Posteado por: M | 26 diciembre 2011

Algo se mueve en Rusia

Las manifestaciones de Moscú contra el todopoderoso primer ministro, Vladimir Putin, coincidieron con el vigésimo aniversario de la dimisión del último presidente soviético, Mijail Gorbachov, y la disolución de la URSS, el 25 de diciembre de 1991, cuando la bandera roja con la hoz y el martillo fue arriada en las almenas del Kremlin. Tras 20 años de aparente calma, de muy escasa participación de las masas en la precipitación de los acontecimientos, la actitud de las gentes empieza a cambiar en la capital rusa. La proverbial apatía ha dado paso a la cólera masiva.

La imponente y pacífica protesta callejera del 24 de diciembre, con el lema de “por una Rusia sin Putin”, fue la más multitudinaria desde la caída del comunismo y la desintegración del imperio soviético. Las denuncias de un fraude masivo en las últimas elecciones han galvanizado a una oposición hasta ahora impotente frente a la maquinaria burocrática y represiva del poder. La ira popular también fue alimentada por las reiteradas afirmaciones de Putin y sus allegados de que la agitación fue ideada y financiada por las potencias occidentales, como antes lo fueran en Ucrania o Georgia (las llamadas despectivamente revoluciones de colores).

Manifestantes contra Putin en las calles de Moscú

El profesor Robert Service, de la universidad de Oxford, uno de los más acreditados historiadores de Rusia en el siglo XX, se pregunta en un artículo periodístico si estamos en los comienzos de la nueva revolución rusa, y añade: “Durante los dos últimos decenios, el pueblo ruso soportó mayoritariamente en silencio el opresivo y corrupto sistema que siguió [al desmantelamiento de la URSS en 1991], hasta que las abrumadoras irregularidades en las elecciones parlamentarias del 4 de diciembre pusieron a más de 50.000 personas en las calles para protestar.”

El artículo citado se publicó el día antes de que una muchedumbre mucho mayor (en torno a las 100.000 personas, según cálculos periodísticos imparciales), desafiando las inclemencias del invierno, se concentrara en la avenida Sajarov (nombre de un egregio disidente) para proseguir con la agitación y exigir perentoriamente la anulación de las elecciones notoriamente irregulares y hasta fraudulentas. Los manifestantes reclamaron en sus pancartas “elecciones justas”  y “un nuevo escrutinio” y el lema más coreado, según los testigos occidentales, fue el de “Por una Rusia sin Putin”.

Aleksei Kudrin, ex ministro de Hacienda y que hasta hace unos días formaba parte del círculo íntimo de Putin, tomó la palabra ante los manifestantes para demandar la disolución de la Duma (cámara baja del Parlamento), nuevas elecciones y una reforma de la legislación electoral para asegurar una competición libre. Fue más lejos el ex presidente Gorbachov, que pidió la jubilación inmediata de Putin. También acudió a la marcha el multimillonario Mijail Projorov, a quien se atribuye la intención de concurrir a las elecciones presidenciales del próximo 4 de marzo.

Dos días antes de la manifestación, el presidente Dmitri Medvedev, que llegó al poder con ínfulas reformistas que siguen inéditas, sin duda con la intención improvisada de calmar los ánimos, presentó un proyecto de reforma electoral que incluye la elección por sufragio universal de los presidentes de las regiones y nuevas normas más flexibles para la inscripción de los partidos políticos y la presentación de candidatos. Nada tienen que ver esos cambios, sin embargo, con la anulación de las elecciones parlamentarias del 4 de diciembre, principal demanda de la creciente oposición.

Los manifestantes formaban una abigarrada muestra de la heteróclita oposición, en la que los comunistas nostálgicos y desacreditados alternan con los nacionalistas de extrema derecha, los jubilados con sus medallas de latón se codean con la generación del Facebook y los liberales sobrevenidos quedan como en tierra de nadie, todos desafiando la nevisca. La figura más aplaudida fue un valeroso bloguero, Aleksei Navalnyi, un abogado de 35 años, estrella rutilante y catódica, que acaba de cumplir una sanción de 15 días de arresto por haber desobedecido a los policías durante otra manifestación. Su alocución fue la más osada y la más aplaudida. “Somos suficientemente numerosos como para tomar la Casa Blanca [sede del gobierno ruso] –advirtió–, pero no lo haremos porque somos pacifistas (…) La próxima vez seremos un millón.” Todo un desafío que recorre las redes sociales, con la internet como principal foro de los debates.

El sistema autoritario de Putin se sustenta sobre los recuerdos atormentados del período turbulento que siguió a la extinción de la URSS y el latrocinio general como subproducto del desastre planificado de la economía soviética. La restauración del Estado fue acompañada por una mejora sustancial del nivel de vida, aunque fundada casi exclusivamente en la exportación de hidrocarburos, de manera que la clase media capaz de sustentar la democracia tiene los pies de barro y depende, en gran medida, de las concesiones del poder. La corrupción, la pobreza y la arbitrariedad siguen instaladas en la sociedad rusa.

Y, sin embargo, algo se mueve en Rusia. Resulta evidente que Putin y sus epígonos no han podido crear una administración moderna y eficaz en el inmenso país, ni unas instituciones sólidas que canalicen las reformas sin temor al desbordamiento; pero un sistema liberal y democrático, parecido al de Europa occidental, no está inscrito en los augurios del futuro inmediato. La prudencia interpretativa es de rigor ante los últimos acontecimientos. Porque lo que ocurre en Moscú no puede extrapolarse al inmenso país, los resortes del poder son apabullantes y la pregunta retórica del profesor Service no tiene respuesta por el momento.

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Responses

  1. Un perfecto análisis de la situación en este país historicamente gobernado por tiranos incapaces de utilizar sus enormes recursos en aras a mejoras para todos. Putin no es una excepción, aunque los tiempos le obliguen a actuar de otra manera y esto a la larga, con las bajas cotas de libertad obtenidas, no puede conducir más que a la protesta. No se pueden prometer alquileres más bajos a los inquilinos y al mismo tiempo más ganacias para los propietarios.
    Un saludo

  2. […] De ahí que no sorprenda que el título de un post escrito por el periodista Mateo Madridejos en su blog El observatorio mundial sea Algo se mueve en Rusia. En el texto se recoge la pregunta por demás sugestiva formulada por Robert Service, una autoridad mundial en historia de Rusia: ¿estamos en los comienzos de la nueva revolución rusa? Habida cuenta de que es imposible una respuesta inequívoca, Madridejos se remite a los mensajes que envía la calle: “Resulta evidente que Putin y sus epígonos no han podido crear una Administración moderna y … […]

  3. […] Per això no sorprèn que el títol d’un post escrit pel periodista Mateo Madridejos en el seu bloc L’observatori mundial sigui Alguna cosa es mou a Rússia. En el text es recull la pregunta per altres suggestiva formulada per Robert Service, una autoritat mundial en història de Rússia: ¿estem en el començament de la nova revolució russa? Tenint en compte que és impossible una resposta inequívoca, Madridejos es remet als missatges que envia el carrer: “Resulta evident que Putin i els seus epígons no han pogut crear una Administració moderna i… […]


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