Posteado por: M | 27 septiembre 2010

Simulacro electoral en Venezuela

Ante los desmanes liberticidas del presidente Hugo Chávez, que expropia a su antojo, legisla sectariamente y clausura los medios opositores, la opinión pública occidental mantiene la ficción de que en Venezuela se organizan elecciones democráticas. La oposición dispersa y perseguida saca fuerzas de flaqueza para celebrar que en las legislativas del 26 de septiembre, el partido presidencial no llegó a la mayoría de dos tercios en la Asamblea que se había propuesto como meta para dar una nueva vuelta de tuerca a la revolución bolivariana. La verdad es que ni Chávez actúa como un demócrata ni los simulacros electorales pueden enmascarar la sombría realidad de un país arruinado, una gran potencia petrolera humillada con el racionamiento y las migajas del poder en forma de subsidios.

No hay democracia en Venezuela, sino un régimen autocrático que debe guardar algunas formas porque no puede comportarse como Fidel Castro y sus compañeros entre 1959 y 1965 en el fragor de la guerra fría y con el respaldo condicionado de la URSS. Castro tuvo que hacer frente a la hostilidad de Washington, a la invasión de Bahía Cochinos organizada por la CIA, a la crisis de los misiles en 1962, que puso al mundo al borde del abismo nuclear, y al embargo estadounidense que aún perdura. Por contraste, Chávez encuentra en la Casa Blanca a un presidente más taciturno que cuando fue elegido, pero que replica a los agravios con una sonrisa y sigue empeñado en parlamentar con los enemigos.

Como aun puede permitirse el escándalo de suprimir las elecciones, remedando a su admirado Castro, el presidente venezolano acosa a la oposición, coarta la libertad, refuerza con dinero la voluntad de sus huestes y amaña los procedimientos. Organiza de tal manera los distritos electorales que la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), un conglomerado acéfalo, pese a haber obtenido el 52 % de los votos, sólo dispone de 64 de los 165 escaños, mientras que el oficialista Partido Socialista Unidad de Venezuela (PSUV) se alza con 95 escaños, según los últimos datos. Sin tener en cuenta el censo, los distritos rurales y empobrecidos donde se concentran los partidarios del histriónico ex coronel vestido de rojo eligen más diputados que los centros urbanos.

Desde que Chávez tomó el poder en 1988, su cacareada revolución bolivariana se ha nutrido de una retórica populista que presuntamente protegía a los sectores desfavorecidos del egoísmo de los oligarcas. Pero los resultados electorales nunca tradujeron esa maniquea y artificiosa dicotomía social. En 2008, Caracas y otras ciudades importantes ya votaron en contra de Chávez, fatigadas de un proceso político demagógico cuyos logros más visibles son una inflación galopante, la corrupción universal, una creciente penuria y un aumento insoportable de la delincuencia violenta.

El chavismo fracasó aparentemente en su propósito de obtener la mayoría de dos tercios (110 escaños) requerida para aprobar las llamadas leyes orgánicas, pero la oposición no pudo alcanzar los 67 diputados necesarios para impedir que Chávez siga gobernando por decreto. El Consejo Nacional Electoral tardó más de ocho horas en comparecer y su tardanza levantó lógicas sospechas de un meditado pucherazo para privar a la oposición de los dos o tres escaños que hubieran podido inclinar la balanza a su favor y ofrecer algún paliativo para la delirante situación dictatorial. Pero está por ver la influencia que tendrá en Chávez el percance electoral.

Fidel Castro, el caudillo cubano de 84 años, “padre ideológico” de Chávez, convertido en comentarista que imparte lecciones y lanza advertencias apocalípticas, fue de los primeros en sacar consecuencias. En su opinión, el “enemigo” EE UU impidió que el partido del presidente venezolano lograra los dos tercios de escaños de la Asamblea Nacional, pero no podrá impedir, según él, que la revolución bolivariana siga su curso. Precavidamente, Castro añadió que las Fuerzas Armadas venezolanas “son promotoras y parte de la revolución”. ¿Acaso los militares venezolanos no están de acuerdo? ¿Acaso no son los últimos responsables de que Chávez mantenga los simulacros electorales?

Cuando el sistema cubano ofrece síntomas inequívocos de agotamiento y los Castro pretenden aligerar la maquinaria burocrática,  para promover el incipiente sector privado, el revés electoral del ex coronel venezolano debería ofrecer una oportunidad para aflojar los controles y dejar de hostigar a la oposición. Una apertura política y sobre todo económica que choca con la mentalidad que Chávez exhibió hasta ahora.

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