Posteado por: M | 4 enero 2012

El terror nazi-soviético en las “Tierras de sangre”

El joven historiador norteamericano Timothy Snyder, doctorado en la universidad de Oxford y profesor en la de Yale (EE UU), ha escrito un libro extraordinario, meticuloso y estremecedor: Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin, traducido y editado con su habitual esmero por Galaxia Gutenberg (Barcelona, 2011), que trata de los asesinatos masivos de entre 14 y 17 millones de personas no combatientes por los regímenes de Stalin y Hitler, en los doce años entre 1933 y 1945, en ese vasto territorio que se extiende desde Berlín a Moscú.

Advierte el historiador en su esclarecedor prefacio: “Actualmente hay un consenso general en cuanto a que los asesinatos en masa del siglo XX tienen el más alto significado moral para el siglo XXI. Sorprende, pues, que no existe una historia de las Tierras de sangre”, esas regiones de la Europa central y oriental aprisionadas entre las dos alambradas totalitarias: Polonia, Ucrania, Bielorrusia, los Estados bálticos y Rusia occidental. La razón de esa ausencia de investigación hay que buscarla en la alianza bélica entre las democracia occidentales y la URSS, por lo que no estaba bien visto poner el ojo y mucho menos la pluma en las atrocidades de Stalin, y luego en la machacona propaganda de los partidos comunistas incrustados en la vida política de Occidente. Podemos añadir que después de 1947-1948, los partidos comunistas, aupados por el Ejército Rojo, se hicieron con el poder en las “tierras de sangre”. El telón de acero y el silencio sepulcral cayeron como una losa sobre toda la región.

A esa tarea titánica de llenar el vacío historiográfico, enumerar, describir y contabilizar los crímenes contra la población civil, los crímenes de lesa humanidad, como decimos hoy, se ha dedicado Snyder con tenacidad admirable y con resultados que sacuden nuestra conciencia. Su conclusión es inapelable: “Durante la consolidación del nacionalsocialismo y el estalinismo (1933-1938), la ocupación conjunta germano-soviética de Polonia (1939-1941) y la guerra posterior entre Alemania y la Unión Soviética (1941-1945) esta región conoció un tipo de violencia contra las masas nunca visto en la historia.”

Lo menos novedoso es la introducción sobre Hitler y Stalin y sus regímenes respectivos, con sus aspiraciones imperiales y su proclividad genocida, tema que ya había sido tratado otros historiadores como Hannah Arendt, Ernst Nolte, Walter Laqueur y, sobre todo, el británico Alan Bullock en su monumental Hitler y Stalin. Vidas paralelas, editado en España por Plaza y Janés en 1994, los dos hombres del pacto del demonio, paranoicos y narcisistas violentos. Un pacto que entrañó la devastación de Europa centro-oriental y produjo millones de víctimas tanto en los frentes como en las retaguardias y los campos de concentración y exterminio.

El libro de Snyder no está dedicado a la guerra propiamente dicha, sino al asesinato en masa de los civiles. Se divide en once amplios capítulos que estudian cronológicamente las hambrunas soviéticas, las estrategias del terror, la Europa del tratado de cooperación Molotov-Ribbentrop (Stalin-Hitler) de 1939, la economía del apocalipsis, la Solución Final, el universo de los campos de concentración, el Holocausto, las factorías de la muerte nazis, la resistencia, las limpiezas étnicas y el antisemitismo estalinista que prosiguió después de 1945. Todo un catálogo de horrores perpetrados por los esbirros de dos ideologías totalitarias y exterminadoras, expuestos con un lujo de detalles que resulta turbador.

En resumen, el autor se detiene con documentación abrumadora en cinco espeluznantes acontecimientos. El primero de ellos recibe el nombre ucraniano de Holodomor, la hambruna provocada por los agentes de Stalin como instrumento para eliminar a más tres millones de campesinos de Ucrania, con episodios de crueldad deliberada e incluso de canibalismo entre las víctimas. Tras el sacrificio ucraniano, el líder soviético, para afianzar su poder, organizó las grandes purgas de 1937-1938, que diezmaron el partido comunista y lo convirtieron en un mero ejecutor de las órdenes delirantes del poder personal.

