Posteado por: M | 25 mayo 2011

Netanyahu desafía a Obama en Washington

En el departamento de Estado, ante un público selecto de analistas, diplomáticos y estrategas, el 19 de mayo, Barack Obama expuso las líneas maestras que deben presidir “un nuevo capítulo de la política exterior de Estados Unidos” en el escenario turbulento del Oriente Próximo, donde confluyen el petróleo, las exigencias de Israel y los efectos imprevisibles de la convulsión que sacude el mundo árabe. El resultado de tan laudable esfuerzo resultó intelectualmente decepcionante, sembró la confusión entre los llamados a recibir y propagar la nueva doctrina, cuando el presidente parece dispuesto a abandonar las cautelas, el pragmatismo a ultranza de los últimos dos años, para dar prioridad a la predicación de los valores democráticos.

Cuando van a cumplirse dos años de su célebre discurso de El Cairo (4 de junio de 2009), en el que anunció “un nuevo comienzo” con el orbe musulmán, Obama abandonó la vocación universal de su mensaje para centrarse en el Oriente Próximo, la amenaza de Irán y el inacabable conflicto árabe-israelí, sin duda los asuntos más apremiantes para su política exterior. Los tres puntos esenciales de la exposición fueron la apología de la democracia en general y de los cambios del mundo árabe en particular, una dura reprimenda contra el presidente de Siria, Bachard al Asad, y la delimitación territorial que debe cimentar la paz entre Israel y un Estado palestino viable.

La cuestión más controvertida, como siempre, concierne al nacimiento de un problemático Estado palestino y su coexistencia pacífica con el Estado de Israel en el exiguo territorio entre el río Jordán y el Mediterráneo, el del mandato británico. “Las fronteras de Israel y Palestina deberían basarse en las de 1967 con algunos reajustes [intercambios de territorio] mutuamente acordados, de manera que se establezcan para ambos Estados unas fronteras seguras y reconocidas”, sentenció el presidente. La delimitación de fronteras obligaría lógicamente a “una retirada completa, aunque por fases” del ejército hebreo (Tsahal).

La resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada por unanimidad el 22 de noviembre de 1967, ya estableció como uno de los principios básicos para la paz “la retirada de las fuerzas armadas israelíes de los territorios ocupados durante el reciente conflicto”, pero los sucesivos gobiernos israelíes, en vez de respetar ese principio, prosiguieron una política de ocupación y colonización que aún se mantiene, especialmente en el sector árabe de Jerusalén. Varias resoluciones del órgano ejecutivo de la ONU reafirmaron el principio de la evacuación.

Para hacer comestible la amarga píldora de las fronteras de 1967 y la retirada militar, Obama trató de ser convincente con otras consideraciones de peso. La primera y más relevante fue que “el statu quo es insostenible”, habida cuenta el número creciente de palestinos que vive al oeste del Jordán –la llamada bomba demográfica–, y la perspectiva de un mayor aislamiento de Israel que podría concretarse el próximo otoño en la ONU, si finalmente vota por el reconocimiento de un Estado palestino. “El sueño de un Estado judío y democrático no podrá alcanzarse a través de una ocupación permanente”, concluyó el presidente, haciéndose eco de la opinión del sector moderado de la opinión judía, el llamado “campo de la paz”.

Esas palabras causaron una profunda irritación en el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, que inmediatamente hizo saber que Israel no volverá jamás a “las fronteras indefendibles” de 1967, “las fronteras de Auschwitz”, según la trágica expresión del ex ministro israelí Abba Eban, las que existían cuando estalló la guerra de los seis días en junio de aquel año. En su discurso de El Cairo, el presidente norteamericano había proclamado que “Estados Unidos no acepta la legitimidad de la continuación de las colonias israelíes”, pero no se había referido a las fronteras ni al fin de la ocupación militar como objetivos indeclinables.

Tras su discurso en el departamento de Estado, Obama se enzarzó en un diálogo de sordos y recriminaciones con el primer ministro israelí, el cual desembarcó en Washington 24 horas después con el ánimo encrespado, pero consciente de que llegaba a territorio amigo. Netanyahu repitió en el despacho Oval de la Casa Blanca que las sugerencias del presidente eran inaceptables, y aunque éste introdujo algunos matices en su intervención del 22 de mayo ante el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), el famoso lobby judío, instó al gobierno israelí a “tomar duras decisiones” y escuchó un  abucheo enojoso.  Netanyahu también expuso sus puntos de vista ante el AIPAC, sin ningún contratiempo.

Dos días después, el 24 de mayo, los norteamericanos asistieron al insólito espectáculo de que un primer ministro supuestamente extranjero, el de Israel, en un solemne discurso ante ambas cámaras del Congreso, rechazó enfáticamente las recomendaciones del presidente y se encontró como respuesta con las ovaciones casi unánimes de los congresistas puesto en pie, “una multitud amistosa de legisladores republicamos y demócratas”, como precisó el New York Times, que aplaudieron con un entusiasmo desbordado.

