Posteado por: M | 8 febrero 2010

Occidente retrocede en Ucrania

Las elecciones presidenciales en Ucrania, convertidas en un referéndum sobre la llamada revolución naranja de 2004, significan el retorno al poder del derrotado entonces, Viktor Yanukovich, firme aliado del Kremlin, así como el fracaso de EE UU y la Unión Europea (UE) en su pretensión de extender la influencia occidental y promover un modelo político postsoviético homologable en la más importante de las repúblicas independientes surgidas de la desintegración de la URSS. La transición hacia la democracia en Ucrania (46 millones de habitantes) va a ser sometida a dura prueba.

El líder de la revolución naranja, el presidente Viktor Yushchenko, adversario confeso de Moscú, fue eliminado en la primera vuelta (sólo el 5 % de los sufragios), y su primera ministra, Yulia Timoshenko, la ninfa egeria de 2004, pese a edulcorar sus soflamas antirrusas, no pudo contrarrestar los quebrantos en la opinión pública causados por la galopante crisis económica (-15 % en el PIB de 2009), las querellas intestinas, la gestión errática y la parálisis del gobierno. La falta de ayuda de EE UU y la UE completaron el cuadro desalentador y condujeron a muchos electores a la abstención o el cambio de voto, luego de cinco años de tumulto político y caos económico.

No obstante, un primer análisis de los apretados resultados (tres puntos de diferencia), bendecidos por los observadores internacionales, certifica que el país sigue dividido entre la Ucrania oriental y meridional, vinculada cultural, religiosa e históricamente a Rusia, en la que Yanukovich obtuvo una mayoría confortable, y la Ucrania occidental, nacionalista e inclinada hacia Europa, que apoyó a Timoshenko. Pero en Kiev, en el centro geográfico y político, escaparate exterior, muchos electores dijeron que no habían votado por motivos nacionalistas, sino para protestar por la pésima situación económica y el incumplimiento de todas las promesas de 2004.

El presidente Yushchenko y la primera ministra Timoshenko, que de aliados antirrusos pasaron a ser enemigos irreconciliables, se ganaron a pulso la derrota tras dilapidar el caudal de confianza de la revolución naranja, colocando al país al borde del abismo. La crisis económica, el cansancio occidental ante el desgobierno de Kiev y la larga sombra del Kremlin hicieron el resto. La ayuda de EE UU y la UE disminuyó drásticamente pese a la gastada retórica sobre la voluntad de ahuyentar los fantasmas soviéticos. Las repetidas crisis del gas –del gas ruso que transita por Ucrania— reafirmaron las divergencias de los europeos entre el acomodo con Moscú y la protección de la libertad de los ucranianos.

Ambos líderes de la revolución naranja se insultaron y se acusaron recíprocamente de todos los males, tanto de la brutal recesión económica como de haber provocado el corte de los suministros de gas ruso por dos veces. En medio del fragor electoral, el presidente Yushchenko recriminó a su primera ministra la alta traición por no haberse opuesto enérgicamente a Rusia durante su guerra contra Georgia y por adoptar una actitud conciliadora hacia el Kremlin en otras cuestiones.

El vencedor de las elecciones, Viktor Yanukovich, mecánico de profesión, cuya victoria fraudulenta en 2004 precipitó la revolución naranja, tan corpulento y premioso como torpe en la expresión, respaldado por algunos oligarcas, parece un remedo de la imagen tópica del burócrata soviético y sus adversarios lo vituperan como si fuera una marioneta del Kremlin.

Por más que cuente con la buena voluntad de Vladimir Putin, el todopoderoso primer ministro ruso, el próximo presidente ucraniano deberá extremar las precauciones para no sembrar de nuevo los vientos de la discordia en un  país tan desgarrado por la demografía, la historia y la cultura. Tendrá que resolver, en primer lugar, el problema de su rival Timoshenko, que sigue siendo primera ministra, y de un Parlamento (Rada) atomizado y hundido en el marasmo. Unas nuevas elecciones legislativas serían una salida razonable, aunque no están previstas hasta septiembre de 2011.

El Partido de las Regiones, de Yanukovich, propugna una acusada descentralización para proteger los derechos de la población rusófoba en cuestiones sensibles como la cultura, la religión y el idioma, tanto en el este como en Rutenia y la península de Crimea. Ésta constituye una república autónoma y fue incorporada e Ucrania en 1954, pese a que su población es mayoritariamente rusa, cuando el ucraniano Nikita Jruschov iba camino de convertirse en el líder máximo de la URSS. Motivo de permanente controversia, la flota rusa del mar Negro mantiene su base principal en Sebastopol (Crimea).

En esta ocasión, el Kremlin aparentó neutralidad entre los dos candidatos, a pesar de que el gobierno ucraniano sigue regateando para pagar la factura del gas, y Putin absolvió a Timoshenko de su nacionalismo antirruso al asegurar que era factible “hacer negocios con ella”. Pero sabemos que Ucrania ya no se postulará para ingresar en la OTAN, como le place a Moscú, aunque persiste la incógnita de qué ocurrirá con su proceso de aproximación a la UE. Toda la parte oriental y meridional del país sigue pensando que quizá sería más conveniente un retorno a la confederación con Rusia por lo que no cabe duda de que el proyecto de avanzar las fronteras de Europa hacia oriente entrará en vía muerta o será postergado a las calendas griegas.

En cualquier caso, con un país muy polarizado, la democracia ucraniana está en juego porque los últimos cinco años de frustración han creado las condiciones propicias para un avance del autoritarismo, un régimen en el estilo moscovita, más despótico que liberal, cuyos rigores quedarán mitigados por la restauración del orden y la rápida mejora de la gestión económica. Timoshenko, que aún tiene una precaria mayoría parlamentaria, tendrá que resolver el dilema de aceptar la derrota con todas sus consecuencias, a la espera de nuevas oportunidades, o asumir el riesgo de un nuevo enfrentamiento que sería desastroso para el futuro del país.

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Responses

  1. Sobre lo que pasa en Ucraina se pueden dar varias interpretaciones algunas ya expuestas en este excelente artículo. Yo quisiera añadir que los ucranianos han salido frustrados por los pauperrimos resultados,sobretodo en el terreno económico, emanados de la Revolución naranja yestán alertados por la amenaza que significa hoy por hoy, el ponerse en contra de los intereses rusos. Por otro lado no hay que olvidar que Ucrania ha sido durante muchos periodos de su historia un apéndice de Rusia y que tanto en su cultura,lengua e idesincrasia son mucho más afines al caracter y forma de pensar ruso. El espectáculo que se está dando en la altas esferas políticas quisiera pesonalmente ubicarlo en la desfachatez de unos oligarcas que no contentos con disponer del poder económico, quieren mostrarse como magos de la política y para esto les quedan muchas millas que recorrer.Como bien dicesw es una buena demostración de la debilidad política de la EU


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