Posteado por: M | 10 diciembre 2012

El populismo y el calvario médico de Chávez

La salud del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, se deteriora de nuevo, debido al cáncer que le corroe desde mediados de 2011, pero el populismo sedicentemente bolivariano goza de una asombrosa vitalidad. Bastó que el caudillo venezolano anunciara la nueva estación del calvario que le conduce a La Habana, y lo hiciera a través de la televisión, su inseparable instrumento de propaganda, para que se dispararan todas las alarmas mientras las calles de Caracas se llenaban de gentes piadosas, entristecidas y desamparadas que rezaban por su salud y reclamaban perentoriamente su recuperación.

 

El populismo latinoamericano, una categoría política tan execrable como antigua y persistente, se basa en una simplificación ideológica y un mecanismo perverso que establece una relación privilegiada, antidemocrática, incluso al margen de las leyes, entre el líder y el pueblo al que pretende pastorear. Esa relación especial con el pueblo –un concepto problemático que trasciende las clases sociales— permite al caudillo reafirmarse por encima o al margen de las instituciones, las libertades y las leyes. Nada de checks and balances, de equilibrios democráticos, sino el poder indiscutible del pueblo definido y guiado por el líder.

Para mantener esa relación privilegiada y casi mística del caudillo con todos los desheredados o descamisados se invoca un enemigo exterior (EE UU o el capitalismo supuestamente depredador, globalizado) y se utiliza sin freno la llamada política o estrategia del balcón o del ágora, ahora sustituidos por la pantalla del televisor, como exige la sociedad del espectáculo.

En el decálogo de rasgos del populismo latinoamericano, según fue codificado por el ensayista mexicano Enrique Krauze, figura en muy destacado lugar el monopolio o secuestro de la palabra por el líder, vehículo específico de su carisma. “El populista –señaló Krauze—se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo.” Por eso Chávez comunicó a sus gentes por televisión que deberá someterse a una cuarta intervención quirúrgica en La Habana, pero los venezolanos y todo el mundo seguimos sin saber el diagnóstico preciso del cáncer y el pronóstico de los médicos castristas.

Después de que Chávez anunciara su retorno a Cuba, el ex vicepresidente venezolano Elías Jaua, hasta hace poco mano derecha del caudillo, recurrió al manido populismo para proclamar con vehemencia que “ni Dios” podrá desviar el camino de la revolución bolivariana. Algo parecido a lo que dijo el catalán Artur Mas cuando aseguró, envalentonado, que nadie, ni los tribunales ni las leyes, podrían detener la marcha del pueblo catalán hacia el curalotodo de la independencia. “El populismo desprecia el orden legal” e invoca al pueblo de manera irrevocable, como un remedo de Fuenteovejuna, según dictamina Krauze

El problema del populismo, en cuanto método para someter a unas sociedades crecientemente complejas, pero aquejadas de alguna debilidad inconfesable, es que el caudillo no suele sobrevivir al “hecho biológico”, como decíamos los españoles en el ocaso del franquismo; es decir, a la muerte del dictador. La pretensión de Chávez de nombrar un heredero, en la persona del vicepresidente y canciller, el ex sindicalista Nicolás Maduro, llegado el caso encontrará graves obstáculos para afianzarse. El carisma no se transmite, salvo por vía marital, como en el caso de Cristina Fernández de Kirchner, la presidenta argentina que invoca constantemente a su difunto marido.

La única novedad bolivariana consiste en que, por tratarse de una recidiva insidiosa que dio pábulo a la voluntad sucesoria, podemos cavilar que la enfermedad es mucho más grave de lo que el mismo caudillo aseguraba apenas hace cuatro meses en plena campaña electoral para su reelección. El populista manipula y, en caso necesario, miente descaradamente. El 9 de julio último, al confirmar su candidatura, declaró que estaba “completamente libre” del cáncer. “Aquí  hay Chávez para rato”, gritaban sus ministros en los mítines y coreaba la plebe. El 7 de octubre fue reelegido presidente al derrotar por una amplia mayoría al candidato de la oposición unida, Enrique Capriles Radonski, en pavorosa desigualdad de oportunidades. La toma de posesión para el nuevo mandato de ocho años está prevista constitucionalmente para el 10 de enero próximo.

Con Chávez o con Maduro, la situación económica de Venezuela, el segundo exportador mundial de petróleo, empeora por momentos, cada día más dependiente de los ingresos por la venta de los hidrocarburos. Un reciente informe de Barclays Capital llega a la conclusión de que el país ha seguido “un camino fiscalmente insostenible” y que, por lo tanto, el ajuste doloroso se considera ineluctable, teniendo en cuenta la fragilidad del sector privado venezolano y la reluctancia de los mercados de capitales a prestar más dinero al caudillo aparentemente decrépito.

