Posteado por: M | 11 noviembre 2011

Los mercados hunden a Berlusconi

Se teme que si Italia cae lleguen los bárbaros, aunque, en un primer momento, disfrazados de tecnócratas. El hombre que polarizó la vida italiana hasta la exasperación, Silvio Berlusconi, hace mutis entre la indiferencia de la mayoría, la rechifla de sus adversarios y la deserción de los que parecían sus amigos. “Tú eres el problema de Italia”, le dijo el ministro de Economía, Giulio Tremonti, uno de los suyos, pero esas palabras encubren una hipérbole y un intento de diluir otras responsabilidades, incluidas las de los palafreneros  de su lujosa villa de Cerdeña y las de millones de italianos que votaron a su partido, el llamado Polo de la Libertad (antes Forza Italia), y lo elevaron por tres veces a la presidencia del Consejo.

Silvio Berlusconi es un vejestorio salaz y retocado, de 75 años, un político decrépito tras 17 años en las candilejas, un empresario abrumado por las deudas, un justiciable con varias causas pendientes, el jefe televisivo de la sexualidad difusa y global, el contramodelo de la Italia decente y laboriosa, pero no sabemos qué saldrá de los escombros que deja en herencia.  Dictamina el Financial Times que “Berlusconi es un chiste, pero que después de él será el vacío.” Fue la figura dominante de la política italiana desde 1994, cuando ganó sus primeras elecciones, pero está en ruinas el Estado que pretendió convertir en una empresa de éxito.

En lo que concierne al vacío que supuestamente sobreviene tras la caída de un líder político carismático, creo que hay que ser muy precavido en el pronóstico. Con frecuencia recuerdo la anécdota del general De Gaulle, cuando en el curso de una entrevista periodística, a propósito del tremendo hueco que dejaría su retirada, replicó que no ocurriría así, sino que, al contrario, se produciría “le trop plein”, el demasiado lleno. Los incontables aspirantes para la herencia.

Silvio Berlusconi

A pesar de su facundia y de su facilidad para hacer amigos, aunque fueran de ocasión, pocas lágrimas derramarán los italianos por la caída del Cavaliere. La actividad política arroja al infierno a sus figuras más carismáticas o histriónicas con pasmosa facilidad. En cualquier caso, Italia se prepara para apretarse el cinturón, pero corre el riesgo de volver a un pasado poco glorioso después de haber soportado la purga y la experiencia de una tecnocracia conectada con los mercados.

Para contrarrestar el interesado y silencioso ambiente, conviene recordar que Berlusconi inició su formidable singladura en el ladrillo milanés y las cadenas de televisión a la sombra de Bettino Craxi, líder del Partido Socialista y jefe del Gobierno durante un decenio, que se exilió en Túnez para no verse sometido al escrutinio de la justicia después de verse implicado en varios casos de corrupción. Corresponde al socialista Craxi el dudoso honor para su ideología de haber roto el monopolio estatal televisivo mediante una ley a la medida de Il Cavaliere.

Ante la caída de la primera República, Berlusconi formó un movimiento político heterogéneo, similar a un sindicato de intereses, en el que la ideología fue sustituida por el agiotaje, y acogió a numerosos políticos desencantados y ambiciosos procedente de todo el arco parlamentario difunto. Además de cortejar a todas las fieras del populismo, remedó a la Democracia Cristiana al presentarse como un valladar frente al avance del Partido Comunista, pero, por encima de cualquiera otra consideración, la política quedó fuertemente mediatizada, en el sentido de contar con el apoyo de los tres canales de televisión que puso en marcha Sua Emitenza.

El magnate de la televisión convertido en estrella política no pudo ser derribado por sus escándalos empresariales y sexuales, resistió el acoso de la justicia y obtuvo por tercera vez la confianza de los italianos en las elecciones generales de abril de 2008, mas tuvo que inclinarse ante la presión anónima de los mercados internacionales, luego de haber sido llamado al orden y vituperado en público por el presidente Sarkozy y la cancillera Merkel durante la reunión del G-20 en Cannes. Berlusconi siguió con su cháchara insustancial, machista y provocadora hasta que los administradores del ahorro occidental atacaron sus pies de barro: la gigantesca deuda de su país.

La alternativa se presenta altamente problemática y peligrosa, puesto que los numerosos enemigos del Cavaliere ejercieron con denuedo y hasta con obsesión la crítica despiadada, los aspavientos de la vergüenza ajena por sus escarceos, la denuncia y el sarcasmo, pero fueron  incapaces de construir una coalición viable con un líder creíble y, por ende, de tranquilizar a los mercados. La prueba de ello es que pronto resultó infundada la presunción balsámica de que la marcha del jefe del Gobierno aliviaría la presión financiera. Ahora, tanto los seguidores de Berlusconi como sus adversarios se acogen al manto protector de la tecnocracia, sin que importe la ausencia de mandato democrático.

