Posteado por: M | 25 enero 2012

Cuba, un Estado fallido

La brutalidad del poder despótico, el miedo que genera, la ruina económica y los riesgos letales que corre la disidencia, en forma de exilio o muerte, condicionan la vida de los cubanos desde hace más de 40 años, desde que la revolución arrojó la máscara y los hermanos Castro se afianzaron en la cúspide de una oligarquía de hierro, cruel y depredadora, vigilante y carcelaria, pero incapaz de cumplir con el mínimo de funciones que justifican la existencia del Estado. Cada vez que muere un disidente en la cárcel, tenemos que repetir la letanía del oprobio e insistir sobre la rotunda falsedad y el engaño de las reformas que el régimen propone.

La última víctima es Wilman Villar Mendoza, de 31 años, carpintero y albañil, que murió el 19 de enero, en un hospital de Santiago de Cuba, tras una huelga de hambre de 56 días que inició el 24 de noviembre, cuando fue condenado en un juicio sumario a cuatro años de prisión por “desacato, resistencia a la autoridad y atentado”. Los médicos del hospital alegaron ante la familia que había muerto de neumonía, pero otros disidentes achacaron la enfermedad a que había permanecido desnudo en una celda de aislamiento entre ratas y cucarachas. Todo el horror del sistema que emerge periódicamente a la superficie y confirma su impiedad.

Wilman Villar, miembro de la Unión Patriótica de Cuba, un grupo de oposición pacífica, es al menos el segundo preso político que muere de huelga de hambre desde que en 2006 el presidente Raúl Castro heredó el poder máximo de su hermano Fidel, valetudinario caudillo de la satrapía. La anterior víctima fue el también disidente Orlando Zapata Tamayo, que falleció el 23 de febrero de 2010, en un hospital de La Habana, luego de una huelga de hambre de 85 días en protesta por las infrahumanas condiciones carcelarias.

Según consta en los anales luctuosos de Cuba, el primer disidente que sucumbió en las mazmorras del régimen fue Pedro Luis Boitel, el 25 de mayo de 1972, en la prisión Castillo del Príncipe, de La Habana, tras una huelga de hambre de 53 días y 11 años de prisión. Con el paso del tiempo, Boitel, luchador contra la dictadura de Batista, pero represaliado por Castro, se convirtió en un mártir de la libertad, una figura legendaria de la resistencia frente a la opresión.

El valeroso periodista Guillermo Fariñas, que hace campaña por la liberación de todos los presos políticos, y que se niega a salir de Cuba, como le instan sus carceleros, se halla de nuevo en el hospital por haber reanudado su huelga de hambre. Su situación médica es tan crítica que ha merecido el dudoso honor de aparecer en las páginas de Granma, el diario oficial del Partido Comunista (PCC), en una entrevista con el médico que le atiende.

Como es habitual, el castrismo suele añadir a la cárcel la infamia, la injuria y la denigración. Con el mismo descaro que cuando se produjo la muerte del preso político Orlando Zapata, en febrero de 2010, el gobierno cubano declaró que Villar era “un preso común”, no un disidente, y que tampoco era cierto que hubiese mantenido una huelga de hambre. Así se pretende falsificar la historia. También sostuvo que su condena de cuatro años de cárcel se debió a una agresión física contra su esposa, la también opositora Maritza Pelegrino, militante de las Damas de Blanco, con la que tiene dos hijas, y a que forcejeó con la policía cuando ésta trató de detenerlo.

“Resulta inquietante la cantidad de muertes evitables ocurridas bajo la administración del general Raúl Castro –declaró Elizardo Sánchez, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), ilegal pero tolerada–. Todas son responsabilidad jurídica, política y moral del gobierno de Cuba”. José Daniel Ferrer, correligionario de Villar, sentenció que la muerte de éste “es un crimen más de la tiranía”.

El régimen considera que los disidentes y en general los opositores son mercenarios al servicio de EE UU, su enemigo político y su pretexto universal para justificar todo lo injustificable, desde la miseria económica a las celdas de castigo del gulaj tropical y el aislamiento internacional. Ahora, el castrismo en sus postrimerías se desgañita también contra la Unión Europea (UE), caída ésta en el escepticismo más absoluto tras comprobar la escasa influencia de su estrategia de mano tendida o de mirar para otro lado en su pretensión de mitigar ya que no eliminar los rigores de la dictadura.

El viraje de la política de España

La política de paños calientes e incluso de comprensión hacia la dictadura, el fomento de la apatía o la complicidad con los desmanes de la dictadura, en connivencia con algunos medios de comunicación de la izquierda más primitiva, como la defendida con ahínco digno de mejor causa por el gobierno de España de Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Moratinos, tiene cada día menos partidarios en Europa y, por supuesto, en EE UU. El portavoz de la Casa Blanca deploró la muerte “sin sentido” del disidente cubano y urgió al régimen a que permita la visita de observadores extranjeros a sus cárceles, donde se pudren más de 50 presos de conciencia a pesar de las últimas liberaciones y expulsiones hacia España.

Las últimas 52 excarcelaciones de disidentes se produjeron entre julio de 2010 y abril de 2011, luego de un penoso y controvertido diálogo entre la Iglesia católica cubana, que dirige el cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana, y el gobierno de Castro con el respaldo de Rodríguez Zapatero y Moratinos.  La mayoría de los excarcelados lo fueron a condición de que se trasladaran a España, donde quedaron sometidos a un estatuto de residencia y restricciones que muchos de ellos consideran humillante por no reconocerles su condición de exiliados políticos.

