Posteado por: M | 10 noviembre 2012

Tormenta en Washington por la caída del jefe de la CIA

 

Con su sorprendente dimisión como director de la CIA, el 9 de noviembre, alegando motivos personales (una relación adúltera con su biógrafa), el general norteamericano retirado David Petraeus, de 60 años, héroe de la guerra de Iraq, no sólo ha mancillado una brillante carrera militar, sino que ha puesto abrupto final a las especulaciones constantes sobre su eventual candidatura a la presidencia de EE UU bajo la bandera del Partido Republicano, siguiendo los pasos del general Eisenhower en 1952. Al mismo tiempo, el patrón de los espías enciende los focos de un apasionante relato de guerra, amor y espionaje que sin duda alimentará las crónicas y quizá la imaginación de algún novelista o productor cinematográfico.La dimisión de Petraeus, por motivos de “una relación  extraconyugal”, según su comunicado, arroja algo de luz y bastantes sospechas sobre uno de los misterios mejor guardados de la reciente campaña electoral, concerniente al ataque terrorista contra el consulado de EE UU en Bengasi, el 11 de septiembre, en el que fueron asesinados el embajador en Libia, Christopher Stevens, y otros tres diplomáticos. En un primer momento, la Administración de Obama, informada por la CIA, incluyó el incendio del consulado en las secuelas de la cólera islámica desatada por una película que se mofa de Mahoma, rodada en EE UU; pero a los pocos días acabó por admitir que había sido un ataque terrorista planeado por los secuaces de Al Qaeda.

Mitt Romney y sus partidarios utilizaron el desastre de Bengasi para criticar los fallos de seguridad y la ineficacia operativa, pero inopinadamente, en el tercer debate televisado entre los dos candidatos, dedicado a la política exterior, el asalto del consulado y el asesinato del embajador y tres diplomáticos no fueron ni siquiera mencionados, lo que condujo a los medios a interrogarse por los motivos del aspirante republicano para soslayar un tema polémico de probable impacto electoral. ¿Acaso Obama y Romney pactaron eludir ese asunto para no desvelar algunos problemas que afectaban a la seguridad nacional?

En cualquier caso, el asalto terrorista planea sobre la dimisión de Petraeus, habida cuenta de que la CIA había mantenido una misión secreta en el consulado de Bengasi, la plaza fuerte desde la que los rebeldes libios lanzaron el ataque final contra el régimen de Gadafi. Atacado con morteros por los islamistas, el edificio fue pasto del caos y las llamas el mismo día del aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono en 2001. Fue la CIA la que informó erróneamente a la Casa Blanca sobre las causas y la autoría del asesinato del embajador Stevens.

No obstante, el comunicado de dimisión emitido por Petraeus se limitó a señalar los aspectos personales del asunto, la infidelidad y el doble adulterio. Tras recordar que lleva 37 años casado con su esposa Holly, el general aseguró que el hecho de haber sido infiel muestra abrumadoramente que tuvo “muy poco juicio” y que se comportó de “manera inaceptable como esposo y como líder de una organización” de las características de la CIA, sobre la que recae gran parte de la responsabilidad de proteger exteriormente a la superpotencia.

La revelación de que el FBI inició una investigación secreta sobre el director de la CIA va a provocar, sin duda, una fuerte tormenta política en Washington, entre otras razones, por el tino de Obama para nombrar a sus más directos colaboradores, pero también por la polémica gestión de Petraeus y porque los comités de Inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes no fueron informados inmediatamente, como es preceptivo, quizá para evitar que el escándalo del espía jefe espiado enconara la campaña electoral. Cabe suponer que el adulterio del general no distraerá la atención de todas las preguntas pendientes de respuesta y que afectan a la seguridad nacional.

La mujer que se cruzó en el camino del general dimitido se llama Paula Broadwell, graduada de la academia militar de West Point, que pasó 15 años en las filas del ejército y ahora es una oficial en la reserva, bastante agraciada físicamente. Con facilidad para moverse en los ambientes militares, es autora de una hagiografía de su amante, publicada este año y titulada All In: The Education of General David Petraeus (Todo sobre la carrera del general David Petraeus), que escribió tras pasar varias temporadas en Afganistán, entrevistando al entonces comandante en jefe, con el objetivo añadido de redactar una tesis doctoral. Broadwell también está casada y tiene dos hijos.

El FBI descubrió la relación extraconyugal al vigilar el correo electrónico del general, luego de haber tenido conocimiento de que Broadwell disponía de algunas informaciones profesionales y confidenciales comprometedoras. El FBI comenzó hace varios meses la investigación de “un asunto potencialmente delictivo” que en principio nada tenía que ver con el general Petraeus, pero en el curso de las pesquisas se descubrió que un ordenador personal de aquél había sido utilizado por otra persona, con riesgo evidente para la seguridad nacional. El doble uso del ordenador fue lo que llevó a los agentes a descubrir la relación íntima de Petraeus con su biógrafa, así como otras cuestiones relevantes para la seguridad que no han trascendido.

Hace dos semanas que los investigadores del FBI se entrevistaron con el general para discutir la situación, pero probablemente la dimisión de éste fue aplazada para no interferir en la recta final de la campaña electoral. Ni siquiera fueron informados, como es preceptivo, los comités de Inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes. Según informaciones periodísticas, Obama trató de retener al general antes de rendirse a la evidencia de que su dimisión era inevitable. En un primer momento, los principales medios norteamericanos no lograron encontrar a Broadwell para completar el relato de lo ocurrido.

Petraeus es el general más célebre y condecorado, un intelectual de uniforme, con experiencia tanto en el frente de batalla, al mando de la famosa división 101 aerotransportada, como en las oficinas del estado mayor, como estratega del famoso surge, o aumento temporal de tropas en Iraq, a partir de finales de 2007, que redujo considerablemente la violencia y sentó las bases para la retirada del cuerpo expedicionario. La estrategia exitosa de contrainsurgencia puso más énfasis en la protección de las poblaciones civiles, implicando fuertemente a los responsables locales, que en el combate directo contra el enemigo.

Petraeus fue nombrado director de la CIA en abril de 2011, pero no tomó posesión hasta septiembre del mismo año, después de su regreso de Afganistán, donde había actuado como comandante en jefe de la Fuerza Internacional para la Asistencia a la Seguridad (ISAF) desde julio de 2010. También fue jefe de la Fuerza Multinacional en Iraq, desde enero de 2007 hasta septiembre de 2008, y entre octubre de 2008 y junio de 2010 ejerció el mando del Comando Central de Estados Unidos.

La experiencia indica que Obama no tiene mucha sintonía con sus generales. El general Stanley McChrystal, que mandaba las tropas en Afganistán, se vio forzado a dimitir en 2010 tras haber criticado en una revista la estrategia seguida por la Casa Blanca. Las tensiones entre el presidente y Petraeus a propósito del aumento de tropas en Afganistán también llegaron a los medios. Durante una visita a Iraq en 2008, en plena campaña electoral, Obama tuvo “un saludable debate” con Petraeus sobre el nivel de las tropas norteamericanas en aquel teatro de operaciones. Por todo eso y también por sus evidentes simpatías hacia el Partido Republicano, resultó sorprendente su nombramiento como director de la CIA.

La dimisión de Petraeus, un general con ambiciones políticas, puso en marcha la máquina de los rumores en que suele convertirse el mundo oficial de Washington cuando se trata de escudriñar en la vida privada de sus estrellas. Después de los devaneos de John Kennedy Bill Clinton en la misma Casa Blanca, la dimisión del general citando reparos morales suscita un amplio escepticismo. Las hipótesis son innumerables, desde la rivalidad entre militares a la indiscreción del marido ofendido o el temor de un chantaje. Entre la lista de debilidades de los espías que pueden ser explotadas por sus enemigos figuran la ideología, la codicia, las deudas y la infidelidad. La desgracia del general Petraeus no termina evidentemente con su dimisión, pero si le aleja definitivamente de las ambiciones políticas.

 

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  1. Mateo un análisis muy completo como siempre, ya que los motivo morales como bien dices suscitan “escepticismo”


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