Lo que se vislumbra en el horizonte es un monumental atasco político e institucional. Ante el fracaso del sistema político, se recurre, como otras veces, a un tecnócrata, en la ocasión Mario Monti, ex comisario de la Comisión Europea a propuesta de Berlusconi, para que ordene los restos del naufragio y trate de remediar la adicción del endeudamiento, los privilegios retrógrados, la evasión fiscal y la anemia productiva generada por una legislación laboral paralizante, además de los históricos problemas estructurales de un norte dinámico y un sur subsidiado y moroso. ¡Menuda montaña para un hombre que no está respaldado por los votos!

El anunciado abandono de la escena política por parte de Berlusconi no se debió a su inverecundia o su sombrío horizonte judicial, ni tampoco a la traición de algunos de sus diputados, sino al rigor y la austeridad que exigen los mercados y la salud del euro para seguir prestando dinero a los países entrampados. En el caso de Italia, la deuda pública es de casi dos billones de euros, el 120 % del producto interior bruto (PIB) anual, una cifra de vértigo. Tras quedar en minoría en la Cámara baja, el jefe del Gobierno visitó al presidente de la República, el ex comunista Giorgio Napolitano, para comunicarle que estaba dispuesto a renunciar al cargo tras la aprobación del plan de austeridad consensuado con Bruselas.

Luego de ese encuentro al más alto nivel, la nota publicada por el Quirinale se limitó a anunciar que “una vez cumplido tal deber [la aprobación del plan], el presidente del Consejo devolverá su mandato al jefe del Estado”. Con un lenguaje críptico, la política italiana retrocedía más de 20 años para quedar de nuevo secuestrada por las trattativas interminables, los conciliábulos entre los partidos, las convergencias contradictorias, los compromisos inconfesables, las soluciones al margen del veredicto de las urnas, los gobiernos efímeros, en un ambiente emponzoñado por la corrupción. En suma, la confusión y el descrédito de la primera República, la Tangentopolis, es decir, el sistema del soborno institucionalizado, hundido estrepitosamente por los jueces de las Mani pulite (1992-1994).

Los datos económicos son inquietantes, aunque poco novedosos. La rentabilidad de los bonos italianos a 10 años escaló al 7, 36 % el 9 de noviembre, horas después de que el jefe del Gobierno perdiera la mayoría en la Cámara de los Diputados. El interés de los bonos nacionales es superior al que alcanzaron en Irlanda y Portugal antes de sus rescates. Los especialistas internacionales consideran que el 7 % es el nivel en que los préstamos devienen insostenibles, pero Italia parece demasiado grande para ser salvada, al menos, con los recursos de que actualmente dispone el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.

El próximo año, Italia deberá pagar 300.000 millones de euros por la amortización de su deuda y el Estado seguirá perdiendo más de 400.000 millones como consecuencia de la evasión fiscal, la corrupción y la economía sumergida. ¿Quién puede soportar esa carga y semejante desorden? El economista Mario Monti, de 68 años, designado precipitadamente senador vitalicio por el presidente de la República, cuenta, desde luego, con el amistoso respaldo de Bruselas y el visto bueno del Banco Central Europeo (BCE), pero nadie le arrienda las ganancias. ¿Un salvador? Ni siquiera sabemos si podrá mantenerse al frente del Ejecutivo hasta que expire la legislatura en 2013.

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Responses

  1. En el momento de la dimisión del corrupto, que ha mandado 17 años en la gran nación ITALIANA, ya estaban miles de romanos, para abuchear y silbar. En mi web :www.viriato-viera.com,puede encontrar Don Mateo, y sus lectores, en la categoría de :ECONOMÍA, casi todo, sobre la crisis de la Eurozona y su evolución.-
    Aquí en la España, que nadie crea que estamos mejor que en Italia. Aquí los despilfarros, el gastar más que los ingresos, y el latrocinio y saqueo descarado de la mafia, llamada socialista, qué hasta el último momento, están repartiendo subvenciones a sus amiguetes , viajando por todo el mundo, pagando su campaña electoral ,con aviones privados y vuelos de 20.000 euros, con dineros de todos los españoles, porque hasta el más analfabetos de sus militantes, saben ,qué los españoles, el día 20N,los mandaremos : Hacer puñetas, para muchísimos años.-
    ¡Adiós!, ¡Adiós! socialdemocracia, ¡Adiós!, ¡Adiós!.-
    DON MARIANO RAJOY, y un fuerte equipo especialistas en ECONOMÍA, poco a poco, irán pagando LA DEUDA Y DÉFICIT DE ESPAÑA, y que Dios le bendiga y le de suerte, para que aquí: NO PASE LO DE ITALIA,Y GRECIA.-Un saludo .José Viera Gutiérrez.www.viriato-viera.com.
    En TWITTER, estoy muchas horas, informando al medio mundo, de la gran catástrofe y herencia envenenada, que nos han dejado estos canallas

  2. ¡Hola!
    ¡Menuda herencia deja a su sucesor!
    Ha tenido que llegar Italia a esta situacion insostenible para conseguir la dimisión de Berlusconi.
    Segun cuentas la situación económica de Italia es por ahora peor que la de España ¿No?
    Un saludo a ti y a Montse.

    Laude


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