento egipcio que estaba dispuesto a quemar personalmente cualquier libro israelí que pudiera encontrarse en la biblioteca de Alejandría, la más importante del país. El aspirante egipcio también fue acusado de proteger a algunos implicados en atentados terroristas, según informaciones creíbles que, al parecer, hicieron que España e Italia cambiaran su voto en el escrutinio decisivo.

 Irina Bokova, miembro del Partido Socialista, es una típica superviviente de la nomenklatura comunista en su país. Su padre, Gueorgui Bokov, fue  miembro del politburó del partido comunista, estrecho colaborador del dictador Todor Zhivkov y se desempeñó como uno de sus peores esbirros, jefe de la propaganda y director de la Pravda de Sofía. Irina, siguiendo la formación de los cuadros importantes del partido, estudió en Moscú en una escuela para diplomáticos y agentes secretos de los países del bloque. Luego prosperó en la carrera diplomática y se recicló convenientemente al advenimiento de la democracia. Aunque los hijos no son responsables de los crímenes de sus padres, el periodista Ilia Troianov nos ilustra sobre el carácter clánico y heredado del poder en Bulgaria y subraya que el actual Partido Socialista, sucesor del comunista, no ha condenado aún los crímenes y la corrupción de la época totalitaria.

 La derrota del ministro egipcio alivió a sus adversarios, muchos de ellos intelectuales judíos o vinculados a Israel, que habían denunciado la estrecha relación de aquél con la violación sistemática de los derechos humanos en su país. “Salvamos a la UNESCO de un desastre moral”, declaró Elie Wiesel, premio Nobel. Pero quizá debería haber reparado en los inquietantes antecedentes de la vencedora. Por eso, Troianov escribió en Der Standard, de Viena, que la Unesco había pasado sin solución de continuidad del escándalo por la candidatura de Hosni a la vergüenza por la elección de Bokova. Quizá nunca estuvo tan bajo su prestigio.

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