Netanyahu fue mucho más allá de lo que cabía esperar tras su paso por la Casa Blanca, ya que no sólo repitió su negativa a aceptar las fronteras de 1967, sino que proclamó que Jerusalén jamás será dividido, que los refugiados palestinos jamás regresarán a sus tierras y que el Tsahal, invocando motivos de seguridad, permanecerá a lo largo del Jordán por tiempo indefinido. Y desgranó toda una serie de condiciones para otorgar una supuesta paz al vecino.

Si juzgamos por lo ocurrido en el Capitolio, Netanyahu no tiene problemas en Washington, donde su estrategia anexionista y militarizada cuenta con un respaldo abrumador; el problema, desde luego, lo tiene Obama, maniatado no sólo en las cuestiones internas por un Congreso reticente cuando no hostil, sino prácticamente desautorizado en un asunto esencial de la acción diplomática. El plan de la Casa Blanca para establecer una distinción nítida entre la asociación estratégica “indestructible”  con Israel y el proceso de paz necesario con los palestinos quedó en entredicho cinco días después de haber sido formulado. Los “vientos del cambio” a que se refirió Obama soplan con fuerza en el mundo árabe, pero en Jerusalén reinan la calma chicha y la arrogancia del primer ministro.

Obama no ha podido desembarazarse aún de la incomodidad que le producen las revueltas árabes y la “freedom agenda” de su predecesor, George W. Bush, cuya promoción de la democracia en la región quedó sepultada bajo los escombros de la guerra de Iraq. Como tantos otros dirigentes políticos, el actual presidente se dedica al revisionismo histórico, niega que esté remedando a Bush y se olvida de que durante sus dos primeros años en la Casa Blanca trató precisamente de restablecer la imagen de EE UU en el mundo árabe-musulmán mediante la componenda, la eliminación de las cuestiones más espinosas, el engagement con los dictadores, en Siria, Egipto e incluso Irán. Todo amparado en la doctrina de que hay que parlamentar con el enemigo.

Tras lo ocurrido en Túnez y Egipto, Obama empezó a separarse de su pragmatismo, pero vaciló demasiado en reaccionar contra Gadafi, siguió respaldando al presidente de Yemen y se quedó mudo cuando las tropas de la muy reaccionaria y petrolera Arabia Saudí llegaron a Bahréin para aplastar la revuelta contra la monarquía. En du discurso en el departamento de Estado, el presidente pasó por alto esas incongruencias y abogó por promover la reforma y la democracia, una mera actualización retórica de la doctrina de Bush y Condoleezza Rice.

La advertencia contra Asad –“dirigir la transición o dejar libre el camino”, reformar o dimitir— mereció algunos elogios de los círculos próximos a la Casa Blanca, pero la mayoría reputó ridícula la idea de confiar al dictador y carnicero la dirección de un supuesta transición hacia la democracia después de más de mil muertos a manos del ejército y los escuadrones de la muerte. Tampoco dijo nada el presidente sobre las razones que le llevan a conminar a Gadafi y mantener la mano tendida a Asad, a pesar de los lazos explícitos de éste con la teocracia de Irán y los grupos armados Hizbolá (Líbano) y Hamás (Gaza).

Como demostró la caída de Mubarak, los árabes no parecen inclinados a confiar en sus odiados sátrapas la regeneración democrática de sus países. Obama prefirió alinearse con algunos de sus estrategas que advierten de la inestabilidad que provocaría la caída del dictador sirio y sus secuelas en el aislamiento de Irán y la improbable negociación con Israel.

El statu quo en Palestina quizá sea insostenible, como sugiere Obama, pero es una realidad cuya modificación parece imposible en las actuales circunstancias. La situación ha mejorado en Cisjordania en todos los aspectos, como reconoce el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero el reciente acuerdo entre Fatah y Hamás ha encendido todas las alarmas en Israel. La ocupación y la colonización prosiguen sin pausa y, por el momento, sin riesgo. No existe ningún diálogo entre las partes que permita avizorar y muchos menos desbrozar el camino de la paz.

La desconfianza es absoluta, y para muestra basta un botón. Inmediatamente después de que Obama hablara en el departamento de Estado, Netanyahu exhibió su represalia: el gobierno israelí autorizó la construcción de 1.500 nuevas viviendas en la Cisjordania ocupada. No se sabe muy bien si se trata de una afrenta dirigida contra Obama, que nunca fue bien visto en Jerusalén, o de una nueva incitación al odio. Tras la dimisión de su enviado especial en la zona, hace 15 días, jamás un  presidente norteamericano estuvo tan fuera de juego en Jerusalén. Y si el diálogo es imposible en las actuales circunstancias, ¿no se estará incubando un nuevo estallido de violencia?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: