Posteado por: M | 4 febrero 2013

Israel bombardea el polvorín regional

Lo que comenzó siendo una protesta cívica y relativamente pacífica contra la dictadura de Siria en algunas ciudades, en marzo de 2011, se extendió por todo el país como reguero de pólvora y se ha transformado en un sangriento y sectario rompecabezas de aparatosas repercusiones regionales y globales, como confirman los bombardeos que los aviones de Israel ejecutaron en la noche del 29 al 30 de enero contra varios objetivos en territorio sirio, en lo que parece ser una doble advertencia contra el régimen de Damasco y su coyuntural aliado de Teherán. Una vez más, la llamada guerra preventiva se aplicó con gran contundencia en el polvorín del Oriente Próximo, pero el sistema internacional de la seguridad colectiva, encarnado en la ONU, mantiene un silencio embarazoso.

Como en ocasiones similares, Israel no ha confirmado oficialmente el ataque, ni se espera que lo haga, por tratarse de un acto ilegal, de manera que las informaciones disponibles, procedentes de Siria o de los servicios de inteligencia norteamericanos, filtradas por los periódicos, ofrecen contradictorias descripciones y deben acogerse con la máxima cautela. No obstante, el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, en la conferencia de seguridad de Múnich, admitió tácitamente la incursión aérea y reafirmó que su gobierno “no permitirá, en ningún caso, que los sistemas de armas perfeccionadas sean transferidas al Líbano”.

En su primera reacción, el 3 de febrero, Bachar Asad, por su parte, acusó a Israel que pretender “desestabilizar y debilitar” a Siria, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, prosiguiendo con su escalada verbal, acusó al gobierno israelí de practicar “el terrorismo de Estado”. El ministerio ruso de Exteriores publicó un comunicado para condenar una operación que “de manera escandalosa viola la Carta de la ONU y es inaceptable e injustificada, cualesquiera que sean sus motivos”. Según la revista Time, que alude a fuentes del espionaje occidental, “Israel recibió la luz verde de Washington para lanzar los ataques”. Las cancillerías occidentales y la Unión Europea (UE) no reaccionaron ante el ataque, quizá porque todas ellas reconocen el derecho de Israel a defenderse incluso preventivamente.

Según la prensa norteamericana, que cita a funcionarios sin identificar, el bombardeo israelí se dirigió contra un centro de investigación militar en un suburbio al noroeste de Damasco, supuesto arsenal de armas químicas o biológicas, y contra un convoy que transportaba un sistema aéreo de defensa antimisiles (misiles SA-17 y sus lanzaderas, de fabricación rusa) y se dirigía al valle de la Bekaa, cerca de la frontera con el Líbano. Otras informaciones aseguran que el objetivo principal eran los vehículos con los misiles antimisiles, pero que el centro científico-militar fue alcanzado a causa de la explosión de aquéllos. El ataque no fue de gran envergadura, pues sólo unos cuantos cazas burlaron las defensa aéreas a baja altura para alcanzar sus objetivos.

Las discrepancias en cuanto a la localización y efectos del bombardeo israelí se explican lógicamente porque la incursión contra los misiles con destino al Líbano tendría una mejor justificación y sería mejor tolerada por la llamada comunidad internacional que si se trata de un centro científico por más que éste se dedique a la producción de armas de destrucción masiva. En cualquier caso, dos días antes, el primer ministro hebreo, Benyamin Netanyahu, declaró ante una delegación de congresistas estadounidenses que sus opciones con respecto a Siria estaban “entre lo malo y lo peor”. La operación resultó relativamente fácil porque los aviones israelíes actúan con absoluta impunidad en el espacio aéreo libanés.

Israel y Siria se encuentran técnicamente en guerra desde la llamada de los Seis Días (junio de 1967), cuando el Ejército hebreo ocupó los altos del Golán sirios, que siguen en su poder, centro neurálgico de importantes acuíferos que avenan la cuenca del Jordán. No obstante, la frontera entre ambos países se mantuvo relativamente en calma durante el medio siglo transcurrido desde entonces e incluso durante la cuarta guerra árabe-israelí de octubre de 1973. Por eso los israelíes temen que, en caso de hundimiento del régimen de Asad, Siria caiga en manos de grupos islámicos extremistas que podrían reanudar las hostilidades y abrir un nuevo frente.

En sus reiterados intercambios dialécticos con Irán, los responsables israelíes aseguran que no permitirán que las armas químicas que están en manos de Siria caigan en poder de Hizbolá, el grupo chií cívico-militar que actúa en el Líbano, aliado de Siria e Irán, y que constituye una especie de Estado dentro del Estado, con fuerte presencia en la frontera norte con Israel. En julio de 2006, Hizbolá atacó la ciudad hebrea de Haifa con misiles y se enzarzó en una guerra de desgaste en la frontera libanesa en la que Tsahal (el ejército israelí) no salió muy bien parado después de más de un mes de sangrientos combates que quebraron una de sus certidumbres estratégicas.

