Posteado por: M | 27 mayo 2011

La detención de Mladic y los demonios de los Balcanes

El militar serbo-bosnio Ratko Mladic está en manos de las autoridades serbias y muy pronto será entregado a la justicia internacional, acusado de genocidio y crímenes de guerra, pero crece imparable el número de criminales que andan sueltos por el mundo y siguen descargando su odio o su pánico sobre los ciudadanos indefensos. Los demonios que se adueñaron de Yugoslavia aún corretean por los Balcanes, por Bosnia, Macedonia, Serbia, Kosovo, y entorpecen la apertura de un deseable proceso de reconciliación de los pueblos hermanos que se levantaron contra el Imperio austro-húngaro, padecieron la vesania de Hitler y necesitaron el corsé de la dictadura comunista para preservar una unidad resquebrajada.

“Un día histórico para la justicia internacional”, declaró el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon al conocer la noticia de la detención de Mladic, al que se atribuyen la dirección y planificación de los asesinatos en masa de Srebrenica. El que fue general del ejército yugoslavo y jefe de las milicias serbo-bosnias fue capturado sin oponer resistencia en una aldea a 80 kilómetros al norte de Belgrado, Lazarevo, donde vivía bajo el nombre falso de Milorad Komnic, por unidades especiales de la policía serbia. En contraste con lo que hizo Radovan Karadzic, Mladic no había modificado su apariencia física, pero apareció “muy envejecido” ante sus captores.

El presidente de Serbia, Boris Tadic, aseguró que su país acababa de “pasar una página de su historia” y se había liberado del “oprobio” de mantener escondido en su territorio a un criminal de guerra durante los últimos 16 años, durante los cuales se benefició con toda seguridad de diversas protecciones y complicidades imposibles de precisar. Según las últimas encuestas, algo más del 50 % de los serbios considera que el general ahora detenido fue un héroe nacional. El Partido Radical Serbio, ultranacionalista, señaló que la detención es “una vergüenza y una afrenta para los intereses nacionales serbios”.

El Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) fue creado en 1993 por la ONU en plena guerra de Bosnia-Herzegovina (1992-1995) como reacción ante las informaciones cotidianas sobre los crímenes y exacciones que cometían en diversos lugares del que fue territorio yugoslavo. Desde que comenzaron las guerras de los Balcanes con las secesiones de Eslovenia y Croacia (1991), sin duda azuzadas y orquestadas por poderes externos, además de alimentadas por el ocaso del comunismo, y a pesar de que todos los grupos nacionales eran eslavos del sur, el proceso de la destrucción planificada de Yugoslavia fue acompañado por una siniestra y sin precedentes oleada de limpieza étnica y otras atrocidades.

Vencido y desacreditado el comunismo, el nacionalismo más radical se apresuró a llenar el vacío, de manera que la precaria unidad de Yugoslavia, mantenida contra viento y marea por el mariscal Tito (1892-1980), muy pronto fue atacada por las termitas de la desunión, la venganza y los agravios. Sólo la secesión de Eslovenia se precipitó sin derramamiento de sangre.

La orden de busca y captura contra Mladic y su jefe político, Radovan Karadzic, fue lanzada a finales de 1995, acusados ambos principalmente de la matanza de Srebrenica (julio de 1995), donde perecieron unos 8.000 bosnio-musulmanes a manos de las milicias serbias, y de haberse ensañado con sus adversarios durante el sitio de Sarajevo. No obstante, cuando se perpetraron las atrocidades, Srebrenica, un enclave multiétnico en territorio dominado por los serbios de Bosnia-Herzegovina, estaba bajo la protección de los cascos azules de la ONU (una pequeña unidad del ejército holandés).

Los acuerdos de Dayton (EE UU), bajo el impulso del presidente Bill Clinton, alcanzados el 21 de noviembre de 1995, pusieron fin a la guerra y determinaron en la práctica la partición étnica de Bosnia-Herzegovina, que aún perdura y ensombrece el futuro de la que fue una de las repúblicas federadas de Yugoslavia, paradigma de la convivencia multiétnica. El territorio fue colocado bajo protección de la ONU y luego de la OTAN, y así continúa. Porque la limpieza ética no sólo fue un daño colateral de la guerra, sino el punto básico de proyectos políticos descabellados que no han desaparecido del imaginario popular nacionalista, como demuestran las variadas reacciones serbias ante la captura de Mladic y la parálisis que atenaza al gobierno federal bosnio instalada en Sarajevo.

Las guerras yugoslavas confirmaron que la pretensión de crear Estados étnicamente homogéneos, en una región caracterizada precisamente por la heterogeneidad, conduce inexorablemente a la barbarie.

La demora en la captura tanto de Karadzic como de Mladic se debe también en parte a las presiones de la Alianza Atlántica y el director de la CIA, ante el temor de que fracasaran las negociaciones para acabar con la guerra o se arriesgara la seguridad de las tropas de las potencias occidentales desplegadas en Bosnia-Herzegovina, según los testimonios de la canadiense Louise Arbour, primera fiscal del TPIY, y de su sucesora, la helvética Carla del Ponte, la cual expone una verdadera requisitoria en su libro La caza. Los criminales de guerra y yo (2008). Con el tiempo, las obstrucciones disminuyeron, pero la justicia internacional acumuló otros retrasos.

El cambio de la situación política en Serbia, con la llegada al poder de un gobierno centrista y pro europeo, capitaneado por el presidente Boris Tadic, resultó fatal para Karadzic y Mladic, huidos de la justicia internacional. En su marcha hacia Europa, de espalda a la madre Rusia, Serbia se encontró con la decidida actitud de las autoridades de Bruselas: sólo las entregas de los responsables de la matanza de Srebrenica al TPIY podrían facilitar los progresos de su candidatura para el ingreso en la Unión Europea (UE).

El ex presidente serbio Slobodan Milosevic, comunista y luego nacionalista, uno de los instigadores de las guerras, se suicidó en 2006 durante el juicio ante el TPIY, Karadzic está siendo juzgado en La Haya desde su detención en julio de 2008 y Mladic lo será pronto.

Un paso decisivo hacia la captura de Mladic y la reconciliación lo ofreció el Parlamento de Serbia, en la noche del 31 de marzo de 2010, al adoptar una polémica resolución para “condenar con extremo vigor el crimen cometido contra la población bosnia de Srebrenica, en julio de 1995”. En la misma declaración, los parlamentarios presentaron “sus condolencias y sus excusas a las familias de las víctimas porque no se hizo nada por impedir la tragedia”. La resolución fue aprobada por 127 votos de los 173 diputados presentes en la sesión. Las heridas siguen abiertas porque muchos serbios abrigan la sospecha de que están siendo tratados con más rigor y se les presenta como los principales responsables de un desastre que desde luego tiene muchos ideólogos, artífices y ejecutores dentro y fuera de lo que fue el sueño frustrado de Yugoslavia, la unión de los eslavos del sur.

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Responses

  1. Creo que aunque pocas, si hubo victimas en eslovenia, 63. Un saludo


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