Posteado por: M | 29 marzo 2012

Luces y sombras de Benedicto XVI en Cuba

Si repasamos someramente lo ocurrido en Cuba durante los últimos 14 años, los que median entre las visitas de Juan Pablo II en 1998 y la de Benedicto XVI, encontramos pocos motivos para la esperanza laica de una evolución de la dictadura cubana hacia la tolerancia ya que no directamente hacia la libertad. El balance es desolador: 14 años de continuada represión, de exilio para los que no aceptan la mordaza del sistema y de intentos fallidos por enderezar una economía agonizante. La exhortación del Papa en pro de “una libertad auténtica” para construir “una sociedad abierta, renovada y reconciliada” no suscitó ningún eco en la dirección comunista, pues el vicepresidente, Marino Murillo, se encargó de disipar cualquier equívoco: “En Cuba no habrá reformas políticas.”

Raúl Castro y Benedicto XVI en Santiago de Cuba

Quizá la jerarquía de la Iglesia y parte de los católicos cubanos se sientan fortalecidos en su fe, pero los ciudadanos en general seguirán sometidos, no se sabe por cuánto tiempo, a un régimen aparentemente  inmóvil de despotismo, vigilancia y pobreza. La muy parca liberalización de la economía sólo sirve para aliviar las tensiones sociales y suministrar oxígeno a un sistema tan decadente como ineficaz. Por el momento, sin embargo, al menos aparentemente, ninguna grieta en la ciudadela castrista-comunista.

Las expectativas de la población han disminuido enormemente porque el hilo de la historia inmediata se repite –la visita papal y la respuesta obsequiosa e interesada de un régimen cruel—, pese al intercambio de papeles de la dinastía comunista entre los hermanos Fidel y Raúl Castro en 2008. Algunos disidentes incluso vieron como su situación empeoraba en los tiempos recientes por el empeño del régimen en reprimir o silenciar cualquiera protesta que pudiera perturbar la fiesta otorgada al pueblo para realzar los actos del Papa en Santiago y La Habana. ¡Para mayor gloria del régimen!

Elizardo Sánchez, el veterano presidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), defensor de una transición pacífica, que vive bajo constante vigilancia policial, elogió la visita y las intenciones del Papa, pero dejó bien sentado que “el gobierno carece de voluntad política para hacer los cambios que Cuba necesita”. El régimen ha hecho del “respeto mutuo” el leitmotiv de la visita papal.

La evolución del régimen resulta imperceptible, como lo prueba el hecho de que Benedicto XVI concluyera su visita en el tono más oficial posible, recibiendo a Fidel Castro en la nunciatura apostólica, sin conceder a las Damas de Blanco el minuto de audiencia que estuvieron demandando con tanto ahínco como riesgo para recibir su bendición y entregarle una lista de presos políticos que el gobierno se empecina en negar por considerarlos delincuentes comunes o espías de EE UU.

La célebre bloguera Yoani Sánchez, residente en La Habana, cuya escritura en internet es un acto de heroísmo y una milagrosa ventana de libertad, se refirió al pesimismo que corroe a la desarmada y hastiada sociedad cubana, al muy escaso interés que generaba la visita del Pontífice, y lo hizo con bellas palabras: “A finales de los 90, Karol Wojtyla nos inspiraba la esperanza, pero ahora, en 2012, el cinismo nacional conspira contra el entusiasmo.” El post fue publicado en la revista norteamericana Foreign Policy el 23 de marzo.

Yoani Sánchez es la autora del blog Generación Y  y ha publicado recientemente el libro titulado en inglés Havana Real, con sus impresiones sobre la actualidad. A pesar de la censura, esta joven licenciada, de 36 años, consigue insertar en internet mediante el envío de sus artículos y noticias a varios amigos que se encuentran fuera de Cuba, los cuales, a su vez, los colocan online. El blog está disponible en la red en 17 idiomas y constituye un éxito incontestable en la blogosfera. Los esbirros de la dictadura hostigan a la autora y siguen todos sus movimientos.

