Posteado por: M | 30 junio 2012

La coalición de los acosados logra un respiro en Bruselas

Los lectores de este análisis podrán encontrar otras claves de la situación europea en general en el artículo que le precede, publicado simultáneamente y titulado “Casi todos contra Merkel“.

La enésima cumbre de la Unión Europea(UE) en medio de la tempestad económico-financiera concluyó en Bruselas el 29-30 de junio con un acuerdo de urgencia y de madrugada, como exige la tradición, para aliviar la situación de España e Italia, agobiadas por el peso de la deuda, y un mandato político de los 17 Estados de la eurozona para que las instituciones comunitarias profundicen hasta el mes de octubre en su propuesta para salvar la moneda común y alcanzar una federación económico-monetaria en un decenio. La ambiciosa y tal vez quimérica reforma debería sustentarse en cuatro pilares: unión bancaria, unión presupuestaria, unión económica y mejora de la legitimidad democrática.

Una vez más, la eurocumbre eludió y aplazó los grandes designios federalistas por la premura de la situación financiera en España e Italia, pero no cabe duda de que el pacto para la recapitalización directa de los bancos, la compra de deuda soberana y una supervisión común de los sistemas bancarios constituye una genuina zancada en el camino de la integración. A falta de conocer los detalles, que sin duda serán engorrosos, la impresión dominante en Europa y EE UU es que las decisiones adoptadas en Bruselas superaron las expectativas, al quebrantar, al menos sobre el papel, el círculo vicioso entre la deuda soberana y los bancos; pero son insuficientes para resolver los problemas estructurales que aquejan desde su nacimiento (1992) a la unión monetaria.

El cuanto al proyecto federalista (“Hacia una auténtica Unión Económica y Monetaria”), concebido por los más distinguidos eurócratas y presentado por el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, con el respaldo del presidente dela Comisión, José Manuel Barroso, y del presidente del Banco Central, Mario Draghi, los jefes de Estado y de gobierno dela UEse limitaron a concederse algún tiempo para la reflexión, tras un intercambio de impresiones y pareceres. Los proponentes deberán elaborar una hoja de ruta que será presentada en octubre.

Políticamente, la cumbre de Bruselas liquidó la tradicional alianza franco-germana, motor de la eurozona, y alumbró una coyuntural y arriesgada concertación entre Francia, Italia y España, que ya se venía gestando desde la llegada del socialista François Hollande a la presidencia, a pesar de que éste pretendió negar la evidencia con su declaración: “ni vencedores ni vencidos”. Esta situación embarazosa explica también que el  presidente español, Mariano Rajoy, fuera a remolque de Monti e hiciera todo lo posible por mantener una actitud de suma prudencia, habida cuenta de que es compañero de Merkel en el conglomerado ideológico del Partido Popular Europeo.

“…And the Winner is…Mario Monti”, como clama la prensa anglosajona. “Monti emergió como el indiscutible líder de las fuerzas pro crecimiento”, leo en el New York Times, que presenta al jefe del gobierno italiano como un tecnócrata de la globalización, “un táctico sagaz que cuenta con el apoyo del presidente Obama”, tan temeroso éste de que la recesión en Europa cruce el Atlántico y le haga perder las elecciones de noviembre próximo. Poco importa que Monti, que amagó con dimitir, llegara al poder de manera poco democrática, con el patrocinio y la bendición de Merkel, sin haber sido elegido, y mediante una maniobra insólita avalada por los diputados y senadores tras los escándalos y la dimisión de Silvio Berlusconi.

Según demandaba Rajoy, los bancos y cajas en dificultad podrán ser recapitalizados directamente por los fondos europeos –el nuevo mecanismo de estabilidad financiera– sin que tal operación aumente teóricamente la deuda del Estado. Ahora bien, el Eurogrupo impone para entregar el préstamo a plazos unas “condiciones estrictas”, que algunos tildan de draconianas, recogidas en las conclusiones finales de la cumbre. España, por lo tanto, tendrá que prolongar su particular régimen de austeridad y adelgazamiento.

Por lo que concierne a Italia, el país más endeudado de toda Europa, podrá beneficiarse de una intervención de los fondos de rescate para recomprar la deuda soberana, sin tener que pasar por un programa humillante de saneamiento bajo la tutela de la llamada troika (los hombres de negro) compuesta por los representantes dela UE, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI), como ocurrió en los casos de Grecia, Irlanda y Portugal.

Supervisión bancaria común

         Para convencer o forzar la mano de Angela Merkel, campeona de la austeridad y el rigor, tuvo que improvisarse una reunión restringida de los líderes de los 17 países de la eurozona para acordar el rescate directo de los bancos españoles, sin someterse a la intervención de la troika, aunque no podrá efectuarse hasta que entre en vigor una supervisión integrada del sistema financiero de la eurozona, tarea que será pilotada por el Banco Central Europeo, a finales de año. Este primer paso importante hacia la autoridad bancaria única, que entraña una cesión significativa de soberanía, otorga a Alemania, que ostenta la hegemonía financiera, la posibilidad de intervenir las economías de los países que se acojan a los programa de rescate.

