Posteado por: M | 25 octubre 2013

Nuevo capítulo del espionaje entre amigos

Edgard Snowden, que fue consultor de la National Security Agency (NSA), Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, se encuentra en Moscú, bajo la discreta protección de los hombres del presidente Vladimir Putin, pero sus revelaciones, aireadas por los más prestigiosos periódicos, siembran la cizaña entre los aliados de la OTAN, hasta el punto de que la mujer más poderosa del planeta, la cancillera alemana Angela Merkel, amonestó en público al presidente Barack Obama para advertirle de que “el espionaje entre amigos es inaceptable”. Un extraño viento de guerra psicológica global agitó el Consejo Europeo que reunió a los 28 jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea (UE) en Bruselas, el 24 de octubre. 

Los periódicos más sesudos ofrecen detalles morbosos y se encargan de presionar a sus gobiernos, de manera que la ocultación, la indiferencia o la discreción resultan inviables. En Alemania, el semanario Der Spiegel reveló que los servicios secretos alemanes (BND) tenían pruebas de que el teléfono móvil de la cancillera había sido pinchado por los norteamericanos. En Francia, el diario Le Monde dedicó un equipo de diez periodistas a rastrear todas las informaciones disponibles sobre la vigilancia de la NSA en Francia. El diario londinense The Guardian, uno de los más aguerridos en esta batalla, prosiguió sus revelaciones de los documentos de Snowden, concernientes al espionaje global, y uno de sus columnistas inquirió sardónicamente: “Con amigos como éstos, ¿quién necesita enemigos?”

Los datos que ofrecen los periódicos son abrumadores para Obama, el político norteamericano más ensalzado en Europa desde Kennedy, al que el Parlamento noruego concedió el premio Nobel de la Paz en 2009, pero que ahora se encuentra atrapado en diversos escándalos que minan su prestigio personal y la posición internacional de EE UU: la amenaza de suspensión de pagos, la liquidación de presuntos terroristas por medio de los drones (los aviones electrónicos no tripulados), con los consiguientes daños colaterales, y la pretensión de crear una red mundial de vigilancia electrónica, sofisticada y sin fronteras, de espionaje urbi et orbi, de Gran Hermano con sede en Washington, un monstruo invasor y burocrático.

Ignoro si los periódicos más comprometidos con las revelaciones, casi todos ellos socialdemócratas y/o progresistas, han aumentado sus respectivas circulaciones en estos tiempos de politización extrema y vacas flacas para la prensa de papel, o si en verdad se han propuesto brindar un servicio a la democracia, restablecer la confianza entre los aliados o procurar el adecentamiento de las relaciones internacionales. Lo único cierto es que la maquinaria desbocada de seguridad-espionaje seguirá funcionando y que EE UU, cuyo adelanto tecnológico es incuestionable, ensayará nuevos métodos para poner el ojo y el oído sobre cada metro cuadrado de nuestro planeta. Podemos asegurar, sin embargo, como demostraron hace tiempo George Orwell, Graham Green y la inolvidable película La vida de los otros, que el ogro burocrático jamás podrá codificar o contrarrestar el factor humano.

En unos episodios que parecen calcados de la guerra fría, aunque con menos hombres y mejores máquinas, el gobierno de París llamó a consultas al embajador norteamericano para pedirle explicaciones por los 70,3 millones de conversaciones telefónicas de ciudadanos franceses que grabó la NSA en sólo un mes (diciembre de 2012), entre los que figuran políticos y empresarios, en territorio francés, según las informaciones de Le Monde, que no aclara si los tentáculos del gran pulpo cibernético llegaron hasta los aposentos del Elíseo. ¿Acaso puede resultar eficaz tan masiva violación de la intimidad de los franceses?

Los sombríos recuerdos de la Stasi

La cancillera Merkel, en el camino de restablecer la “gran coalición” con los socialdemócratas, dio la máxima credibilidad a la información de Der Spiegel y llamó por teléfono a Obama para pedirle explicaciones y quejarse del “abuso de confianza”. La prensa socialdemócrata estaba desolada e irritada: ¡Con las esperanzas que habíamos depositado en el primer presidente negro y progresista de la historia! El texto dado a conocer por la cancillería argumenta que “entre socios y amigos como son desde hace décadas Alemania y Estados Unidos no debe haber espionaje de las comunicaciones de sus líderes.” No sabemos si el espionaje sobre los empresarios y otros particulares resulta menos censurable para las autoridades de Berlín, en otros tiempos la ciudad epicentro del espionaje de la guerra fría.

