Posteado por: M | 12 junio 2010

Más sanciones contra Irán, ¿para qué?

Inmediatamente después de que fuera aprobada por el Consejo de Seguridad una resolución que impone nuevas sanciones contra la República Islámica de Irán, los terminales mediáticos de la Casa Blanca comunicaron a algunos periódicos amigos las dudas de la Administración de Obama sobre la efectividad de las medidas para detener el programa iraní de enriquecimiento del uranio y adquisición de la tecnología que debe culminar con la fabricación de una bomba nuclear. ¿Por qué, entonces, tantos esfuerzos diplomáticos en la ONU, y por qué los representantes de EE UU llegaron a compartir informaciones del espionaje con los de China y Rusia para vencer sus reticencias?

Obama concedió: “Sabemos que el gobierno iraní  no cambiará su comportamiento de la noche a la mañana”.  ¿Por qué tan descomunal batalla? Pragmatismo y paciencia, según la exégesis de los partidarios del presidente.  La verdad es que, en medio de sus múltiples problemas internacionales y nacionales no resueltos, con el petróleo infectando catastróficamente el golfo de México y con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina, la Administración demócrata necesitaba un éxito diplomático que aliviara su situación  y le ayudara en las encuestas, ahora que la estrategia venusiana de parlamentar con los enemigos y promover el multilateralismo no ha dado ningún fruto y suscita múltiples rumores dentro del mismo Partido Demócrata. El diálogo con Irán no ha superado el nivel de las recriminaciones recíprocas, ritualmente acompañadas por  los insultos y las bravatas del presidente Mahmud Ahmadineyad y sus acólitos.

La historia enseña que la política de sanciones nunca sirvió para doblegar al sancionado, sino más bien para fortalecerlo en su obstinación. En un mundo tan complejo y globalizado, en una región tan volátil como el Próximo Oriente, cuando se estimula por otros medios una desenfrenada carrera armamentista, son mínimas las probabilidades de que la teocracia de  los ayatolás cumpla con sus obligaciones internacionales y renuncie a seguir por el azaroso camino de la proliferación nuclear.

La cuarta serie de sanciones fue aprobada en el Consejo de Seguridad el 9 de junio, mediante la resolución 1929 que fue impulsada por EE UU y Gran Bretaña y respaldada por los otros tres miembros permanentes (Francia, China y Rusia), gracias a unos cabildeos que sirvieron para encontrar el común denominador de los intereses de todas las granes potencias. Ese cansino protocolo conduce a la inoperancia.  Sólo votaron en contra Brasil y Turquía, miembros no permanentes, cuyos representantes estaban lógicamente frustrados e irritados porque su acuerdo de mediación con Irán no convenció a nadie y fue simplemente  rechazado cuando no denigrado como una habilidosa  maniobra para conceder más tiempo a los recalcitrantes iraníes.

Aunque gran parte de las sanciones va especialmente dirigida contra los Guardianes de la Revolución, milicia pretoriana del régimen que dirige y vigila el programa nuclear, como brazo armado del presidente Ahmadineyad, nadie se hace ilusiones sobre su efectividad. Mientras el embargo no afecte al petróleo, alfa y omega de la economía iraní, y ni siquiera al sistema financiero, las sanciones son una gesticulación diplomática que certifica el relativo aislamiento del régimen iraní, pero en ningún caso su asfixia económica y su forzosa cooperación con los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

La batalla diplomática desempeña también un papel lamentable como elemento de distracción de las iniquidades de la dictadura clerical cuando se cumple el primer aniversario de la reelección fraudulenta de Ahmadineyad. Una violenta represión se abate sobre todos los disidentes o simples reformistas, sobre todos los integrantes de las minorías étnicas y del denominado Movimiento Verde, cada vez menos numeroso, menos visible y más perseguido por los esbirros de la Guardia Revolucionaria. Por primera vez en mucho tiempo, el régimen reconoció la ejecución de algunos adversarios políticos, entre ellos, seis presuntos miembros de un movimiento separatista (Pajak)  de la región de Beluchistán.

Mir-Hosein Musavi y Mehdi Karubi, los dos candidatos de la oposición reformista en las elecciones falsificadas de 2009, no han conseguido dinamizar y unificar el difuso descontento y la protesta, pero lograron eludir la detención y la prisión que exigían los radicales de la Guardia de la Revolución. Una situación ambigua que ilustra las evidentes contradicciones internas del régimen, sólo difuminadas, al parecer, cuando todos los sectores defienden con ardor nacionalista el supuesto derecho a seguir adelante con el programa nuclear y balístico. En cualquier caso, los manifestantes han desaparecido de las calles de Teherán y las disputas se dirimen dentro de la clerecía dominante

El régimen de sanciones patrocinado por Washington no funciona, entre otras cosas, porque sólo tiene en cuenta los intereses inmediatos y selectivos norteamericanos y europeos, muy vinculados a la posición de Israel. La proliferación  nuclear es un mal en sí, que consume los recursos de países pobres, y una amenaza aterradora, no cabe duda; pero hemos visto como las potencias occidentales se plegaban fácilmente al lejano desafío de Corea del Norte, que tiene un régimen más despótico e imprevisible que el iraní, e incluso colaboraban con el progreso de los programas nucleares de la India y Pakistán, los dos hermanos enemigos que siguen en pie de guerra. ¿Cómo tomarse en serio la doble vara de medir con respecto a Irán?

Obama mantiene abierta la puerta del diálogo, pero tampoco cierra la de las represalias militares, sin duda las más arriesgadas, probablemente en connivencia con Israel. Washington sigue apoyando a algunos grupos opositores, pero tratando de eludir un claro compromiso. El senador republicano John McCain, que fue el rival de Obama en las elecciones de 2008, abogó recientemente por un cambio de régimen, pero “un cambio pacífico, elegido y dirigido por el pueblo de Irán”, una opción casi impensable frente a una dictadura férrea apoyada en la Guardia Revolucionaria y el control de los recursos petroleros con los que fideliza a la numerosa y desheredada clientela.

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Responses

  1. No hay que olvidar que el régimen teocrático de Iran mantiene su teoria de que el enriquecimienrto del uranio pertenece a un programa energético de caracter cívil y que cuando ,superando este alegato se lanzan a la retórica de por que apoyaron los américanos el programa nuclear pakistaní y se niegan a condenar a Israel,con le débil consideración de que este país no ha suscrito el acuerdo de no proliferación, los coloca en una posiciónn incómoda a la que no tienen una respuesta contundente. Iran con sus 80 millones de habitantes no es una presa fácil para los que pretenden sancionarlos, los demuestra el mucho esfuerzo que se dedica y el poco resultado que se obtiene. Quizás ha llegado el momento del dialogo y se deje atras la salmodia antiislamita con que muchos paises condicionan, de la mano de Washingtong, sus relaciones con Iran, que nos guste o no, es una potencia en la región que tenemos que tomar en serio.Dejar después que se la opinión democrática de los hombres de buena voluntad en el mundo los que hagan valer su voz por los derechos humanos en este desgraciado país, nunca los americanos que por lo que se ven no han aprendido nada, y lo que es peor; no qujieren aprender nada.


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