En esta ocasión, el viraje español resultó contundente. La vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, expresó el 20 de enero “la consternación” del Consejo de Ministros ante la muerte de Villar e instó al régimen castrista a “liberar a todos los presos políticos”, mientras que el ministro de Exteriores, García-Margallo, transmitió por teléfono sus condolencias tanto a los familiares del disidente como a la presidenta de las Damas de Blanco, Berta Soler.

El diario Granma, con su cinismo proverbial, arremetió contra “algunas autoridades españolas y de la Unión Europea [que] se apresuraron a condenar a Cuba sin intentar siquiera informarse sobre el tema”, y añadió que los que critican a Cuba “usan siempre y de antemano la mentira”. Y como es inevitable, la guinda ritual contra el imperio del norte: “No podía faltar en esta campaña el gobierno de Estados Unidos, principal instigador de cualquier esfuerzo por desacreditar a Cuba, con el único propósito de justificar su política de hostilidad, subversión y bloqueo económico, político y mediático contra el pueblo cubano.” Otra vez la falsificación de la historia.

Como ya escribí cuando la muerte de Orlando Zapata, el régimen y sus esbirros, incluido el ejército de chivatos, no descansa, como en la pesadilla de Orwell. Ahora como entonces, la policía política emprendió la detención de varios disidentes y estableció un verdadero estado de sitio para impedir cualquier manifestación de condolencia y protesta en el entierro de Villar. La maquinaria represiva está bien engrasada, juega con ventaja y brutalidad, de manera que los disidentes se ven continuamente asaltados por la desesperación como única salida.

Sobre esa desesperación de los disidentes se explaya Alejandro Armengol en un artículo inserto en El Nuevo Herald, periódico en español que se edita en Miami, en el que puede leerse: “Otro importante factor que demora o impide un movimiento espontáneo de protesta masiva es la apatía y desmoralización de la población. La inercia y la falta de esperanza en los habitantes del país. Su falta de fe en ser ellos quienes produzcan un cambio.”

“La impresión que tengo es ominosa, como si el país hubiera sido golpeado por una catástrofe. El abandono y la más profunda crisis se respiran en el ambiente. Cuba está mal”, resume sus primeras impresiones el escritor José Manuel Prieto en un magnífico reportaje publicado en el número de noviembre de 2011 de la revista mexicana Letras Libres (aparece en su edición mexicana, pero, extrañamente, no en la española). Una crisis que se prolonga, al menos, desde que la caída de la URSS acabó con las subvenciones soviéticas.

A pesar de todos los desastres acumulados, de la extrema penuria económica, y ante los cambios introducidos a favor de los cuentapropistas (los autorizados a trabajar por su cuenta), observa Prieto con prudente optimismo “las primeras etapas del desmantelamiento de ese Estado tentacular” y por esos titula su reportaje: “Un Estado en retirada”, aunque añade que se trata de “una retirada organizada” porque el partido comunista debe permanecer en el poder “para salvaguardar las conquistas de la revolución”.

“¿Cómo muere un Estado totalitario, como se pone fin al totalitarismo?”, se pregunta Prieto. En su opinión, los dirigentes cubanos y en general la nomenklatura del partido desean una salida según el modelo chino o vietnamita, en el que las  reformas económicas se hacen compatibles con la preservación del sistema político de partido único. Pero el socialismo de mercado o capitalismo estatal que funciona eficazmente en Asía, quizá no puede adquirir carta de naturaleza en Cuba, tan lejos de Dios y tan cerca de EE UU, como lamentaba el mexicano Porfirio Díaz.

Aunque Prieto regresó de La Habana a Nueva York, donde vive, “con el sentimiento de que esta vez no habrá marcha atrás”, quizá porque la penuria y el cuentapropismo han ido demasiado lejos, no existe ningún dato objetivo que mitigue la desesperanza. El país malvive del turismo y de las remesas de los casi dos millones de exiliados. El socialismo sólo acumula fracasos y ha creado una situación del mundo al revés, ineficaz y desesperante, sin otra ideología que el cinismo oligárquico. Cuba es un Estado fallido con una fachada decrépita de vigilancia paranoica y administración selectiva de la miseria y el terror.

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Responses

  1. Por el respeto que me produce usted y porque creo que su interés en escribir e informar es limpio, leo este artículo con ojo crítico pero con confianza. No puedo decir lo mismo, y espero que me entienda, cuando leo, escucho o veo informaciones cuyo origen está en la Casa Blanca, el Parlamento Europeo y otras instituciones gubernamentales que usan el doble rasero en su política internacional. Que por ejemplo Estados Unidos critique a las cárceles, presos y condiciones en que están en Cuba me parece muy hipócrita, habido el caso del ex soldado Manning o, sin ir más lejos, el de la cárcel de Guantánamo, más propio de una novela de Kafka que del mundo democrático y pacífico que el discruso estadounidense promueve.

    Trabajo en la CEPAL y en mi día a día leo y contrasto datos acerca de la realidad social de los distintos países de América Latina y el Caribe. No quito veracidad a sus palabras pero no miento si digo que Cuba supera al resto de países de la región en materia de protección social, a pesar de que su PIB es reducido. Mi duda: cómo cree que estaría hoy Cuba si hubiera seguido el curso de países vecinos como Honduras, Salvador, Haití, Puerto Rico, …?


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