Posteado por: M | 20 enero 2012

Represión y americanización en China

La intención de Barack Obama de trasladar el foco estratégico a la cuenca del Pacífico, para contener o vigilar a China, ha sido encajada como una injuria por las autoridades de Beijing en un momento de intrincada transición política y fuertes reticencias ante la creciente occidentalización e incluso americanización de esa clase media adinerada surgida del milagro económico, aparentemente despolitizada y consumista, que constituye el irresistible objeto de deseo de cualquier empresa con ambiciones de futuro. El presidente Hu Jintao, en un ensayo publicado a principios de año, amonestó severamente a sus compatriotas por esa tendencia cultural extranjerizante. Y prosigue, acentuado, el intolerable acoso de los disidentes.

Escribió Hu Jintao: “Debemos darnos cuenta de que las fuerzas hostiles internacionales están intensificando su maquinación estratégica para la occidentalización y división de China, y para ello están centrando en los ámbitos cultural e ideológico sus esfuerzos de infiltración a largo plazo.” Esas palabras reflejan el nacionalismo y la paranoia en estado puro que prevalecen en Beijing y una mezcla explosiva que no es novedosa, pero que subraya la inseguridad de los gestores de un sistema que trata de hacer compatible la libertad económica relativa con el despotismo político, el prurito de enriquecerse con los dogmas apolillados del marxismo-leninismo, el progreso con la ley del embudo. ¿Hasta cuándo?

El norteamericano Joseph S. Nye, profesor de Harvard y teórico inventor del llamado soft power (poder blando o suave), sinónimo de persuasión, como opuesto al poder fundado en la coerción de la policía o la fuerza militar, considera que los dirigentes chinos están inquietos por sus reiterados fracasos en la utilización del poder más amable para ganar amigos y clientes en el extranjero próximo y lejano, a pesar de que invierten “miles de millones de dólares en una ofensiva del encanto” (New York Times, 18 de enero de 2012).

Los resultados de esas inversiones son decepcionantes. En vez de cautivar a sus vecinos y benefactores, China los asusta con su creciente poderío económico y militar. Una reciente encuesta de la BBC, citada por el profesor Nye, muestra que las opiniones sobre la influencia de China son positivas en gran parte de África y América Latina (la que gira en torno al eje de Chávez y Castro), pero predominantemente negativas en EE UU, Europa, India, Japón y Corea del Sur.

En realidad, los grandes esfuerzos de propaganda, como los Juegos Olímpicos (2008) o la Exposición Internacional de Shanghai (2010), fueron contrarrestados por la represión de las protestas en Tíbet o Xianjiang, la rutinaria persecución de los disidentes o el hostigamiento de los blogueros en la internet. Más de un  centenar de Instituto Confucio, para enseñar la cultura y la lengua china, se han instalado por el mundo en el último decenio, pero no pueden liberarse del estigma de actuar además como plataformas de propaganda política y tapaderas del espionaje.

El nuevo año chino del Dragón, que se inaugura la semana próxima, transcurrirá muy probablemente bajo el signo aciago del rigor ideológico y policial, bajo las medidas de excepción que presagian las pugnas soterradas previas a la celebración del 18 congreso del Partido Comunista (PCCh) y el relevo en la cúpula dirigente. Está previsto que el presidente Hu Jintao entregue el poder supremo al vicepresidente Xi Jinping, representante de la cuarta generación de líderes desde la implantación del régimen comunista en 1949.

El premio Nobel de la Paz de 2010, el profesor Liu Xiaobo, sigue encarcelado, y uno de sus amigos, el escritor Yu Jie, luego de haber sido escarnecido e incluso torturado en las mazmorras de la policía política, acaba de elegir, como tantos otros, el camino del exilio en EE UU. En una conferencia de prensa ofrecida en Washington el 18 de enero, Yu aseguró: “He sufrido torturas físicas y psicológicas, me han drogado y apaleado hasta perder la conciencia, me dieron casi por muerto.” Yu, su esposa y su hijo de 3 años llegaron a EE UU el 11 de enero.

Yu Jie en Washington, 2012

Yu Jie era uno de los críticos más lúcidos y persistentes del régimen. Publicó en Hong Kong un panfleto contra el primer ministro, Wen Jiabao, titulado El mejor actor de China, y provocó las furias del partido en 2005 al declarar: “Nosotros criticamos el santuario de Yasukuni [donde los japoneses honran a sus héroes de la guerra mundial], pero tenemos la gran estatua de Mao Zedong en el centro de Beijing, que es como nuestro Yasukuni, y esto es así porque Mao Zedong mató a más chinos de los que mataron los japoneses.”

Como se recordará, el premio Nobel Liu Xiaobo cumple una condena de 11 años de prisión por “subversión contra el Estado” después de redactar un manifiesto conocido como Carta 08 en el que varios intelectuales y artistas reclamaron reformas democráticas y el respeto de los derechos humanos.

Pocos disidentes escapan a la vigilancia y los acosos de la policía. Según leo en Le Monde, el abogado Gao Zhisheng está en prisión, y el militante ciego Chen Guangcheng, en residencia vigilada. El polifacético artista Ai Weiwei, asesor artístico en la construcción del Nido de Pájaro, el estadio de Beijing para los JJ OO,  ha sido detenido e interrogado varias veces desde que en 2010 denunció la mala calidad de la construcción de las escuelas destruidas por el terremoto de Sichuan, consecuencia de la corrupción reinante en el PCCh.  El veterano disidente Zhu Yufu está procesado por haber escrito en poema en 2011 que fue considerado subversivo por las autoridades.

Los dirigentes de Beijing siguen empecinados en la falsa creencia de que su respetabilidad internacional es compatible con el encarcelamiento de disidentes y la persecución sistemática de los defensores de los derechos humanos. Cuando se den cuenta del error y rectifiquen, quizá habrá llegado el momento de que China y su civilización milenaria ocupen el lugar que merecen en el concierto de las naciones. La Televisión Central de China ya no podrá aburrirnos con sus telenovelas paleocomunistas y la cruda propaganda política de sus boletines de noticias.

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Responses

  1. Completamente de acuerdo. El aluvión de impresiones contradictorias que le caen a uno en tromba con solo poner el pie en el aeropuerto de Pekín, es difícil de digerir y procesar mentalmente. Sobre todo si al mismo tiempo hay que hacer esfuerzos por respirar y no morir en el intento.
    Pero, ¿cómo puede un gigante así hacer una transición política sin perder el minimo control de la situación que debe tener un Estado? Son unas magnitudes, en todo, apabullantes. ¿Lo hicieron mejor en la URSS al acometer primero una apertura política?

  2. […] comentar mi último post sobre China, el letrado y amigo Fernando Revueltas se preguntaba: “¿Lo hicieron mejor en la URSS [que en […]


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