El régimen, su omnipresente policía política y los comités de defensa de la revolución (CDR) han logrado introducir la semilla de la discordia dentro de los fieles católicos, con una jerarquía que, en su defensa arriesgada de un poco de espacio para respirar, propende a la cooperación. “Cuando Benedicto XVI despegue del suelo cubano de regreso a la paz y la meditación de su Vaticano, dejará tras de sí un pueblo aún menos católico que el que dejara 14 años atrás su predecesor, Juan Pablo II”, escribe la exiliada Miriam Celaya, en una irritada diatriba contra la jerarquía católica de la isla.

Disidentes y católicos

La Iglesia católica tiene también sus disidentes, algunas personalidades –el presbítero José Conrado Rodríguez y los laicos Osvaldo Payá y Dogoberto Valdés– que no están en comunión con la línea conciliadora del arzobispo de la Habana, el cardenal Jaime Lucas Ortega Alamillo. Los portavoces de éste arguyen: “Hemos sobrevivido dos milenios a pesar de las peores dificultades, de manera que ahora no podemos tener prisa.” Olvidan, desde luego, que la historia de la Iglesia de Cristo está empedrada de mártires, de ejemplos sublimes de profecía y sacrificio, y de supervivencia en las catacumbas.

En vísperas de la visita papel, las declaraciones del cardenal Ortega a L´Osservatore Romano, el órgano oficial del Vaticano, en las que describió una Cuba inexistente o utópica, sin presos políticos y sin miseria económica, cayeron como una afrenta en los círculos de la disidencia más expuestos a la represión política.

El padre José Conrado Rodríguez, que estuvo estudiando en España (1996-1997), conocido como “el cardenal del pueblo”, alcanzó notoriedad por sus cartas de protesta a los Castro, primero a Fidel, y en 2009, a Raúl, para quejarse de que “las dificultades de cada día se tornan tan aplastante que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza (…) y el sentimiento generalizado de indefensión”. Rodríguez también criticó al cardenal Ortega, “porque no está saliendo a la palestra”, según un cable diplomático de EE UU dado a conocer por WikiLeaks.

Osvaldo Payá, fundador del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), se opone al embargo de EE UU, no acepta ayudas externas y prefiere el compromiso a la confrontación, pero se muestra reticente cuando la jerarquía católica practica el pragmatismo en cuestiones que afectan a los presos de conciencia. Payá logró recoger 25.000 firmas para instar la celebración de un referéndum sobre las instituciones, fue Premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2002 y declaró recientemente que le alegraba el viaje de Benedicto XVI, pero que la visita no debería ayudar al gobierno “a aplicar un anestésico” a “las graves tensiones y sufrimientos” en Cuba.

En una entrevista telefónica con El Nuevo Herald, periódico de Miami, refiriéndose a la llegada de Benedicto XVI, Payá declaró: “Se espera que su visita sea de amor y liberación. Pero ese evento no puede sustituir al proceso de una democracia verdadera”, cuyo advenimiento se reputa muy improbable por no decir imposible mientras la vieja guardia comunista y los militares controlen todos los resortes del poder. Las conjeturas sobre la existencia de tensiones dentro de la jerarquía comunista forman una serpiente de verano que se arrastra perezosamente entre los grupos exiliados de Miami, a veces muy alejados de la cruda realidad de la isla.

Más polémica aún resulta la figura de Dagoberto Valdés, un laico comprometido que, a través de la revista Vitral, de la diócesis Pinar del Río, en el extremo occidental de la isla, criticó con frecuencia al gobierno cubano hasta que fue obligado a dejar la publicación en 2007, tras la jubilación de su protector, el obispo José Siro Rodríguez. Según otro de los cables divulgados por WikiLeaks, Valdés llegó a acusar al cardenal Ortega de estar en connivencia con el régimen comunista, pero aquél negó rotundamente que hubiera hecho ese comentario a los diplomáticos norteamericanos.