Las elecciones regionales del domingo próximo –para los gobernadores y los parlamentos de los estados federados– serán una ocasión perfecta para saber los efectos de la enfermedad del líder entre los electores, dos meses después de haberle otorgado el triunfo en las presidenciales. Capriles, por ejemplo, candidato de la coalición Mesa de la Unidad Democrática (MUD), trata de ser reelegido en el estado de Miranda frente al ex vicepresidente Elías Jaua, que sigue fiel a Chávez a pesar de haber sido preterido a favor de Maduro como sucesor.

La constitución venezolana prevé que en caso de que la jefatura del Estado quede vacante después de que el presidente cumpla sus primeros cuatro años en el cargo, el vicepresidente deberá asumir la magistratura vacante hasta completar el mandato de ocho años, un término sin precedentes debido a una revisión constitucional a la medida de Chávez. Pero si el presidente falleciera antes de tomar posesión o antes de cumplir la mitad de su mandato, el poder supremo será asumido por el presidente del Parlamento, Diosdado Cabello a la sazón, que deberá convocar elecciones presidenciales en el plazo de 30 días.

Cuando la gerontocracia cubana se debilita por causas también biológicas, la desaparición de Chávez crearía en América Latina un vacío ideológico y estratégico arduo de llenar. Crítico feroz del capitalismo y del imperialismo de EE UU, el caudillo venezolano multiplicó las maniobras y la connivencia con los regímenes apestados (Siria e Irán) para alterar las estructuras del orden internacional, sin conseguirlo; pero sí logró reunir a una serie de amigos y clientes –Bolivia, Ecuador y Nicaragua— que a través de la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba) actuaron de manera coordinada y desestabilizadora en las instituciones panamericanas. Todo ese programa radical y problemático está ahora pendiente de lo que ocurra en un hospital de La Habana.

 

 

 

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Responses

  1. De acuerdo en la caracterización del populismo bolivariano (y latinoamericano) y en el diagnósitico de la crisis económica venezolana, muy en la tradición de dependencia de las economáis petroleras, aunque me parece q se queda corto en el alcance de la corrupción del sistema. Los i9ngreoss petroleros le dan para sostener su po`pulismo social y su diplomacia, pero también para corromper todo el sistema. Todo eso es más o menos sabido por la historia, ensayos y literatura sobre ese tipo de populismos.recurrentes. Lo que no me deja atónito, por mucho que me resulte explicable, es la fascinación de cuierta izquierda por esos modelos. Conozco a basantes izquierdistas españoles (tipo Víctor Rúios y otros muchos) que siguen viendo en el populismo bolivariano la revolución pendiente.

    • Y que alternativas quedan? Volver al clásico sistema donde más de la mitad de la población pasaba hambre, carecía de todo tipo de atenciones sanitarias y nacian,vivian y marían analfabetos?

      • Hemos tenido tiempo y ocasión de conocer muchas alternativas, casi todas reovolucionarias. También lo eran las fascistas europeas de los años 30 del siglo pasado, como lo fueron las comunistas desde la leninista-estalinista, la maoista crítica con el revisionismo, la polpotista, la castrista y demás experimentos afines en Europa, Asia, Africa y América. Pensábamos que la consumación y con siguiente final de la utopía se complementaba con los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo, en el que encajaban los populismos (generalmente despóticos, caudillistas, militares y corruptos) con tal de que fueran antiimperialistas. Sin embargo, las injusticias, el hambre, la pobreza, el analfabtatismo y demás desigualdades lacerantes, no han sido resueltos por esos regímenes y modelos de modo estructural, en contra de lo que pretendíamos y suponíamos, con la agravante de que han acarreado situaciones de opresión y de sumisión ciudadana, cuando no totalitarismos, fundamentalismos y fanatismos, con una secuela de terror y sufrimientos sin parangón. Para mi, no hay más alternativa real y eficiente que la que surge de los ciudadanos y se asientan de modo inequívoco en su soberanía y en la ley democrática, que se supone es igual para todos y contradice culaquier cuadillismo y populismo. El punto de arranque fue 1789 y 1792 y han sido los movimientos sociales y ciudadanas (los de los derechos, civiles, etc.), no los eastatalistas, totalitarios y populistas, los que han llevado a cabo la verdadera revolución no solo del Antiguo Régimen sino del credo liberal. En el terreno de las ideas,. por ejemplo, han sido mucho constructivos los anarquistas que las ideologías de referencia de esos regímenes. Por otra parte, siempre hemos silenciado o descartado las críticas a esas alternativas, críticas que eran mucho más emancipadoras que las alternativas triunfantes, desde Rosa Luixemburg (por poner algún ejemplo) a Gramsci o Mariátegui. En cualquier caso, visto lo visto, las alrternativas no existen, se construyen. Esa es mi opinión, el parecer de un encariñado con el 15 M.


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