Posteado por: M | 15 abril 2010

La cruzada de Obama sobre seguridad nuclear

La Cumbre sobre Seguridad Nuclear requirió un notable esfuerzo de la Administración Obama para reunir a 46 países en Washington, durante 48 horas, como corresponde al ambicioso sueño presidencial, expresado en Praga en 2009, de “un mundo sin armas nucleares”, pero los resultados son más bien modestos y se vieron prácticamente eclipsados por los interminables e inútiles cabildeos para allegar y aunar voluntades frente al desafío de Irán. Desde 1945, la bomba por antonomasia mantiene su primacía del terror en un mundo sin ley y Obama se presenta ahora como el gran cruzado de su control y eventual proscripción.

 Cada presidente tiene su cruzada, pero en ausencia de Israel y en la imposibilidad de llegar a una concertación para presionar a Irán y Corea del Norte, los 47 líderes reunidos en Washington no pudieron hacer otra cosa que ratificar los alambicados acuerdos sobre seguridad, más o menos retóricos, que habían sido elaborados por los llamados sherpas, los especialistas y hombres de confianza que conocen los datos técnicos, a los que se añade un ejército de redactores de discursos y documentos, maestros en el arte de la ambigüedad y el disimulo. El tema de la proliferación tuvo que ser aplazado para mejor ocasión.

La presencia en las candilejas del escenario de Hu Jintao, presidente de China, y las premuras de la Casa Blanca por anticipar a la prensa el respaldo chino en la cuestión iraní, inmediatamente desmentido por el portavoz de Beijing, puso un poco de acíbar en la tarta confeccionada para festejar tan costosa iniciativa diplomática. La relevancia mediática concedida al máximo representante de “la fábrica del mundo”, banquero de la enorme deuda norteamericana, confirmó la convergencia inevitable de ambos colosos (Chimérica) en la dirección de los asuntos del mundo. Por el momento, pese a las urgencias de Obama y su partido, de reconocida tradición proteccionista, Hu Jintao dejó bien sentado que no habrá revalorización del renminbi (yuan).

Los representantes de los 47 países estuvieron de acuerdo, como no podía ser de otra manera, en que harán todo lo posible por garantizar la más estrecha vigilancia de los materiales nucleares en sus territorios, a fin de evitar que pueden caer en manos de grupos terroristas, “la mayor amenaza para la seguridad de EE UU”, según la visión de Obama. Pero esta promesa no fue reforzada por ninguna obligación legal, ni consideran los especialistas militares que sea suficiente para detener la ominosa y más que evidente proliferación y hasta el mercado negro del uranio enriquecido y el plutonio que desde Rusia, India, Pakistán y Corea del Norte pudiera expandirse por todas las zonas de conflicto.

Queda a la discrecionalidad de los Estados la vigilancia de los miles de toneladas de uranio y plutonio repartidas por el ancho mundo, el gran objetivo de Al Qaeda y otros grupos terroristas, si hemos de creer las informaciones procedentes de EE UU. Sólo Ucrania, Canadá, México y Chile anunciaron en Washington que procederán a eliminar sus depósitos de uranio enriquecido, del que los técnicos aseguran que bastan 25 kilos para producir un ingenio atómico y que podrían fabricarse 120.000 bombas con el que actualmente se halla en depósitos poco fiables. Ningún acuerdo, sin embargo, para el control internacional de los materiales nucleares ni para la inversión en nuevos mecanismos de seguridad.

El consenso es inalcanzable en cuanto concierne al gran ausente de la reunión: la República Islámica de Irán, cuya retórica nuclear y sus macabras amenazas prosiguen la escalada, no sabemos coincidentes con la realidad del enriquecimiento del uranio en varias factorías o imaginadas por la fanfarronería del presidente Mahmud Ahmadineyad. El más impenetrable hermetismo rodea las instalaciones de los otros Estados en posesión de la bomba y que no acudieron a la cumbre: Israel, por decisión propia, y Corea del Norte, que almacenan materiales radiactivos y numerosas ojivas, pero que rechazan cualquier intromisión exterior en sus arsenales.

Otra de las cuestiones más noticiables fue el desmentido de China sobre las optimistas presunciones de la Casa Blanca. “China sigue creyendo que el diálogo y la negociación son el mejor medio para abordar ese problema” [el desafío nuclear de Irán], según recalcó el ministerio chino de Exteriores. Algo parecido a lo que piensan en el Kremlin, aunque no lo digan de manera tan abrupta para no enturbiar el nuevo comienzo de las relaciones ruso-norteamericanas con la firma en Praga de un tratado para reducir los arsenales nucleares. Un tratado que, como es notorio, deberá superar considerables obstáculos para ser ratificado por el Senado estadounidense.

Para dramatizar la cumbre, el presidente Obama declaró lo siguiente: “Sabemos que organizaciones como Al Qaeda están empeñadas en la tarea de conseguir un arma nuclear”, advertencia reiterada desde que un famoso novelista y la industria de Hollywood aterrorizaron a los lectores y espectadores con la aparición súbita del quinto jinete del apocalipsis, es decir, la bomba atómica con mecanismo de relojería oculta en Manhattan o Los Ángeles, varios años antes de que ocurriera lo que se reputaba imposible: la destrucción de las Torres Gemelas.

La amenaza no es una entelequia y los terroristas suicidas con medios convencionales ofrecen un anticipo de otras alucinaciones que podrían sobrepasar el poder de la imaginación. La falta de decisiones concretas y de obligado cumplimiento en la cumbre de Washington puede resultar decepcionante, pero la diplomacia multilateral que predica Obama, de la que se deriva su capital de simpatía en el mundo, será siempre más lenta de lo deseable y no puede producir ningún milagro en su bautizo. El designio de levantar “una arquitectura para la seguridad nuclear” en el mundo, según el tenor de la propaganda oficial, es un objetivo plausible pero que requerirá tiempo y paciencia y que sin duda trascenderá la ambición de un presidente.

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Responses

  1. Lo que estamos hoy viviendo en torno a este complicado y peligroso problema, es el resultado de un demencial rearme nuclear que los involucrados
    creyeron poder controlar eternamente.
    Durante guerra fría no se conjugaba solo el rearme si no que, y ahí esta lo demencial, paralelamente se convirtió en un concurso de pretigio para las dos grandes potencias. En ningún momento se pensó que este exceso productivo de armas atomicas ujn día se podía convertir en descontrolado y poner en peligro la seguridad de nuestro castigado mundo,
    Desgraciadamente me muestro pesimista ante la amenaza de que organizaciones como Al Qaeda puedan disponer, en un momento no muy lejano, de artefactos nucleares, primitivos y rudimentarios, pero no por eso menos peligrosos y que pueden amenazar la seguridad de nuestras vidas.


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