Posteado por: M | 17 noviembre 2011

De la guerra civil a la primavera de Praga

Este artículo fue publicado en El Periódico de Catalunya el día 15 de noviembre, en unas páginas especiales dedicadas a glosar la figura y la trayectoria profesional de Josep Pernau i Riu (1930-2011), amigo y compañero, fallecido el día antes en Barcelona.

Mi amigo Josep Pernau fue un periodista que traspasó fácilmente todas las fronteras de los géneros y los temas, un escritor de curiosidad universal, de trabajo infatigable y bien hecho, de humor punzante pero nunca corrosivo, al que conocí en 1964, en vísperas de la salida de Tele/eXpres, un diario destinado a sacudir modestamente la modorra y el conformismo de la prensa adocenada por tantos años de dictadura. Fue una amistad fraguada en tiempos difíciles, cuando ambos coincidimos “en el sueño de que el futuro podía ser mejor para el país y para la profesión”, como él dejó escrito en el frontispicio de sus memorias.

Junto a la amistad, y sin duda de manera inseparable, nos unieron las afinidades electivas y periodísticas, centradas en dos temas cruciales: la guerra civil española y la política internacional. La coincidencia en el primero se explica, entre otras cosas, por las biografías respectivas y por el deseo de comprender y explicarnos, a contracorriente, la lucha fratricida, el horror y la amargura que nos producía el desgarramiento vivido por tantos españoles y sus familias.

La madre de Josep Pernau llora a su marido. Foto de Agustí Centelles.

Fue Pernau, ante todo, un maestro del reportaje, en el sentido más ilustre de esa especialidad, a la que siempre regresó, en sus años de madurez, con el fervor del principiante, sin  jactancia, para narrar con admirable sencillez los hechos más significativos. Émulo de Jack London, Albert Londres, Herbert Matthews, John Dos Passos, John Hersey, Norman Lewis, Ernest Hemingway, Manuel Chaves Nogales, Arthur Koestler, Arturo Barea y Ryszard Kapuscinski, algunos de ellos tan estrechamente vinculados con la tragedia española.

Viajero entusiasta, escribió sobre Israel, Turquía, Etiopía, Cuba, Rusia. “La mía no ha sido una vida profesional de aspirante al Pulitzer”, dejó escrito en la introducción de sus memorias, tituladas D´Arbeca a l´Opus Mei (2004), en su versión original catalana, traducidas al castellano con algunas ampliaciones. Pero debo subrayar, para que las cosas queden en su debido sitio, que no fallaron ni el hombre ni sus atributos, ni el instinto periodístico, sino el ámbito geográfico, la forzada modestia que hubimos de afrontar y aún afrontamos la mayoría de los periodistas españoles de la época.

Como yo era autor de una monografía sobre la guerra civil, recuerdo por eso, en primer lugar, el intercambio de opiniones que mantuvimos, a veces sobre un mapa, en torno a la ofensiva final de las tropas franquistas en Catalunya. La ofensiva, desde el Segre a la frontera francesa, fue seguida paso a paso por Pernau con insuperable minuciosidad en unos reportajes publicados en El Periódico de Catalunya y luego recogidos en libro con el título de Diari de la caiguda de Catalunya (1989), en el quincuagésimo aniversario del final de la contienda.

La salida de Tele/eXpres fue un revulsivo para la prensa catalana. Pernau, redactor jefe, al que había conocido en Sitges en un cursillo de perfeccionamiento profesional, me pidió que me hiciera cargo de la sección de Internacional. A la naciente amistad se añadió una estrecha colaboración profesional y unos intereses comunes que en aquellos momentos estaban centrados en la escalada que experimentó la guerra del Vietnam inmediatamente después del asesinato de John F. Kennedy y la toma del poder por el vicepresidente Lyndon Johnson.

En el mes de agosto de 1968, Pernau y yo, acompañados por nuestras esposas, decidimos viajar a Praga, eludiendo los obstáculos que mantenía la dictadura franquista para el desplazamiento más allá del telón de acero, para saludar el advenimiento de la primavera. Nada más entrar por la frontera de Bratislava, procedentes de Viena, pudimos comprobar la tremenda agitación que socavaba los cimientos del bloque soviético ante la osadía del secretario general de los comunistas checoslovacos, Alexander Dubcek.

"Viva Dubcek and his boys!". Mateo Madridejos en Praga en 1968. Foto tomada por Josep Pernau.

Pernau escribió unos reportajes memorables sobre la revolución cubana, cuando el régimen de los hermanos Castro aún disfrutaba del beneficio de la duda en Occidente y del apoyo incondicional de la Unión Soviética. Gracias a la amistad que manteníamos desde Tele/eXpres con el entonces cónsul general de Cuba en Barcelona, Manuel Estévez Pérez, Pernau pudo trasladarse a La Habana para asistir a los actos conmemorativos del décimo aniversario de la toma del poder por los barbudos. Y subrayó sin ambages que el entusiasmo empezaba a declinar.

Siempre admiré su vocación de curtido reportero que trata de superar los imperativos de la edad y las exigencias del compromiso cívico. Con él se va el periodista esencial, ajetreado en el combate por la libertad, sin duda una referencia del más alto nivel profesional, y yo me quedo sin el amigo y compañero de una época conflictiva pero reconfortante. Deseo dejar constancia de que estoy en deuda con él.

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