El segundo período comienza con la ocupación de Polonia, a partir del 1 de septiembre de 1939, un territorio que se repartió entre nazis y soviéticos y donde los asesinatos en masa se sucedieron en medio de la connivencia de los ocupantes hasta que en junio de 1941 el Ejército alemán comenzó su ataque contra Rusia e impuso un viraje radical a la Segunda Guerra Mundial.

Uno de los asesinatos más tristemente célebres se produjo en Katyn, donde unos  20.000 prisioneros, en su mayoría oficiales del Ejército polaco, fueron ejecutados mediante el tiro en la nunca por la policía secreta de Stalin, la terrorífica NKVD (antecesora del KGB) y enterrados en fosas comunes. Hasta la llegada de Gorbachov al poder (1985), el Kremlin mantuvo la siniestra simulación y siguió atribuyendo el crimen masivo a la Wehrmacht y a sus colegas de la Gestapo. Los judíos y las élites polacas fueron aniquilados con una ferocidad primitiva. Los nazis y los soviéticos asesinaron conjuntamente a unos 200.000 polacos entre 1939 y 1941, fuera del campo de batalla.

No obstante, la peor matanza, como explica Snyder, “empezó cuando Hitler traicionó a Stalin y las fuerzas alemanas traspasaron la frontera de la recién ampliada Unión Soviética, en junio de 1941”. El Holocausto de los judíos se perpetró en los campos de exterminio: Auschwitz, Chelmno, Belzed, Majdanek, Soribor y Treblinka, convertidos en factorías de la muerte planificada industrialmente.

A mi juicio, Snyder sale airoso de los desafíos planteados por la investigación, a veces con una frialdad y mesura que sólo pueden ofrecer los historiadores de raza. Resuelve de manera convincente la cuestión del testimonio de los supervivientes, con frecuencia problemático, y por primera vez estudia conjuntamente las atrocidades de nazis y soviéticos, a veces en colaboración, como si se tratara de las diferentes facetas del mismo fenómeno. La meticulosa investigación no hubiera sido posible sin la liberación de los archivos y otros materiales que siguió a la caída del comunismo y la desintegración de la URSS a partir de 1989.

Inspirado por las obras de Hannah Arendt y Vasili Grossman, el autor procede en sus conclusiones a un estudio comparativo de los regímenes nazi y soviético. “Ahora que esta historia de las Tierras de sangre está completa, la comparación es pertinente”, escribe. Y añade en cuanto al método: “Tanto en la Unión Soviética como en la Alemania nazi, las utopías se proclamaban, se confrontaban con la realidad y después se realizaban a través del asesinato en masa.” A la postre, ambos totalitarismos eran igual y ferozmente hostiles al liberalismo y la democracia.

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Responses

  1. ¡ estimado mateo madridejos|, siento disentir contigo, el libro de snyder es un mal libro que adolece de una falta absoluta de escrutinio crítico de las fuentes que utiliza, aquí puede leer una crítica sistemática nota a nota, del libro de Snyder:

    Grover Furr. BLOOD LIES: The Evidence that Every Accusation against Joseph Stalin and the Soviet Union in Timothy Snyder’s Bloodlands Is False. Plus: What Really Happened in: the Famine of 1932-33; the “Polish Operation”; the “Great Terror”; the Molotov-Ribbentrop Pact; the “Soviet invasion of Poland”; the“Katyn Massacre”; the Warsaw Uprising; and “Stalin’s Anti-Semitism”. New York: Red Star Publishers, 2014.

    • Completamente de acuerdo. Es un libro bien intencionado pero muy mal escrito, a veces francamente caótico, historiográficamente inmaduro y con una traducción impresentable que hace aún más esforzada su lectura. En efecto, muy ajustadas las referencias a la bibliografía crítica.


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