Entre los alemanes de todos los colores políticos aún está vivo el recuerdo de la muy eficaz Stasi, los servicios secretos de la Alemania comunista (RDA), que llegaron a colocar un espía dentro de la cancillería de Bonn en los tiempos del primer canciller socialdemócrata, Willy Brandt.

Según un memorándum confidencial de 2006, publicado el 23 de octubre por el diario The Guardian, la NSA espió y grabó las llamadas de 35 líderes mundiales, cuya identidad no fue revelada. El periódico británico sugiere que las escuchas de la cancillera alemana formaban parte de la actividad rutinaria y aleatoria de la NSA para vigilar a los líderes mundiales. También advierte de que numerosos funcionarios de los departamentos de Estado y Defensa (Pentágono) fueron invitados a facilitar los números de teléfono de políticos extranjeros que obraban su poder por razón del cargo. La espionitis quedó instalada en las más altas esferas de Washington, en los comienzos de una nueva guerra fría con los amigos.

Los admiradores de Obama, aunque harto decepcionados, tratan de salvar la reputación de éste, aduciendo que el espionaje de los amigos data de hace muchos años, y algunos atribuyen el comienzo del estropicio a George W. Bush, como una secuela más de la convulsión producida por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Pero resulta evidente que recae sobre Obama la responsabilidad íntegra por no haber suspendido esa dinámica infernal del espionaje electrónico de los aliados, con grave riesgo de perturbar la valiosa cooperación en asuntos tan cruciales como la amenaza terrorista global, la gestión económica, los progresos del programa nuclear de Irán, la estrategia de China o la paranoia militar de Corea del Norte.

El enfado de Merkel y el presidente francés, François Hollande, que se presentaron como víctimas de la ligereza norteamericana, no suscitó alarma entre los 28 líderes del Consejo Europeo reunidos en Bruselas que se limitaron, en un comunicado conjunto, a “tomar nota de la intención de Francia y Alemania de explorar la celebración de conversaciones bilaterales con EE UU” sobre tan vidrioso asunto, pero sin afectar a las negociaciones que se llevan a cabo entre Washington y Bruselas para un acuerdo de librecambio. Los negocios no deben verse afectados por los pérfidos comportamiento de los espías.

El añejo antiamericanismo de la izquierda de Francia, España, Italia y otros países del sur de Europa se trasladó con armas y bagajes al Parlamento Europeo, el cual reclamó el 23 de octubre a los 28 gobiernos de la UE que suspendan de inmediato la aplicación del acuerdo que permite a Washington acceder a los datos privados de las transacciones bancarias de los ciudadanos europeos, en el marco de la lucha contra el terrorismo. La resolución, que no es vinculante, fue aprobada por 280 votos a favor (socialistas, verdes, comunistas y liberales), 254 en contra (centro-derecha del PP europeo) y 30 abstenciones.

La izquierda saca a pasear sus buenos sentimientos, exhibe su retórica populista y se rasga las vestiduras cuando está segura de que el espectáculo quedará circunscrito al hemiciclo de Estrasburgo o los inacabables pasillos de Bruselas. Así se serenan algunas conciencias, se halagan los escrúpulos de la clientela y se insiste en la moralización de la vida internacional con un tartufismo circense. Las protestas serían mucho más consistentes si los ciudadanos no abrigaran la razonable sospecha de que todos los servicios de inteligencia actúan de manera similar, sin otros límites que los impuestos por sus habilidades tecnológicas.

La verdadera batalla se produce en otros ámbitos, el de las grandes empresas tecnológicas como Google y Yahoo que están en el punto de mira de esos funcionarios de Bruselas que imitan también al Gran Hermano con su manía regulatoria. La legislación propuesta por la Comisión Europea para proteger la privacidad de los ciudadanos europeos prevé multas multimillonarias en el caso de que los gigantes tecnológicos y sus filiales que no respeten las normas que limitan la utilización de los datos personales. Por ahora, los grandes grupos de presión, así norteamericanos como europeos, lograron demorar hasta 2015 una decisión final.

La permisividad de Obama, aceptando que sus servicios de inteligencia pinchen el teléfono móvil de la cancillera Merkel, uno de sus más firmes aliados en Europa, con el riesgo de ofenderla gravemente, confirma que el meollo de la cuestión no radica en los límites morales, ni siquiera en la conveniencia geoestratégica, sino más bien en la capacidad técnica. Como la posmodernidad carece de principios seguros, todo lo que es técnicamente factible llegará a tener vía libre con cualquier pretexto. Ese parece ser el radiante y siniestro porvenir que nos aguarda.

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