Posteado por: M | 26 febrero 2010

Sacrificio de un disidente en Cuba

La muerte del prisionero político cubano Orlando Zapata Tamayo, ocurrida en un hospital de La Habana el 24 de febrero, tras 85 días en huelga de hambre, ha revelado una vez más ante el mundo la cara más siniestra del régimen cubano: la del horror, la de la tiranía ideológica y dinástica que se ensaña con los disidentes, emplea una crueldad inaudita con los presos, niega los derechos humanos y somete a toda la población a una muy severa dictadura sobre las necesidades.

“Zapata fue asesinado, lentamente, durante muchos días y muchos meses en todas las prisiones en que le confinaron –declaró el disidente Oswaldo Payá, premio Sajarov en 2002 del Parlamento Europeo–. No era un terrorista, ni un conspirador, ni usó la violencia. Era un hombre sencillo del pueblo.” Nada tiene que ver la víctima con la clase social que fue barrida y exiliada por la revolución, ni con la CIA o las fuerzas de la reacción, pero sus verdugos siguen desgranando con el delirio y la desvergüenza de siempre la enmohecida cantilena de la responsabilidad de EE UU, como hizo Raúl Castro mientras festejaba el segundo aniversario de su ascenso a la presidencia.

Hay algo sorprendente, sin embargo, en las reacciones internacionales de condena del régimen cubano por la muerte (“asesinato premeditado”, dice su madre y repiten otros disidentes) de Orlando Zapata Tamayo, de 42 años, un negro humilde que se ganaba la vida como albañil y fontanero, encarcelado desde 2003. Medio siglo después de la toma del poder por los Castro, aún hay ministros de Asuntos Exteriores, con el de España desgraciadamente a la cabeza, que piensan que es posible y aconsejable un diálogo con un régimen decrépito, reincidente en las torturas, que se pavonea de sus métodos coercitivos, vigilante paranoico de sus ciudadanos.

Ante los requerimientos del representante lituano, en una reunión parlamentaria de la Unión Europea (UE) en Madrid, Miguel Ángel Moratinos, efectivamente, insistió en que el diálogo con el régimen castrista es la mejor manera para avanzar en el respeto de los derechos humanos en la isla. ¿Cabe mayor proclividad hacia la Realpolitk o el cinismo cuando el cadáver del disidente muerto estaba aún insepulto? El presidente Rodríguez Zapatero, presidente de turno de la UE, tardó 24 horas en pronunciarse y exigió la liberación de los presos políticos en Cuba –un auténtico brindis al sol–, pero se abstuvo de condenar al régimen castrista o de modificar la posición española de negociación cueste lo que cueste.

Hillary Clinton declaró que estaba “conmocionada” y su portavoz oficial insistió en “la injusticia cometida por Cuba, un país que mantiene en la cárcel a más de 200 presos políticos”. Esto quiere decir que la mano tendida de Obama empieza a retraerse ante la obstinación represiva de los Castro. El mismo día en que se produjo la muerte de Zapata, el presidente Obama renovó la declaración de emergencia nacional contra Cuba vigente desde el derribo en 1996 de dos avionetas de una ONG norteamericana por cazas cubanos, cuando Bill Clinton estaba en la Casa Blanca.

No obstante, tras la muerte de Zapata, la pretensión de Moratinos de modificar la política conjunta de la UE hacia Cuba parece abocada al fracaso. Según los medios diplomáticos de Bruselas, citados por Le Monde, una nueva aproximación europea a La Habana resulta impensable en estos momentos. La mayoría de los países de Europa central y oriental, donde aún es muy vivo el recuerdo de las dictaduras comunistas, están persuadidos de que el régimen cubano no puede reformarse y se oponen enérgicamente a los planes del ministro español.

Como prueba de la indignación y la solidaridad que brota en todos los países que estuvieron bajo dominio comunista, el Parlamento checo guardó un minuto de silencio para honrar la memoria de Orlando Zapata y el ex presidente Lech Walesa, premio Nobel de la Paz, hizo un llamamiento a los otros laureados para emprender acciones comunes de presión sobre el régimen cubano y “exigir la liberación inmediata de quienes han sido condenados a años de cárcel por causa de sus convicciones”.

Históricamente, la condescendencia con el régimen cubano, la dictadura más longeva en un continente azotado históricamente por el poder personal y la estrategia populista del balcón, sólo puede entenderse por el rescoldo de antiamericanismo primario que prevalece en aquel hemisferio, enquistado en las fuerzas de izquierda como una segunda naturaleza, nostálgicas de la revolución que no pudo ser, que cierran los ojos ante la represión y el desastre económico desde ámbitos confortables. Si Cuba hace frente al imperialismo yanqui –según la más añeja retórica latinoamericana–, cerremos los ojos ante las atrocidades de su régimen, como si los males pasados debidos o atribuidos a la maldad del gran vecino del norte pudieran tapar las miserias y las iniquidades que se perpetúan en la mayor de las Antillas.

Sólo el sectarismo que se enmascara tras una historia ingrata puede explicar el silencio cómplice de las cancillerías latinoamericanas o la exhibición obscena del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que apareció ante las cámaras charlando y bromeando con los Castro mientras la noticia del sacrificio de Orlando Zapata se propagaba por la isla, dejando aparentemente insensible a la muy experimentada diplomacia brasileña. El presidente Lula, que está cerca de la jubilación, tras dos mandatos sin duda exitosos, nos dejará este vomitivo recuerdo del día en que extrañamente acudió a La Habana para rendir pleitesía a los líderes de las más recalcitrante tiranía. Una demostración más del chantaje que los Castro en el ocaso ejercen sobre muchos gobiernos del hemisferio.

Aunque el castrismo está en sus postrimerías, a la espera del hecho biológico decisivo, la maquinaria represiva sigue muy bien engrasada. El régimen y sus esbirros, incluido el ejército de chivatos, no descansa, como en la pesadilla de Orwell. La policía política emprendió la detención de varios disidentes y estableció un verdadero estado de sitio para impedir cualquier manifestación de condolencia y protesta por la horrible muerte de Orlando Zapata, según declaraciones de Elizardo Sánchez, presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

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