Posteado por: M | 3 enero 2013

Obama evitó el precipicio pero enconó los problemas

Bajo la amenaza de provocar una nueva recesión de consecuencias globales, las dos cámaras del Congreso de EE UU, con significativas diferencias, aprobaron el 1 de enero un proyecto de ley para evitar in extremis asomarse al llamado abismo o precipicio fiscal, pero no fueron capaces de resolver el problema, sino que simplemente lo aplazaron, de manera que las escaramuzas parlamentarias seguirán sin tregua en los próximos meses. Reina en Washington la mayor confusión política porque el acuerdo de última hora ha irritado tanto a un sector importante de los republicanos como a otro más reducido de los demócratas progresistas, con un trasfondo de voces relevantes que deploran la falta de liderazgo del presidente Barack Obama.

 

Los resultados de la votación en ambas cámaras confirman el clima enrarecido, de fuerte confrontación ideológica, que prevalece en Washington, ya que el presidente Obama, en contra de lo que lograron muchos de sus predecesores, no ha podido o no ha sabido articular una mayoría bipartidista moderada para sacar adelante sus proyectos, aunque rebajados en sus ambiciones, desde que en las elecciones parciales de noviembre de 2010 su Partido Demócrata perdió la mayoría en la Cámara de Representantes. Obama no ha sido el competente ingeniero que tiende puentes, sino más bien el líder de notoria parcialidad que encona, aun sin proponérselo, las posiciones del adversario. Un distanciamiento tan psicológico como ideológico, que invita al escepticismo al menos hasta las elecciones parciales de 2014.

En el Senado, la cámara de los patricios, la moderación y el pragmatismo, en la madrugada del 1 de enero y con dos horas de retraso, el compromiso alcanzado para eludir el precipicio fiscal recibió 89 votos a favor (de los 100 posibles) y sólo 8 en contra (5 republicanos y 3 demócratas), con tres abstenciones; pero unas horas más tarde, idéntico proyecto fue confirmado en la Cámara de Representantes por 257 votos a favor (172 demócratas y 89 republicanos) y 167 en contra (151 republicanos y 16 demócratas). En el Senado (dos senadores por estado), los demócratas y sus allegados tenían mayoría absoluta (53-47), mientras que la Cámara de Representantes, la cámara popular, estaba y seguirá dominada por los republicanos (241 de los 435 escaños). La cámara baja se renueva por completo cada dos años y sus miembros representan a 435 distritos delimitados según la demografía (sistema proporcional). La composición de las cámaras corresponde a las elegidas en 2010, pues las nuevas se reunirán por primera vez el 6 de enero.

Los ricos, reducidos a poco más del 1 %

La ley sancionada por Obama transforma en permanentes las rebajas fiscales introducidas por George W. Bush en 2001 y 2003 para el 98 % de las familias y el 97 % de los pequeños negocios, de manera que la subida fiscal “para los ricos”, preconizada por Obama y los demócratas, sólo afectará a una segmento mínimo de los norteamericanos, es decir, las familias que ingresan más de 450.000 dólares al año (400.000 dólares con carácter individual). Esos pocos privilegiados (poco más del 1 % de los ciudadanos) volverán a contribuir a un tipo marginal del 39,6 %, como hace dos decenios, en lugar del 35 % actual. El presidente y su partido pretendían que el tímido aumento impositivo afectara a todas las rentas superiores a los 250.000 dólares, mientras que los republicanos más radicales querían mantener todas las rebajas para contener la voracidad federal y estimular la recuperación económica. La decisión salomónica no desarmará a los halcones de ambos bandos.

El impuesto sobre sucesiones se eleva también de manera permanente del 35 % al 40 % para todas los bienes inmuebles con un valor que exceda de los 5 millones de dólares, pero el umbral impositivo se modificará de acuerdo con la inflación. El que grava las rentas del capital queda fijado de manera permanente en el 15 % para las ganancias inferiores a los 450.000 o los 400.000 dólares, y en el 20 % a partir de esas cantidades.

No estará de más recordar que los españoles con un nivel de rentas similar al de los opulentos norteamericanos, a partir de 300.000 euros, pueden llegar a contribuir con el 52 %. España el quinto país con el tipo marginal del IRPF (impuesto de la renta) más alto del mundo, sólo ligeramente por detrás de la isla caribeña de Aruba, Suecia, Dinamarca y Países Bajos. Como las autonomías españolas tienen capacidad impositiva concedida por el Estado, Cataluña, con un tipo marginal del 56 %, sufre la segunda tarifa más alta de Europa de IRPF, sólo superada por la de Suecia (56,6 %).

La ley aprobada por el Congreso aplaza por dos meses los recortes en el gasto del gobierno federal, apenas unos 110.000 millones de dólares (el Pentágono y los servicios sociales, esencialmente), ante la imposibilidad de elaborar un proyecto de consenso, lo que augura nuevos enfrentamientos en las cámaras y entre éstas y el ejecutivo. El acuerdo, por el contrario, no prorroga la rebaja temporal de las retenciones sobre los salarios que introdujo el gobierno de Obama dentro de las medidas para el estímulo de la economía, lo que implica que todos los asalariados notarán inmediatamente una reducción de sus ingresos mensuales netos. Se mantiene, sin embargo, el subsidio de emergencia por desempleo que cobran unos dos millones de ciudadanos.

