Posteado por: M | 28 febrero 2012

Clinton protege al Marruecos oficial

Las reformas constitucionales en Marruecos y la formación de un gobierno dirigido por un islamista, en consonancia con los resultados de las elecciones generales del 25 de noviembre de 2011, no han alterado sustancialmente  la estructura del poder político, dominado por rey Mohamed VI y el Majzen (la camarilla palaciega), ni han servido para abordar con determinación los ingentes problemas económicos y sociales del país. El Movimiento del 20 de Febrero, emparentado con las revueltas árabes, ha cumplido el primer aniversario sin que sus protestas y movilizaciones modifiquen la morosidad del gobierno y las expectativas de la población, salvo en la agitada ciudad de Taza, donde se suceden los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes desde el 4 de enero.

La reciente visita a Rabat de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, además de confirmar las tradicionales buenas relaciones de Washington con el palacio real, puso de relieve, ante todo, la dualidad del poder: el primer ministro islamista, Abdelila Benkiran, que dirige un gobierno de coalición nada menos que de 31 ministros, compite incluso en las cuestiones protocolarias con los consejeros del rey que forman una especie de gabinete en la sombra y siguen controlando los resortes de la seguridad, económicos y diplomáticos.

Hillary Clinton y Mohamed VI

El domingo 26 de febrero, la secretaria norteamericana de Estado se reunió con el consejero real Taib Fassi Fihri antes de hacerlo con su homólogo marroquí Saad Dine el Otmani, como si quisiera subrayar que el poder radica más en el palacio real que en los ministerios, lo que es obvio para cualquier marroquí medianamente informado. Un gobierno de coalición prácticamente paralizado y cada día más alejado de las demandas populares.

Hillary Clinton y Taib Fassi Fihri

Hillary Clinton mantuvo una entrevista muy cordial, a juzgar por las fotografías y las sonrisas, con Mohamed VI, pero no consta que ambos abordaran el vidrioso asunto de la situación de los derechos humanos en Marruecos, pese a que la organización norteamericana Human Right Watch recordó en un comunicado que la policía marroquí encarcela a las personas por motivos políticos, cierra periódicos, controla férreamente la televisión y acosa a los periodistas que osan denunciar la arrogancia del poder.

Según leemos en la web demainonline –la oposición escrita se refugia en el ciberespacio–, “la señora Clinton hizo saber a todo el mundo que EE UU bendice las reformitas de Mohamed VI y no presta la menor atención  a los que dicen que la pretendida democratización de Marruecos es una estafa más del Majzen”, la tenebrosa organización palaciega que controla el mayor emporio empresarial del país. Según el periodista Alí Lmrabet, que vivió algún tiempo en Barcelona, “los consejeros del rey maniobran para que el jovial barbudo [jefe del gobierno] muestre los dientes, amenace y ejecute” la órdenes de rigor. Como ha ocurrido siempre.

Otro periodista, Thami Afailal, aprovecha la oportunidad para recordar en la misma web que “fueron los servicios secretos del departamento de Estado, durante la presidencia de Bill Clinton, los que dirigieron la detención en EE UU de Hicham Mandari (el difunto protegido de Mohamed  Mediouri, cuando amenazaba a Hasan II con revelar sus secretos de alcoba, de asesinatos y dinero”. Mediouri fue guardaespaldas real y amante de la esposa del rey, Lalla Latifa, con la que se casó al quedar viuda. El matrimonio vive desde hace muchos años en París, donde reciben con frecuencia la visita de su hijo, Mohamed VI.

Lo más llamativo del viaje a Rabat fue que Hillary Clinton anuló en el último momento su reunión con representantes de la sociedad civil marroquí, concertada precisamente para tener una idea de la situación en el país no recogida o falseada por el discurso oficial. No se sabe y probablemente no se sabrá nunca si la anulación del encuentro fue debida a las presiones de palacio, pero el desplante da pie para que algunos comentaristas recuerden las excelentes relaciones que los esposos Clinton mantienen desde hace 20 años con los dirigentes árabes más conservadores, lo que cayeron por la cólera popular y los que sobreviven con el respaldo de Washington.

Las revueltas árabes no han podido cambiar el sombrío panorama. El secuestro de las libertades, la corrupción y las injusticias más flagrantes están a la orden del día en todos los países del norte de África y el Próximo Oriente. Ciertamente, las monarquías protegidas por EE UU –Marruecos, Arabia Saudí, Bahréin o Qatar— capearon mejor el temporal a través de reformas homeopáticas o cosméticas y una represión más flexible, pero suficiente para calmar las iras populares. La retórica del régimen sigue anclada en la consigna estéril de “reformas con estabilidad”.

Marruecos aprobó una nueva Constitución, sometida a referéndum en julio de 2011, y los islamistas más integrados en el sistema, los del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), fueron los vencedores en las elecciones parlamentarias del 25 de noviembre, pero la frustración popular, que se expresa a diario entre los jóvenes, aunque a una escala controlable, amenaza la estabilidad del reino. Los otros tres partidos integrados en la coalición gubernamental son formaciones de notables que tienen fuertes vínculos con el palacio real.

“La primera cuestión es la de saber si se va a producir un verdadero viraje en el equilibrio de poder entre el rey y las instituciones políticas”, se pregunta la especialista norteamericana Marina Ottaway. La respuesta es que ese cambio sustancial no se ha producido en absoluto, ni resulta previsible en las actuales circunstancias. La historia de Marruecos desde su independencia en 1956 se confunde con la manipulación política por parte del rey de unos partidos políticos de derecha e izquierda que carecen de fuerza o de convicción para concebir una transición hacia la democracia. Sólo un estallido social imprevisible podría convencer al monarca y a la clase política de la urgencia de algunos cambios reales.

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