No es la primera vez que Israel ataque instalaciones sirias. En septiembre de 2007, la aviación hebrea destruyó un reactor que se estaba construyendo en el norte de Siria presumiblemente con ayuda de Corea del Norte. Según la prensa israelí, las armas químicas de que dispone la dictadura de Asad son producidas en el Centro de Investigación y Estudios Científicos de Siria –traducción inglesa del árabe— que fue dañado por el bombardeo. El temor de Israel no es sólo la acción de Hizbolá, sino de Al Qaeda y otros grupos extremistas, cuyos voluntarios se encuentran dentro de Siria, se aprovechan del caos creciente y son los autores de los atentados suicidas que tanto elevan la crueldad y el terror de la guerra civil sin cuartel.

Informaciones procedentes de Moscú ponen duda que los misiles SA-17 puedan ser utilizados inmediata y efectivamente por la guerrilla de Hizbolá, puesto que requieren grandes rampas de disparo, de complejo funcionamiento, y con la ayuda del radar, por lo que serían objetivos fáciles para la aviación israelí una vez emplazados en el sur del Líbano. Rusia es la única gran potencia que mantiene aún estrechas relaciones con el régimen de Damasco y hasta ahora bloqueó, en colusión con China, todos los intentos de EE UU y la UE en el Consejo de Seguridad de la ONU por condenar al presidente sirio.

Según insinúan los periódicos hebreos, el Ejército israelí está procediendo a desplegar el escudo antimisiles conocido como Cúpula de hierro para proteger a Haifa y las otras ciudades que están cerca de la frontera libanesa, después de que Saeed Jalili, secretario del Consejo Supremo de Seguridad de Irán, de visita en Damasco, y tras entrevistarse con Bachard Asad,  que “Israel lamentará esta reciente agresión”. Irán preside actualmente el Movimiento de los No Alineados y cuenta con numerosos apoyos diplomáticos en su retórica belicista contra Israel.

Un aviso para Teherán

Como es inevitable, el bombardeo contra Siria constituye, aunque sea indirectamente, un aviso para el régimen de Teherán, empeñado en el enriquecimiento del uranio que podría conducirle a la fabricación del arma nuclear. Pero una incursión aérea israelí contra las instalaciones nucleares iraníes, tema de frecuente especulación, sería un objetivo mucho más difícil, se encuentra más lejos de Israel, está mejor defendido y es un complejo subterráneo en una montaña cerca de Qom, aparentemente invulnerable para el tipo de armas utilizadas por los cazas israelíes en su ataque en Siria. Hasta ahora, el gobierno israelí no obtuvo el consentimiento del presidente Obama para una operación militarmente arriesgada y con graves inconvenientes diplomáticos.

En Moscú, en su conferencia de prensa anual, el 4 de febrero, el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, advirtió a Israel y EE UU de que una intervención militar contra las instalaciones nucleares iraníes seria “una idea muy peligrosa en caso de llevarse a la práctica”. Esta declaración parece ser una replica contra la del primer ministro israelí, Netanyahu, quien, tras su victoria electoral del 22 de enero, reiteró que la primera tarea de su próximo gobierno será la de impedir por todos los medios que Irán se dote del arma nuclear.

No obstante, algunos importantes movimientos se observaron entre los bastidores de la conferencia de seguridad de Múnich, entre el 1 y el 3 de febrero. Por primera vez, el ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, se entrevistó con el jefe de la oposición siria, Ahmed Musa al Jatib, lo que parece indicar una importante inflexión en la actitud de Rusia. Los norteamericanos creen que Rusia estaría dispuesta a inducir la capitulación de Asad si el hombre que lo sustituye cuenta con su aquiescencia. A su vez, EE UU respaldaría un diálogo entre todas las fuerzas sirias sin condicionarlo a la dimisión y exilio del actual presidente, aunque éste no podría presentarse de nuevo a unas elecciones ni formar parte de un eventual gobierno de transición.

En cuanto a Irán, el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, reiteró en Múnich su disposición a entablar negociaciones directas con Teherán sobre el problema nuclear, pese a las dificultades objetivas del apaciguamiento. Una solución negociada para acabar con la guerra civil en Siria, desee luego, con participación de Washington, Moscú y Teherán, podría tener efectos muy beneficiosos para el diálogo entre la Casa Blanca y los ayatolás de Irán.

Tanto el presidente Obama como su nuevo secretario de Estado, John Kerry, desean resolver el dilema que acucia a la diplomacia norteamericana desde hace meses: como acabar con el derramamiento de sangre en Siria sin armar directamente a los rebeldes y sin exponerse a que el poder caiga en manos de los grupos extremistas que podrían incendiar el Líbano, Jordania y toda la región, poniendo en pie de guerra tanto a Israel como a Irán y sus aliados. Por eso el bombardeo de Israel es tanto un apremio para detener la espiral de la violencia como un verdadero disparo contra el polvorín regional.

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Responses

  1. Mateo,
    He visto en tu biografía que trabajaste en el diario Tele/eXpres en los años sesenta. Estoy realizando una recopilación de artículos literarios de Ignacio Agustí, que fue colaborador durante dos años de esta publicación, y director polémico y fugaz. Cualquier aportación directa, por breve que sea, sobre aquellos años sería un material precioso para mi estudio y como acercamiento a la figura de Agustí. Gracias de antemano y enhorabuena por este interesante blog
    Un saludo
    Irene


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