Posteado por: M | 9 noviembre 2010

El regreso de George W. Bush con sus memorias

Tras un silencio de casi dos años, y coincidiendo con los ecos de la derrota de Barack Obama en las elecciones de mitad de mandato, el ex presidente George W. Bush publica un libro de memorias titulado Decision Points (Momentos decisivos, 481 páginas),  redactado, como es habitual, con la ayuda de un speechwriter o redactor de discursos (un negro, como se dice en español de la persona que trabaja para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios), personajes anónimos de la farsa, o que aparecen como actores secundarios en el elenco, y que suministran el talento retórico y el acervo cultural que faltan a sus patronos.

Decision points

Este retorno a las candilejas del que fue clasificado como “el peor presidente de la historia” por el historiador Sean Wilentz , ahora entrevistado en prime time por todas las celebridades del espectáculo televisivo, remueve el pasado reciente, suscita recriminaciones y comentarios sarcásticos sobre el balance de su presidencia –guerras, huracanes, déficits y depresión–, pero alimenta al mismo tiempo la nostalgia de los más enconados adversarios de Obama y calienta los ánimos de los sectores más radicales del movimiento del Tea Party que acaban de apuntarse un notable éxito en las elecciones parciales llamadas de mitad de mandato.

Ocurre, sin embargo, que el programa simplista del Tea Party –menos gobierno, menos impuestos y menos gasto público— se compadece mal con la ejecutoria de Bush, un presidente que, según es notorio, dejó una deuda de 11,3 billones de dólares, más del doble de la recibida cuando entró en la Casa Blanca (20 de enero de 2001), y se despidió con un rescate multimillonario del sector financiero, mientras era torturado por las encuestas (una aprobación de sólo el 22 %) y abandonado por algunos amigos. No obstante, esos datos económicos, retrospectiva y comparativamente, quedan mitigados por el abismo a que han llegado con su sucesor.

El libro no sólo concierne a sus ocho años en la Casa Blanca (2001-2009), sino también a algunos episodios anteriores que marcaron su vida y le condujeron a un éxito profesional inesperado, desde su exitoso combate para curarse de la dipsomanía (1986) a su gestión como gobernador de Tejas (1995-2000),  o su reencuentro con el Dios del cristianismo, hasta dejar de ser un agnóstico para devenir un cristiano renacido, fruto de una conversión que le granjeó las simpatías de la llamada mayoría moral dentro del Partido Republicano.

Bush no fue un ejemplo del catecismo del Tea Party, humilde, austero y ahorrador, sino todo lo contrario: un chico de buena familia un poco calavera y un presidente pródigo, que protagonizó una de las mayores expansiones de la acción estatal en todos los ámbitos, debido en parte a la tragedia nacional del 11-S y las dos guerras en Iraq y Afganistán, pero también a sus incursiones menos conocidas o publicitadas en asuntos de educación o de asistencia sanitaria, hasta desembocar en la peor crisis económica desde 1929.

Según el editor (Crown Publishers), el libro de memorias, redactado en el búnker de su rancho de Tejas, se centra en rememorar los 14 momentos más decisivos de la vida de Bush, “en un relato sincero y muy personal que revela cómo y por qué tomó las decisiones importantes tanto para su presidencia como para su vida personal”, en su rancho o en la Situation Room de la Casa Blanca. Los ataques terroristas del 11-S de 2001, que favorecieron excepcionalmente su popularidad, la invasión de Iraq en 2003 y la devastación causada por el huracán Katrina en Nueva Orleans en 2005, que le colocaron en la picota, figuran entre los acontecimientos elegidos para dar cuenta “de sus defectos y errores” o para allegar los materiales que componen su legado historiográfico.

Entrevistado el 8 de noviembre en la cadena NBC, Bush volvió a lamentar su respuesta a la desolación sembrada por el huracán Katrina, y añadió que las declaraciones Kanye West (estrella del rap), sugiriendo que era un racista por no preocuparse por los negros de Nueva Orleans, fueron falsas e injustas, “uno de los momentos más indignantes de mi presidencia”.

En la misma entrevista, el ex presidente, por el contrario, se negó a aplicar el lenitivo del arrepentimiento a su decisión de invadir Iraq, a pesar de que no se encontraron armas de destrucción masiva esgrimidas como justificación última. Y añadió: “Siempre mantendré que el mundo está mucho mejor sin Sadam Husein en el poder, como también lo están los 25 millones de personas que ahora tienen la oportunidad de vivir en libertad.” Una argumentación parecida a la utilizada por Tony Blair.

En lo que concierne a su amistad con José María Aznar, la agencia EFE, en un despacho desde Nueva York, asegura que Bush tiene palabras de admiración y cariño hacia el que fue presidente del Gobierno español, al que describe como “un líder visionario” que le acompañó en todo momento durante la crisis de Irak, dentro y fuera de las Naciones Unidas, que culminó con la controvertida invasión (guerra preventiva) y el derrocamiento de Sadam Husein.

El libro ha sido analizado con relativa condescendencia por el crítico del Washington Post, Jonathan Yardley, quien asegura que el relato es “competente, legible y plano”, es decir, un producto bien fabricado, pero que carece de interés porque no se presta a la polémica ni ofrece novedades dignas de mención. El ex presidente aparece “tranquilo, deliberativo, razonable, abierto, temeroso de Dios, leal, digno de confianza y patriota”. La conclusión, sin embargo, resulta harto cruel: “Es una pena, no obstante, que al presentarse delante del tribunal de la historia el ex presidente no haya hecho un buen libro para ese fin. A la luz de los antecedentes, es lo que cabía esperar.”

Más severo se muestra el crítico del New York Times, Michiko Kakutani, que coincide con el anterior en resaltar la ausencia de novedades relevantes, pero que se complace en recordar todos los errores y horrores de la presidencia, sin nada que merezca alguna clemencia y mucho menos la simpatía o el aprecio. El veredicto más parece un epitafio: “Se trata de un libro que es en parte sesgado, en parte un mea culpa, en parte un álbum de recortes familiar, en parte un esfuerzo deliberado para maquillar su legado político”, todo ello envuelto en una prosa que califica de “utilitaria”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: