Posteado por: M | 9 diciembre 2009

Más bombas en Bagdad

La guerra contra el terrorismo en Irak no será fácil de liquidar y, por lo tanto, la retirada total de las tropas norteamericanas (120.000 soldados aún), prevista para finales de 2011, resulta muy problemática. Bagdad sigue bajo el efecto devastador de las bombas. Una serie de explosiones, incluyendo al menos tres ataques suicidas, sacudieron el centro de la capital iraquí en la mañana del 8 de diciembre, causando más de 120 muertos y centenares de heridos.

Estos ataques terroristas tuvieron efectos inmediatos en la volátil situación política del país, menos de 48 horas después de que el Consejo Presidencial anunciara la celebración el próximo 6 de marzo de las segundas elecciones legislativas que en principio estaban previstas para enero. Las fuerzas políticas que no forman parte de la coalición gobernante inmediatamente censuraron con dureza la incapacidad reiterada del gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki para proteger el corazón de Bagdad, la llamada zona verde, del azote del terrorismo.

En la capital iraquí, como si se tratara de un ritual sangriento, los ataques suicidas, atribuidos a Al Qaeda en Mesopotamia, se repiten con aparente similitud a pesar del aparatoso dispositivo de seguridad con el que colaboran estrechamente los servicios especiales y las tropas de EE UU. En agosto, dos coches bomba estallaron en la zona de los ministerios y mataron a más de 100 personas, y el 25 de octubre, varios ataques suicidas destruyeron tres ministerios y causaron la muerte de más de 150 personas.

Una vez más, el gobierno de Maliki acusó a los elementos de Al Qaeda que aparentemente están ahora coligados con los residuos del Partido Baas, los últimos y más fanáticos partidarios del dictador Sadam Husein, que permanecen al margen del proceso político y conspiran desde el exilio. La conclusión es que los yihadistas vinculados al Qaeda han sido diezmados desde 2007 y hallan crecientes dificultades para operar, pero no han desaparecido y mantienen algunas células operativas. Todavía son capaces de burlar a las fuerzas de seguridad y situar grandes cantidades de explosivos en la zona verde teóricamente blindada.

La influencia de Al Qaeda en Irak no ha hecho sino disminuir desde la muerte de su jefe carismático, el jordano Abu Musab al-Zarqawi, en julio de 2006. La desafección popular, debida principalmente a su desprecio por la vida humana, y el relativo éxito del aumento de las tropas norteamericanas en 2007, en una nueva alianza con las tribus sunís, según la estrategia del general Petraeus, determinaron la detención de numerosos yihadistas extranjeros y la huida de algunos de ellos a otros frentes, principalmente Afganistán y el Magreb.

Los especialistas se han referido a un proceso de iraquización del terrorismo, en parte coincidente con la retirada de las tropas norteamericanas de combate de las principales ciudades iraquíes, en junio último, y otros apuntan a la infiltración de la policía iraquí por los grupos radicales, lo que sin duda explica tanto la repetición de los atentados en enclaves considerados seguras como la incertidumbre sobre el futuro. Se sabe, por ejemplo, que el soborno de varios policías, cuantificado en 10.000 dólares, permitió que los terroristas suicidas pasaran los controles para provocar la carnicería de agosto.

La situación incierta en Irak y Afganistán sugiere pronósticos pesimistas en la prensa norteamericana sobre la retirada de tropas planteada por el presidente Obama. Lo más probable es que los plazos (mediados y finales de 2011) no puedan cumplirse y que la lucha contra el terrorismo en teatros lejanos siga levantando obstáculos para la recuperación interna. En EE UU, los hechos ponen a prueba la reflexión tanto de los liberales (izquierda) como de los conservadores. Aquéllos aborrecen las acciones bélicas preventivas, en el estilo de Bush, y los segundos rechazan de plano las limitaciones que introduce en el combate el sistema inoperante de la ONU. Obama deberá terciar en el debate según los resultados que obtenga.

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Responses

  1. El terrorismo ha descubierto que, impedido por las enormes medidas de seguridad desarrolladas en los EEUU. es más cómodo y seguro realizar sus atentados en los países pacificados o en vias de ser pacificados por éstos. Una nueva forma de dañar los intereses americános obligándolos a mantener abiertos los conflictos ya existentes


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