Posteado por: M | 9 marzo 2011

Obama como Bush ante Guantánamo

Los ciudadanos no confían mucho en las promesas de los políticos realizadas en campaña electoral, frecuentemente olvidadas o indefinidamente aplazadas luego de alcanzar el poder, pero lo ocurrido con Barack Obama y la penitenciaría de Guantánamo (Cuba) desborda todas las supercherías. Al engaño de los electores, persuadidos de que la cárcel ignominiosa sería cerrada inmediatamente, se añaden dos años de incapacidad política para encontrar una salida del embrollo. El resultado es la prórroga indefinida de un sistema de detención preventiva que vulnera tanto el derecho internacional como los procedimientos judiciales que hicieron de EE UU un ejemplo en la causa del habeas corpus y la protección de los derechos individuales.

Obama firmó el 7 de marzo una orden presidencial para reactivar las llamadas comisiones militares (tribunales especiales), que él mismo había paralizado al llegar a la Casa Blanca, y reanudar los juicios de algunos de los 172 presos que quedan en Guantánamo, aunque presuntamente con mejores garantías sobre su integridad física, la admisión de confesiones y la presentación de pruebas obtenidas por métodos dudosos. La orden ejecutiva reconoce que unos 50 presos seguirán en prisión preventiva por tiempo indefinido, incluso de por vida.

La orden de Obama fue firmada poco más de dos años después de otra del mismo tenor  (22 de enero de 2009) que establecía el cierre de la prisión en el plazo máximo de un año, para cumplir con la promesa electoral. Los funcionarios aseguran cínicamente que “el compromiso del presidente se mantiene intacto”, aunque no saben cuándo ni cómo podrá ser cumplido. La Convención de Ginebra seguirá sin aplicarse en Guantánamo, territorio que se mantiene en un limbo jurídico.

El fracaso político de Obama se ha producido en varios frentes: la negativa de muchos estados norteamericanos a recibir en sus cárceles a los prisioneros de Guantánamo, la incapacidad para crear un centro de detención en EE UU y el rechazo del Congreso (republicanos y demócratas confundidos) para que los detenidos fueran juzgados por tribunales federales, ante el temor de que éstos anularan unos procedimientos controvertidos y forzaran la liberación de unos presos que se reputan muy peligrosos para la seguridad de la nación.

La decisión final se plasmó legalmente en diciembre último, cuando congresistas demócratas y republicanos unidos, “en un acto de notable cobardía política”, según el New York Times, prohibieron taxativamente que los juicios se trasladaran a EEUU, mediante una disposición inserta en una ley sobre defensa. Esta restricción del Congreso, a la que se plegó el presidente en vez de oponer su veto, hace prácticamente inviable que los presos puedan ser traslados a otro país.

Obama y con él los dos grandes partidos siguen en la senda de Bush, que abrió la prisión en 2002, aunque en unas circunstancias mucho más dramáticas. Las diferencias estriban en que los liberales o izquierdistas norteamericanos pusieron el grito en el cielo y denigraron al presidente, mientras que ahora están callados o emitiendo extraños gruñidos, ante este intento descarado de incumplir lo prometido y acicalar retóricamente la infamia. Obama actúa como Bush, nueve años después, y el prestigio moral y jurídico de EE UU vuelve a ser pisoteado.

Los sospechosos siguen encerrados en Guantánamo no por los delitos que cometieron, que no han sido probados ante los tribunales federales, sino por los que se teme que puedan cometer si se les libera en esta época de amenazas globales y apocalípticas. La prisión preventiva indefinida se aplicará a medio centenar de los detenidos que no pueden ser juzgados porque las pruebas contra ellos fueron obtenidas con malas artes (generalmente, la tortura) y que no pueden ser puestos en libertad porque están clasificados como terroristas muy peligrosos.

Después de la guerra preventiva de Iraq, que tantas censuras concitó en la izquierda, ahora un presidente de izquierdas (liberal), que es un jurisperito, licenciado en derecho por la universidad de Harvard, justifica lo que tanto los tratados como la jurisprudencia consideran injustificable, la detención indefinida sin juicio, y lo hace, al parecer, con una buena conciencia imperturbable.

No se trata de que Obama haya pasado por las horcas caudinas de un Congreso hostil, ya que la decisión de éste se tomó cuando aún prevalecía la mayoría demócrata en ambas cámaras, sino de su evidente torpeza para navegar por el mar encrespado de los checks and balances (equilibrio de poderes) que ponen a prueba la solvencia de un presidente. Algunos de sus predecesores se encontraron con situaciones parecidas o más desfavorables en el Capitolio y salieron airosos. El desastre jurídico no procede del sistema, sino de los políticos que lo sirven.

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Responses

  1. […] de la hiperpotencia. El 9 de marzo último, en este mismo blog, publiqué un artículo titulado Obama como Bush ante Guantánamo, en el que subrayé las rectificaciones e incongruencias de la Casa Blanca sobre los “enemigos […]


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