Una represión recrudecida

Ante la llegada del Papa, la oleada represiva comenzó el 13 de marzo cuando la policía detuvo y apaleó a 13 disidentes que se habían encerrado en la Basílica Menor de la Caridad de la capital, luego de que un representante de la archidiócesis habanera pidiera a las autoridades civiles que desalojaran a los ocupantes. Tras permanecer tres días en manos de la policía, los disidentes fueron liberados el 16 de marzo, presumiblemente en virtud de un acuerdo verbal del gobierno con la autoridad eclesiástica. Las informaciones no coinciden. Mientras el arzobispado afirma que los disidentes abandonaron el encierro pacífica y voluntariamente, éstos aseguran que fueron expulsados del templo por la fuerza y retenidos arbitrariamente por la policía.

Fue el comienzo de la llamada “limpieza ideológica”, paralela con la militarización. Numerosos disidentes fueron vigilados, detenidos y hostigados en los días previos a la llegada del Pontífice, en La Habana, Holguín, Guantánamo, Matanzas, Palma Soriano, Pinar del Río y Santiago, según el relato minucioso que Human Right Watch, organización defensora de los derechos humanos en todo el mundo, compuso con los testimonios de los perseguidos.

En un informe sobre la situación en isla, publicado el 22 de marzo, Amnistía Internacional, que investiga la situación de los derechos humanos en todo el mundo, denunció igualmente el recrudecimiento de la represión en los dos últimos años. “El bloqueo de las comunicaciones y la detención de más de 150 oponentes políticos es otro ejemplo de cómo las autoridades en Cuba desprecian completamente los derechos humanos”, aseguró Javier Zúñiga, asesor especial de la organización.

Las Damas de Blanco, casi todas ellas católicas, que luchan desde hace siete años por la liberación de los presos de conciencia, fueron interceptadas por la policía cuando iniciaban una marcha de protesta para rememorar la “primavera negra” de 2003, cuando el régimen encarceló por lo menos a 75 disidentes  (periodistas, defensores de los derechos humanos, líderes políticos) en aplicación de la draconiana ley sobre la seguridad del Estado. Tras la muerte del preso político Orlando Zapata Tamayo, en huelga de hambre, la mayoría de los represaliados desde 2003 fueron liberados en 2010, tras una mediación del cardenal Ortega, pero forzados al exilio y el silencio en España. Muchos disidentes reprochan al arzobispo que aceptara la condición del gobierno de que los liberados fueran enviados a España.

Durante las manifestaciones que llevaron a cabo el sábado y el domingo pasados (24-25 de marzo), unas 70 Damas de Blanco fueron detenidas por la policía en tres incidentes separados, pero quedaron en libertad 24 horas después, sin que se formularan cargos en su contra. A muchas de ellas se les impidió que entraran en la plaza de la Revolución para asistir a la misa del Papa el 28 de marzo.

Pastoral y diplomacia

La visita de Benedicto XVI a un país sometido a una dictadura ideológica desde hace más de medio siglo es un acto pastoral y diplomático de enorme complejidad, que responde a una estrategia de largo plazo, pero que se presta a la crítica y el sarcasmo. Pese a la contradicción esencial y dogmática que les separa, la Santa Sede y el régimen de los hermanos Castro parece que han creado una sociedad de beneficios mutuos. La primera consigue para el clero y los fieles unos espacios de libertad que hace pocos años eran impensables, mientras que el segundo gana algo de respetabilidad cuando se encuentra sumido en un ocaso vital e ideológico irremediable.

La Iglesia católica pretende aumentar los fieles, diezmados por el exilio, el ateísmo militante del régimen y el florecimiento de la santería, además de hacer frente a la competencia de las confesiones evangélicas norteamericanas que gastan mucho dinero y despliegan numerosos misioneros en todos los países de América Latina. Tras la visita de Juan Pablo II en 1998, la Iglesia católica y la dictadura comunista pusieron fin a la hostilidad recíproca que las había enfrentado desde 1959 e iniciaron una ardua y comprometedora cooperación. El Estado cubano, que se definía constitucionalmente como ateo, en 1992 pasó ser meramente laico.

El número de católicos en la isla es muy difícil de precisar: el régimen habla del 15 % de la población, incluyendo sólo a los que así lo declaran oficialmente, pero la jerarquía católica cifra en el 60 % de los 11,5 millones de habitantes (unos 7 millones) el número de bautizados y católicos potenciales. Entre los bautizados y que además recibieron una educación religiosa hay que incluir, desde luego, a los hermanos Castro. En todo caso, la Iglesia cubana es la única institución que dispone de una relativa autonomía dentro del sistema totalitario regido por el partido comunista (PCC).

Una vez más, Yoani Sánchez delimitó bien la situación de los fieles católicos en uno de sus posts: “Ahora, tener un cuadro con el Sagrado Corazón de Jesús no le cuesta el puesto de trabajo a nadie, pero creer que una Cuba libre es posible le hará sufrir la estigmatización y el calvario. Ya podemos rezar en voz alta, pero criticar al gobierno sigue siendo pecado, blasfemia.”

La Iglesia perseguida o del silencio pasó a ser una Iglesia tolerada desde 1998, que dispone de un seminario en La Habana y un centro cultural público (Félix Varela), pero cuya acción pastoral tropieza con muchas dificultades después de medio siglo de trepidante propaganda antirreligiosa. El cardenal Jaime Ortega se ha convertido en un interlocutor privilegiado del régimen, del que ha obtenido algunas concesiones para la mejora de la acción pastoral, aunque no hasta el punto de permitir la apertura de escuelas confesionales, como desea el Vaticano, o la publicación de algún periódico, o el nombramiento de capellanes en las cárceles.

En las actuales circunstancias, cuando el régimen comunista abre tímidamente un proceso de cambio económico para escapar del colapso, la diplomacia del Vaticano mantiene todos los puentes y reitera su condena del embargo norteamericano contra la isla, a la espera de una transición que se considera irremediable aunque tenga que esperar a la desaparición de los Castro. La Iglesia actúa en favor de los perseguidos, aunque sólo sea para sacarlos de las cárceles, y constituye el único consuelo para muchos de los afligidos por la penuria.

El portavoz vaticano, Federico Lombardi, declaró que la Iglesia no tiene por qué inmiscuirse en los asuntos legales o políticos, pero que puede actuar como un agente importante del cambio si aborda los problemas de Cuba con “realismo y humildad”, consciente de “su compleja historia”.

La respuesta negativa del régimen se produjo de inmediato. Marino Murillo, vicepresidente del Consejo de ministros, encargado de supervisar la reforma económica, replicó: “Estamos adoptando nuestro modelo económico, pero no estamos hablando para nada de reforma política.” Añadió que habían estudiado las variantes aplicadas en Rusia, China y Vietnam, pero explicó: “No quiero decir que vayamos a copiar automáticamente lo que hicieron otros”. Luego concluyó: “Lo que estamos haciendo es actualizar el modelo económico –un socialismo sustentable–, no estamos haciendo reformas políticas.”

El papa Ratzinger expresó con claridad su pensamiento antes de aterrizar en la isla. Conversando con los periodistas que le acompañaban en el avión, comentó que el comunismo había fracasado en Cuba, como en todos sitios, y ofreció la ayuda de la Iglesia para crear un nuevo modelo económico. El Papa añadió: “Hoy es evidente que la ideología marxista, tal y como fue concebida, ya no se corresponde con la realidad” y que, por lo tanto, es necesario buscar “nuevos modelos con paciencia y de manera constructiva”.

Misas en Santiago y La Habana

Tanto en Santiago como en La Habana, para no herir la susceptibilidad paranoica de los dignatarios del régimen, el Pontífice escogió cuidadosamente sus palabras. Nada que pueda interpretarse como una injerencia en los asuntos internos. El celo pastoral encubrió perfectamente los llamamientos para el cambio. En la plaza Antonio Maceo de Santiago, ante más de 200.000 cubanos, en la misa conmemorativa del 400 aniversario del hallazgo de la virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba y símbolo de la nación, el Pontífice proclamó:

“Ante la mirada de la virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamamiento [a todos los cubanos] para que den un nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión luchen por construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios.” Lo mismo que en su primer discurso, el Papa volvió a nombrar a los presos en su homilía: “He suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad.”

Tras proclamar que la Iglesia “renueva su compromiso de seguir trabajando sin descanso por servir mejor a los cubanos”, el Papa repitió con otras palabras el mismo mensaje para exhortar al cambio: “Queridos amigos, estoy convencido de que Cuba, en este momento especialmente importante de su historia, está mirando ya al mañana, y para ello se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes.”

El 28 de marzo, el último día de su estancia, en la misa en la plaza de la Revolución de La Habana, en presencia del presidente Raúl Castro y su gobierno, el Papa insistió en su idea de “construir una sociedad abierta, renovada y reconciliada”, una tarea que no debería verse obstaculizada por las limitaciones de “las libertades básicas” o por “la carencia de recursos materiales, una situación que empeora cuando unas medidas económicas restrictivas, impuestas desde fuera del país, injustamente perjudican al pueblo” (una alusión obvia al embargo de Washington).

Después de la misa multitudinaria, el Papa recibió en audiencia privada, en la sede de la nunciatura, al comandante Fidel Castro, el icono del régimen, con el que mantuvo “un animado diálogo”, según la expresión utilizada por el portavoz vaticano, y con el que intercambió algunas cortesías sobre la avanzada edad de ambos  (85 años). La audiencia duró media hora y se celebró con ayuda de un intérprete. Castro se interesó por los cambios litúrgicos y pidió al Pontífice que le recomendara algún libro para citarlo en las reflexiones que actualmente escribe sobre la situación internacional.

Benedicto XVI, por el contrario, se negó a recibir a una representación de las Damas de Blanco y otros disidentes que habían demandado insistentemente una audiencia, una negativa que se interpreta como una deferencia hacia sus anfitriones comunistas. La dictadura es muy intransigente en todo lo que concierne a los contactos de la disidencia con los representantes de otros países.

Durante su visita a Cuba en 1998, Juan Pablo II pronunció una exhortación que devino célebre: “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”. Aquel mensaje de libertad no se ha cumplido porque Cuba sigue encerrada en su régimen dictatorial, EE UU mantiene el embargo comercial y la mayoría de los países de Occidente no cree que el régimen castrista pueda superar su autismo político y su ineficiencia económica. También la visita de Benedicto XVI, con sus luces y sombras, corre el mismo riesgo de decepcionar a los cubanos y frustrar sus esperanzas de cambio.

Al rechazar cualquier reforma política, una vez más, el régimen sostiene que las tímidas reformas económicas podrán llevarse a cabo sin comprometer el monopolio del partido comunista en el ejercicio del poder. Algunos ministros aluden al ejemplo de China o Vietnam para justificar el camino emprendido y seguir rechazando la apertura política, pero probablemente se equivocan de continente. Los que no aceptan la mordaza están sometidos a una crudelísima opción: el silencio, la cárcel o el exilio. Cuando los Castro desaparezcan, la historia juzgará definitivamente.

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Responses

  1. ¡Gran análisis! Este Papa es tambien algo revolucionario,¡vamos,es de los mios!.
    Lean Vds: SARAMAGO EN MI MEMORIA. http://www.rfdiberia.com , Ahí escribo sobre ,tambien sobre:EL NACIONAL CATOLICISMO.
    ¡Un abrazo Don Mateo!


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