Posteado por: M | 2 septiembre 2010

Las lecciones de un discurso y dos guerras

El discurso del presidente Barack Obama sobre el fin de la misión de las tropas de combate de EE UU en Iraq, solemnizado por su emisión en directo desde el despacho oval de la Casa Blanca, en la noche del 31 de agosto, produjo algunos comentarios curiosos o inesperados en la gran prensa norteamericana. Ningún triunfalismo, elocuencia contenida, perfil bajo, como dicen los estadounidenses, y alguna velada acrimonia procedente, sobre todo, del sector periodístico que ha mostrado hasta ahora una pasmosa predisposición para aplaudir la gestión presidencial.

Antes de pronunciar lo que en algunos momentos pareció una oración fúnebre, el jefe del Ejecutivo tuvo la deferencia de telefonear al ex presidente George W. Bush, que hasta ahora figuraba como el malvado culpable o chivo expiatorio de la desgraciada y onerosa película, ritualmente insultado o menospreciado por numerosos periódicos europeos que están dispuestos a agitar el incensario cada vez que Obama abre la boca.

La conversación telefónica con Bush fue un detalle patriótico, infrecuente o imposible en algunos lugares de Europa, que pareció reavivar el gusto por el bipartidismo amable del que Obama hizo gala durante su campaña electoral, pero que cada día está más alejado de la realidad en el Capitolio, ante la inminencia de las elecciones de noviembre. Según el presidente, “la grandeza de nuestra democracia” radica en “nuestra habilidad para superar las diferencias” y “hacer frente a los muchos retos que nos aguardan”. El unilateralismo de algunas medidas legislativas, de “la agenda socialdemócrata”, quedó encerrado en algún lugar secreto del ala oeste.

El discurso de 18 minutos contuvo, además, un elogio implícito del aumento de tropas (surge) decretado por Bush en 2007 y ejecutado por el general David Petraeus, que ahora es el comandante en jefe en Afganistán. Obama trazó algunos paralelismos entre el Iraq de 2007-2009 y la actual escalada en Afganistán.

Fue un  discurso modesto, según el epíteto utilizado por la web Politico, cuya sobriedad y ausencia de triunfalismo fueron encomiadas hiperbólicamente por el New York Times. Las reacciones en la prensa, como subrayó y documentó el Wall Street Journal, demostraron, una vez más, que la política produce extraños compañeros de cama, incluso entre los más veteranos o cínicos. Los elogios surgieron en los lugares más inesperados, como en el editorial de William Kristol, portavoz de los neoconservadores y director del semanario Weekly Standard, especializado en la diatriba contra Obama. He aquí la frase clave: “Ha llegado el momento de pasar página”.

Las críticas surgieron, por el contrario, en los predios de la izquierda (liberales), siempre dispuestos a desbordar al presidente con la sátira del pasado. Así, por ejemplo, Andrew J. Bacevich reprochó a Obama que no utilizara la ocasión para proceder a un ajuste de cuentas por los más de 4.000 muertos y el billón de dólares gastado. En su opinión, la guerra no ha terminado, “el conflicto entra en una nueva fase”, y por eso su dura advertencia: “Antes de que nos apresuremos a pasar la página –algo que la gran mayoría de norteamericanos tiene prisa por hacer–, el mínimo decoro exige que reflexionemos sobre todo lo ocurrido hasta llegar a este momento. Si no hay reflexión, la enseñanza deviene imposible.”

Si creemos a Dan Balz, comentarista del Washington Post, el discurso señaló “un viraje en la carrera política del presidente Obama, que utilizó sus proverbiales habilidades retóricas para realzar sus logros políticos o sus problemas pendientes”. En tan breve alocución, en efecto, no sólo habló de Iraq, sino que aprovechó la ocasión para volver una y otra vez sobre la economía, el talón de Aquiles de todos los aspirantes, el flanco más vulnerable.

Me llamó la atención el comentario de Tina Brown, gran dama del periodismo izquierdista, la veterana e incisiva estrella de Vanity Fair y The New Yorker, actualmente fundadora y directora de la web The Daily Beast. Teniendo en cuenta que prosigue la guerra en Afganistán, subrayó: “La ironía es que Bush podrá presumir de haber transformado Iraq, mientras que Obama seguirá atascado con una guerra en Afganistán que no ofrece la misma posibilidad de transformación”.  Como saben los amables lectores de este blog, me cuento entre los que no comparten el vituperio global de lo ocurrido en Iraq y las justificaciones irreflexivas de la guerra en Afganistán.

Prosigue la célebre Tina Brown: “Afganistán es una sociedad feudal y corrupta alimentada por la heroína en vez del petróleo. Iraq puede proclamar hoy que es la duodécima economía del mundo por su crecimiento. Todos los sacrificios en la guerra de Obama probablemente no conducirán a un viable y próspero país en el que se permita a las mujeres preservar las ganancias que hayan obtenido con nuestra sangre y nuestro dinero.”

Esto quiere decir que el juicio sobre la empresa de la intervención queda aplazado hasta que las tropas comiencen a retirarse de Afganistán en vísperas de la campaña electoral para las presidenciales de 2012, cuando Obama tendrá que revalidar su mandato. Habrá que echar las cuentas y convocar a los historiadores.

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