Merkel no se dio por vencida, sino todo lo contrario, y la espada del rigor pende sobre los países deudores. “Nos mantenemos completamente en nuestro esquema actual de prestación y contraprestación, condicionalidad [con condiciones y requisitos] y control, y por tanto, creo que hemos hecho algo importante. Pero nos hemos mantenido fieles a nuestra filosofía de ninguna prestación sin contraprestación”, afirmó la cancillera en declaraciones a la prensa a su llegada a la segunda jornada de reunión de los jefes de Estado y de Gobierno dela UE en Bruselas, el día 29.

Esto quiere decir, desde luego, que la obtención del préstamo no será fácil y que los supervisores del BCE que llevarán a cabo el escrutinio de los bancos y cajas españoles con problemas, antes de entregar materialmente el dinero del rescate, podrán plantear exigencias muy duras en cuanto la viabilidad del prestatario. Los efectos pueden ser devastadores para el mapa bancario español, forzado también a la reducción, aunque el gobierno se sentirá aliviado al corresponder teóricamente al BCE la responsabilidad de la probable liquidación de algunas entidades ruinosas.

No obstante, España no puede cantar victoria. Aumentará su deuda, pública y privada, que ya se aproxima conjuntamente a los cuatro billones de euros, y cuyo pago se presenta harto problemático; y tendrá que realizar denodados esfuerzos para salir del círculo vicioso que ahora se pretende romper: la deuda del Estado es adquirida por los bancos nacionales y éstos, a su vez, quedan debilitados en sus balances e incapaces de superar de una vez por todas, sin hacerse el harakiri, las letales consecuencias de la burbuja inmobiliaria.

No obstante, la posición de Merkel parece haberse debilitado en Alemania, teniendo en cuenta que había descartado por completo las concesiones en vísperas del cónclave. El influyente semanario Der Spiegel sostuvo que las decisiones de Bruselas son “una dolorosa derrota” para la cancillera, luego de 15 horas agotadoras de negociación e incesantes idas y venidas de los actores principales. “Merkel se desploma”, tituló con notable hipérbole el popular Bild Zeitung, el periódico más vendido de Alemania.

En Francia, por el contrario, la prensa favorable a Hollande no ocultó su satisfacción: “La Europadel sur doblega a Merkel”, titulaba sin rebozo Le Monde, uno de los campeones de las llamadas políticas de crecimiento, pero censor implacable del rigor preconizado desde Berlín, como si fueran incompatibles o contradictorios. Los fondos dedicados teóricamente a la expansión (120.000 millones de euros) por el llamado pacto de Roma (Hollande, Monti, Merkel y Rajoy) hace tiempo que estaban previstos. Nadie está seguro, sin embargo, de que vayan a detener el paro galopante.

El cónclave de Bruselas resultó especialmente dramático porque Monti y Rajoy, que están con el agua al cuello, solidarios en la adversidad, decidieron bloquear el pacto para el crecimiento y el empleo (120.000 millones de euros), niña bonita del presidente francés, François Hollande, hasta que se adoptaran medidas urgentes para estabilizar la moneda única. Ante este desafío conjunto hispano-italiano, a la desesperada, como corresponde a dos potencias medias que esgrimieron la eximente del estado de necesidad, el presidente francés rompió el tradicional frente franco-germano y forzó una concesión mayor por parte de Merkel.

Nadie quedó completamente satisfecho, aunque todos los participantes lograron algunas pequeñas victorias parciales para presentar a unas opiniones públicas abrumadas por la duración y la profundidad de la crisis. Merkel se mantuvo inflexible sobre la principal demanda de Hollande: la mutualización de la deuda y la creación de verdaderos eurobonos. “La integración que sea necesaria y la solidaridad que resulte posible”, repitió el jefe del Estado francés. La cancillera reiteró su negativa, así en París como en Bruselas, y, por lo tanto, ni un paso más en la dirección ideal del federalismo.

Falta de sintonía entre Berlín y París

La primera explicación de lo ocurrido, que sin duda concede una tregua a los países del sur, los denigrados Pigs, con España e Italia al borde del abismo, es que la locomotora franco-germana está inmovilizada en medio de la tormenta. Siguiendo la tradición, Hollande y Merkel se reunieron en el Elíseo el día antes de la cumbre, pero no pudieron llegar a ningún acuerdo, ni repitieron la liturgia de la famosa “carta franco-alemana” que solía marcar en otros tiempos el curso de los acontecimientos. La desconexión o la falta de sintonía entre Berlín y París no auguran nada bueno para el proceso europeo de integración.

Como declaró el ex ministro francés de Exteriores, Alain Juppé: “Ella [Merkel] se mantuvo totalmente firme sobre la demanda fundamental de Hollande, a saber, la mutualización de la deuda y la creación de verdaderos eurobonos”. Francia, a su vez, es uno de los países que aún no han ratificado el tratado sobre la estabilidad, la coordinación y la buena gobernación en la eurozona, firmado en enero de este año, piedra angular de la diplomacia germana.

Esta cumbre de Bruselas no fue la primera ni será la última que se prolonga hasta la madrugada para salvar con un compromiso las profundas divergencias que se agitan en el seno de la Unión Europea. El aparente triunfo de una coalición de los débiles, de los deudores acosados por los mercados, de los que siguen su particular vía crucis de los sacrificios para la salvación económica, no debería hacernos olvidar que la cancillera alemana, tan estúpidamente vilipendiada, pero sin duda ejemplo de virtud, no ha dicho su última palabra.

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