Posteado por: M | 12 mayo 2010

La deuda amenaza el Estado del bienestar en Europa

Después de la rendición de Grecia y su sometimiento a un régimen de tutela, según puede deducirse del carácter imperativo de la decisión y las recomendaciones del Consejo de la Unión Europea (UE), el gigantesco plan financiero anunciado en la madrugada del lunes 10 de mayo en Bruselas, para el eventual rescate de otros países con problemas de deuda y déficit –nada más y nada menos que 750.000 millones de euros—, suscita más preguntas que respuestas. La eurozona quebranta abruptamente todas las normas disciplinarias que se establecieron en el tratado de Maastricht (1993) y en el pacto de estabilidad y crecimiento (1997) para lanzar una operación de salvamento de problemáticos resultados.

Basta con echar una ojeada a los periódicos europeos y norteamericanos para convencerse de que la tragedia griega no remite, aunque las barricadas hayan desaparecido temporalmente de las calles de Atenas. La estabilidad financiera global está por llegar, la aflicción y el temor van a prolongarse no sabemos por cuánto tiempo y la volatilidad está instalada en los mercados. La incertidumbre persiste y en la prensa proliferan algunas comparaciones insidiosas, como la que sospecha que el euro está como el rublo en 1998, cuando Rusia suspendió pagos, según comentaba un corresponsal en Moscú en la primera página del Internacional Herald Tribune, el 12 de mayo.

Para disponer de esa fabulosa cantidad de dinero (casi un billón de dólares), los países de Eurolandia no tendrán más remedio que recurrir al empréstito para procurarse los fondos necesarios, es decir, que pretenden combatir la crisis de la deuda con un endeudamiento suplementario. ¿De dónde saldrá tanto dinero? Como arguye Le Monde, “anunciar la creación de un fondo de 750.000 millones de euros para ayudar a los países claudicantes equivale, de alguna manera, a ratificar que España y Portugal conocerán muy graves dificultades en los próximos meses”.

Quizá los ministros de Economía europeos no estaban muy lúcidos durante la madrugada, aunque sí muy presionados. ¿A quién se le ocurre resolver una crisis de deuda, de gasto excesivo y sin control, con un paquete multimillonario para permitir o alentar un endeudamiento aún mayor? El mal no está en los mercados y sus actores, en los tiburones financieros tan demagógicamente vituperados, sino en la situación económica de cada país. El meollo de la cuestión radica en la reducción del déficit, en la cura de austeridad de sociedades poco previsoras o manirrotas, no precisamente en mantener el gasto y, por ende, el aumento de la deuda. Si los países del euro hubieran respetado los criterios de Maastricht en cuanto a la deuda, el déficit y la inflación, reiterados en el plan de estabilidad, no estarían tan apurados.

La otra decisión política, la de forzar la mano del Banco Central Europeo (BCE) para que compre deuda soberana de los países de la eurozona –lo que equivale a monetizar los débitos–, resulta muy discutible y consideran los técnicos que puede desencadenar la temible espiral inflacionaria. Por si esto fuera poco, la independencia del BCE, uno de los pilares fundacionales de la unión monetaria, queda en entredicho, lo mismo que su credibilidad. Apenas 48 antes de plegarse a la voluntad política del Consejo Europeo, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, declaraba enfáticamente que la compra de deuda no figuraba entre las prioridades de la institución.

Según se desprende de las prisas y las improvisaciones de los ministros de Economía, se trataba, ante todo, de parar los pies a los denigrados especuladores, como si éstos fueran los culpables de lo que nos ocurre, cuando resulta evidente que el pulso bursátil refleja una realidad subyacente y no es sino un síntoma entre otros de la enfermedad que atenaza a varios países europeos. El intento de restablecer la confianza de los mercados, mediante un fabuloso proyecto de crédito, no servirá para mucho salvo que se diagnostique bien la enfermedad y se empleen los medicamentos adecuados para atacar sus causas, no meramente los síntomas.

Y esos remedios no son otros que el rigor presupuestario, la austeridad y la adecuación de los fines a los medios disponibles. Si Grecia, España, Portugal, Irlanda e Italia no controlan los déficits, si no introducen los cambios estructurales necesarios para que sus economías sean más competitivas a nivel global; si no dejan de gastar más de lo que ingresan y no recortan, por lo tanto, algunas ventajas sociales concebidas en el delirio de una opulencia ficticia, corolario de la burbuja del crédito fácil, entonces los 750.000 millones de euros del rescate serán como la aspirina que hace bajar la fiebre pero no cura la enfermedad.

Además, al aprobar un programa específicamente destinado a los malos alumnos de la eurozona y a los bancos que confiaron en ellos, el llamado Eurogrupo promueve una azarosa ayuda de dudosa moralidad: cómo impedir que algunos países sigan gastando sin freno porque esperan ser rescatados. La situación llegaría a ser económicamente peligrosa y políticamente insostenible, como acaba de experimentar en las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia la cancillera alemana Angela Merkel. Temeroso del contagio y de la sangría del empréstito, se alarma Obama y llama a Zapatero para que éste apure el acíbar de la austeridad y presente la cura de caballo que tanto agravó al demorarla.

El presidente del Consejo de la Unión Europea, el belga Herman Van Rompuy, lo dijo con claridad el día 10 en el World Economic Forum de Bruselas: “No podemos financiar por más tiempo nuestro modelo social, de la misma manera que con el 1 % de crecimiento económico anual no podemos desempeñar un papel relevante en el mundo.” Y como los dirigentes políticos no han dicho la verdad, sino que se han montado en el caballo desbocado de la demagogia, para no defraudar a sus clientelas, existen serías dudas sobre la voluntad de los gobiernos de Portugal, España, Italia e incluso Gran Bretaña para aplicar las medidas draconianas de ahorro que exige la situación.

De las palabras de Van Rompuy se infiera que lo que está en juego es nada más y nada menos que el sólido y brillante edificio del Estado del bienestar que se construyó durante los 30 años gloriosos del crecimiento en Europa (1947-1976), contra el pasado alemán y contra el presente soviético. El generoso contrato social que unió a patronal y sindicatos y mitigó las tensiones sociales de la posguerra, bajo los auspicios y la convergencia de la socialdemocracia y la democracia cristiana, está amenazado de revisión drástica para afrontar los desafíos de una población envejecida y una competencia globalizada y feroz.

El plan de los 750.000 millones nada dice de los defectos estructurales de la unión monetaria desde su nacimiento. La eurozona no dispone de los instrumentos necesarios de política económica para compensar la heterogeneidad de sus integrantes o su aptitud muy diferenciada para controlar los déficits y propulsar la competitividad. El pacto de estabilidad y crecimiento no resistió los embates de la crisis y ahora se encuentra prácticamente agotado. El gasto exorbitante y fuera de control de países como Grecia, España y Portugal no ha hecho sino agravar las discrepancias en el ritmo de desarrollo. Ahora toca el repliegue, el ahorro forzoso y la corrección interna de los desequilibrios.

Por supuesto, la austeridad que se avecina y que sin duda se extenderá por muchos países europeos, con España en primera línea del ajuste, amenaza con lastrar el crecimiento y exacerbar la agitación social, pero todo parece indicar que la alternativa sería peor: el descontrol de los déficits perpetuaría la crisis económica. Lo de apretarse el cinturón ya no es una metáfora, sino una necesidad ineludible.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: