Posteado por: M | 10 marzo 2010

El emisario de Obama fracasa en Jerusalén

En vez de avanzar hacia la paz en Palestina, como hizo creer a muchos el mesianismo añadido a la figura del presidente Barack Obama, lo que tenemos a la vista es el desaliento y el retroceso, cuando no la provocación y la cólera. El mismo día en que desgranaba el consabido discurso del apoyo inquebrantable a Israel, adonde había llegado para una misión casi desesperada, el vicepresidente de EE UU, Joseph Biden, recibía una sonora bofetada propinada por el ministro israelí del Interior, Eli Yishai, que anunció la construcción de 1.600 viviendas en Jerusalén oriental, nuevo hito en el proceso imparable de la colonización israelí de los territorios palestinos.

Después de un año de actuación como predicador equilibrista, pero incapaz de avanzar lo más mínimo para no estrellarse, Obama y sus asesores empiezan a reflexionar sobre la estrategia seguida hasta ahora, poco apropiada para reanudar el paralizado proceso de paz. Por motivos muy complejos que apuntan al discurso de El Cairo y a otras gesticulaciones cordiales de Obama hacia el mundo árabe-islámico, el gobierno de derecha radical de Israel nunca se ha fiado del presidente norteamericano, al que probablemente considera un neófito poco curtido en las barricadas y las tempestades de un conflicto que se eterniza desde hace más medio siglo.

Aseguran los cronistas más o menos oficiosos que acompañan al vicepresidente Biden, en el viaje que no se atreve a realizar Obama, que el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, se encontraba en una situación embarazosa después de que su ministro del Interior propalara a los cuatro vientos la construcción de un nuevo barrio judío en el sector oriental de Jerusalén. Ante la provocación evidente, los periodistas norteamericanos tratan de dejar un resquicio de esperanza para un proceso de paz que estaba moribundo desde hace tiempo y que no ha sido resucitado, sino más bien enterrado, precisamente cuando EE UU se proponía actuar como promotor e intermediario de unas conversaciones indirectas.

Visiblemente afectado, Biden emitió un comunicado en el que “condenó la sustancia y el momento del anuncio” de la construcción de viviendas como una acción unilateral que “no debe prejuzgar el resultado de las negociaciones sobre la solución permanente de los problemas”. La utilización del término “condena”, poco usual cuando en las relaciones entre dos estrechos aliados, demuestran tanto la irritación del vicepresidente como la impresión de que la estrategia de Washington está herida en sus principios de una manera que parece irreversible. El primer peldaño del proyecto pacificador de Obama pasaba por la congelación de las colonias de poblamiento, condición luego matizada, pero inexcusable y plausible para la reanudación de las negociaciones.

Obama y su carisma quebrado están entre las víctimas de las ilusiones desmesuradas que suscitó su llegada a la Casa Blanca. Pero el peor desastre ocasionado por el funambulismo de Washington y el proceso de colonización se centra lógicamente en el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbás, que representa al sector más moderado con el que Netanyahu está dispuesto a negociar, pero al que no concede al menor triunfo, ni siquiera simbólico, para que aquél pueda presentarse con el rostro descubierto ante los radicales de Hamás y otros grupos que le vituperan como traidor. En vez de concesiones, aunque sean retóricas, Netanyahu utiliza la táctica de palo y tente tieso.

Con los palestinos divididos y el gobierno israelí más intransigente que nunca, Obama parece obsesionado por reanudar unas negociaciones cuyo fracaso sería más deplorable que su aplazamiento para tiempos menos azarosos. Con la Autoridad Palestina hundida en el descrédito, espectadora impotente del expansionismo israelí, y con la franja de Gaza convertida en un polvorín y en una reserva enconada de los más crueles agravios, quizá el viaje de Biden se produce en un mal momento y sin la preparación que hubiera sido necesaria para evitar el menosprecio, el enfado, la condena y el desastre. La hostilidad toma ahora el relevo del desencanto.

La Administración de Obama ha cometido errores estratégicos y tácticos en el manejo de una situación explosiva, y ahora recoge los frutos amargos. Creyó que podía reanudar las negociaciones donde las dejó el presidente Clinton en enero de 2001, sin tener en cuenta los profundos cambios producidos tanto en Israel como en los territorios palestinos; el brusco viraje de la opinión pública israelí, cuyas consecuencias más visibles son la arrogancia de los colonos y la práctica dimisión del “partido de la paz, y la aparición del desafío nuclear de Irán, principal inquietud del gobierno judío.

Obama tampoco midió bien las presiones internas, a través del llamado lobby judío, cuya posición tiene mucho que ver con la relación de fuerzas en el Congreso. No es bueno atacar en el frente con fallos clamorosos en la retaguardia. Y puesto a exigir el fin de las colonias, el presidente debería empezar por atajar las que tienen su origen y su financiación en EE UU, pues sabido es que los colonos con pasaporte norteamericano figuran entre los más extremistas, siempre dispuestos a empuñar el arma en la nueva frontera inventada en Palestina.

Las vacilaciones de Washington, entre la incapacidad para forzar la mano de Israel y las aperturas volátiles hacia el mundo árabe o Irán, tampoco ayudan a reunir las condiciones mínimas exigibles para las negociaciones de paz. El gobierno israelí pisa el acelerador de la colonización para frustrar antes de que comiencen los contactos indirectos. Obama debe inventar algo más concreto y convincente si no quiere verse muy pronto sumido en el caos de una revuelta en toda la región que se anuncia más peligrosa que todas las anteriores. Porque si en realidad Netanyahu estuviera dispuesto a una negociación consistente, hubiera evitado la provocación.

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Responses

  1. Una vez más somos testigos de como Israel ignora todas las decisiones de la comunidad internacional, incluyendo las Naciones Unidas, e impone sus criterios a la hora de enfrentarse a un verdadero proceso de paz. Los EEUU muestran sus reticencias y desconformidad con la política israelí, aunque a estas horas está más que denostrado que las posiciones norteamericanas son solo una expresión teatral que en nada tiene que ver con el apoyo a un verdadero interés por la paz.


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