La pugna en el Congreso entre republicanos y demócratas fue dramatizada por los dos partidos y sus correspondientes portavoces mediáticos, de tal manera que se hizo creer al gran público, como si se tratara de una película de suspense, que la caída en el abismo podía consumarse y que las consecuencias serían terribles. Pero no lograron levantar las pasiones encontradas y subterráneas. El comentarista Irvin M. Stelzer, escribiendo en el incisivo y conservador Weekly Standard, sostiene que “el show del precipicio fiscal fue un señuelo para distraer la atención de los problemas esenciales que están sin resolver y que reclaman decisiones de política económica”.

El protagonista indiscutible del espectáculo, el presidente Obama, tuvo que esfumarse y delegar la dura tarea en su vicepresidente, el ex senador demócrata Joseph Biden, un veterano de las maniobras y cabildeos senatoriales con reputación de hábil componedor, que encontró buena sintonía con el senador Match McConnell, líder de la minoría republicana. El primer proyecto, negociado por el presidente con el líder republicano, el representante John Boehner, fracasó al ser rechazado por la Cámara de Representantes sin ni siquiera ser sometido a votación. El campo de batalla se trasladó entonces al Senado, una cámara más acomodaticia. Y el resultado es un parche multimillonario pero no una solución.

Un respiro de dos meses

La ley aprobada otorga un respiro de dos meses, pero el déficit y la deuda siguen amenazando con bloquear el funcionamiento del país desde el fiasco de las negociaciones de agosto de 2011 sobre el techo de la deuda federal y un recorte del presupuesto. El desastre financiero se ha evitado en el último minuto y los mercados aplaudieron con fuerza el acuerdo, pero todo dependerá, en último extremo, de lo que ocurra en los próximos dos meses. Algunos especialistas auguran que al abordar por separado el asunto de los impuestos (ingresos) y posponer tanto los recortes de gasto como el techo de deuda, que queda aplazado, la próxima confrontación sobre el techo de deuda será más difícil de resolver.

Los partidarios de Obama sostienen, por el contrario, que éste encontró la piedra filosofal como método de negociación al trasladar el problema al Senado y evitar la presentación inicial en la Cámara de Representantes, habitualmente más levantisca y más proclive a denunciar el espíritu “europeo”, es decir, socialdemócrata que inspira las medidas económicas de la Casa Blanca y, sobre todo, el aumento ritual de los gastos del gobierno. El camino tendrá más espinas que rosas, quizá porque Obama y sus estrategas no han calculado bien los efectos inquietantes que sin duda va a tener la provocada fractura del Partido Republicano en un asunto tan sensible como el de elevar los impuestos para una mayor y temida expansión del gobierno federal.

El departamento del Tesoro ya anunciado que el techo de deuda fue alcanzado a finales de año, y que partir de ahora y durante los dos próximos meses tendrá que recurrir a diferentes maniobras contables para evitar la suspensión de pagos en muchos departamentos de la administración. Esto quiere decir que la negociación para elevar el techo de la deuda deberá comenzar lo más rápidamente posible entre la Casa Blanca y el Congreso, incluso antes de que Obama pronuncie el famoso discurso sobre el estado de la Unión, previsto para el 29 de enero.

Desde el verano de 2011, los republicanos exigieron significativos recortes de gasto público a cambio de elevar el nivel de endeudamiento, y cabe suponer que ahora seguirán con la misma estrategia. Obama, por su parte, se opone a “terminar la tarea de reducir el déficit a través exclusivamente del recorte de gastos”, es decir, que defenderá de nuevo la subida de impuestos para equilibrar las cuentas. Más impuestos y, por ende, una expansión del gasto gubernamental, ahora que el déficit presupuestario lleva cinco ejercicios superando el billón de dólares y la deuda ha escalado a más de 16 billones.

Otros datos económicos añaden inquietud a la situación: la deuda pública en porcentaje del producto interior bruto (PIB) era del 38 % en 1965 y ahora llega al 74 %.  Según la Oficina del Presupuesto del Congreso, la deuda pública alcanzará el ruinoso 90 % del PIB en una década. El columnista David Brooks, del New York Times, el periódico más favorable a Obama, llega a una conclusión desalentadora: “Durante el siglo XX, EE UU levantó el Estado del bienestar. Fue un gran logró, multiplicó las oportunidades y la seguridad para millones de personas, pero, desgraciadamente, con el envejecimiento de la población y el aumento extraordinario del gasto sanitario, ha llegado a ser insostenible.”

Los economistas no están muy felices con la provisionalidad. El Fondo Monetario Internacional (FMI) se atrevió a decir que la decisión del Congreso es positiva, pero insuficiente. Y Robert J. Samuelson, en el Washington Post, tras denunciar “el fracaso del liderazgo de Obama”, añadió: “El gobierno no puede por más tiempo cumplir las promesas que hizo a varios sectores de la población, y algunas de esas promesas deben ser reducidas o suspendidas”. Sólo el presidente tiene autoridad en EE UU para comunicar a los ciudadanos la verdad de la situación y proponer los remedios pertinentes, por dolorosos que sean. Y las grandes decisiones no deben diferirse por tiempo indefinido.

La pésima retórica de anunciar a bombo y platillo que hay que quitar dinero a los ricos para dárselo a los pobres no puede funcionar en una democracia madura que se fundamenta en el principio de los checks and balances, del equilibrio entre los poderes del Estado, la ponderación y el consenso. Ya nos enseñó el maestro Walter Lippmann que la primera tarea del estadista consiste en acomodar los objetivos a los medios disponibles, sin concesiones. Pero Obama, que es el mayor comunicador existente en EE UU, no acaba de establecer un equilibrio razonable entre la predicación de la pradera y el pragmatismo de que hizo gala en otros momentos.

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: