Posteado por: M | 13 noviembre 2013

Encalla la negociación sobre el poder nuclear de Irán

Las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán fueron suspendidas el 9 de noviembre cuando la coincidencia de todos los ministros de las grandes potencias en Ginebra hacía presagiar que el acuerdo estaba al alcance de la mano. La jefa de la diplomacia de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton, y el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamed Javad Sharif, comunicaron a los periodistas que no habían podido superar las divergencias, sin entrar en más detalles embarazosos. Unas horas después, sin embargo, la prensa mundial aseguraba que fue la intransigencia de Francia la causante directa del fiasco, dejando al aire las vergüenzas y las debilidades de la acción exterior de Barack Obama y su secretario de Estado, John Kerry.

Las expectativas siguen intactas, sin embargo, ya que las negociaciones se reanudarán, aunque a un nivel de técnicos, la próxima semana (20 de noviembre). En cuanto al protagonismo francés, fuentes diplomáticas de la Unión Europea (UE) sin identificar, pero fidedignas, precisaron que las modificaciones en la posición de las potencias occidentales se concretaron tras una entrevista de última hora entre el secretario de Estado norteamericano y el ministro francés, Laurent Fabius, en el hotel del primero. Las nuevas exigencias occidentales, sobre el enriquecimiento del uranio y el reactor nuclear de agua pesada de Arak para producir plutonio, asumidas por Rusia y China, resultaron inaceptables para la delegación iraní.

La propuesta o acuerdo interino que estaba sobre la mesa de los siete participantes en la negociación y que fue revisada en el último minuto no abordaba el problema de fondo, crucial –el derecho de enriquecimiento del uranio–, y se limitaba a pedir a Irán que congelara por seis meses su programa nuclear, y a las grandes potencias, que aliviaran las sanciones impuestas por la ONU y que afectan sin duda a la credibilidad interna del régimen de los ayatolás. Una doble congelación o alto en el camino para que durante esos seis meses de demora los diplomáticos pudieran alcanzar un acuerdo definitivo cuyo objetivo último es impedir que Irán se dote del arma nuclear.

El cónclave diplomático, que se reanudó el pasado 15 de octubre, reunió en Ginebra a los representantes de los cinco Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EE UU, Rusia, China, Reino Unido y Francia), más otro de Alemania (5+1) y una importante delegación iraní dirigida por el ministro de Exteriores, Mohamed Sharif, que goza de la confianza plena del presidente, Hasan Rohani, que tomó posesión en agosto de este año y al que las potencias occidentales reputan un moderado. En principio, y según las propuestas presentadas por las grandes potencias Almaty (Kazajstán), en febrero de este año, Irán podría conservar parte de su uranio enriquecido al 20 % para su reactor de Teherán y las grandes potencias levantarían las sanciones sobre los productos petroquímicos y los metales preciosos.

El tortuoso camino de Washington a Teherán

La ronda negociadora comenzó luego de que los presidentes Obama y Rohani, con motivo de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, en septiembre último, tomaran la iniciativa e incluso hablaran por teléfono, un deshielo, un primer paso de aproximación y tanteo en un tortuoso camino que se inició con la caída del sha Reza Pahlevi, la abolición de la monarquía y la proclamación de la República Islámica por el ayatolá Jomeini en febrero de 1979. Tras el asalto y la toma de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán, que se prolongó por un año durante el mandato de Jimmy Carter, las relaciones entre ambos países quedaron rotas hasta hoy. Ambos presidentes siguen sometidos a fuertes presiones internas y contradictorias, entre radicales y moderados, republicanos y demócratas.

Espoleado por la ruptura traumática, y de forma secreta, la teocracia iraní dio un nuevo impulso al programa nuclear iniciado por el sha en los años 60 del pasado siglo. El proceso de enriquecimiento del uranio llegó a conocimiento de la comunidad internacional en 2002, luego de que un grupo disidente clandestino revelara una documentación importante sobre los progresos alcanzados en la planta de Natanz y en la construcción del reactor de agua pesada de Arak. En diciembre de 2002, las fotografías tomadas por un satélite norteamericano se publicaron profusamente en los medios de comunicación y causaron un considerable revuelo. Washington acusó por primera vez a Teherán de pretender “dotarse de armas de destrucción masiva”.

Bajo creciente presión internacional, y coincidiendo con la invasión anglo-norteamericana de Iraq (marzo de 2003), el régimen de los ayatolás rebajó la diatriba contra el Gran Satán, aceptó las inspecciones y la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y aseguró que su programa se llevaba a cabo de conformidad con las disposiciones del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNPN), de 1968, que Irán había ratificado en 1970. Dicho tratado, bendecido por la ONU, reconoce a los Estados signatarios “el inalienable derecho de investigar, producir y utilizar la energía nuclear para fines pacíficos”, punto fuerte y aparentemente irrenunciable de la República Islámica.

Las potencias occidentales, Israel y Arabia Saudí, por motivos no siempre coincidentes, sospechan que el programa iraní encubre unas investigaciones y ensayos ultrasecretos con ayuda exterior (se apunta a Corea del Norte y Pakistán) que podrían culminar con la fabricación de la bomba nuclear. En noviembre de 2011, un informe de la AIEA, por primera vez, expresó “sus graves inquietudes concernientes a las posibles dimensiones militares”. El Consejo de Seguridad, por su parte, estimó que, mientras no se establezcan de manera inequívoca las intenciones pacíficas de Irán, sus actividades nucleares deben cesar; pero como los iraníes no se plegaron a esas exigencias, la diplomacia puso en marcha el mecanismo poco convincente de las sanciones internacionales aprobado por la ONU, según el capítulo VII de la Carta fundacional.

Ante las presiones del Grupo de las 5+1 (las grandes potencias nucleares y Alemania), el gobierno iraní aclaró que produce uranio enriquecido al 3,5 % para la central eléctrica de Buchehr y también uranio enriquecido al 20 %, en las centrales de Natanz y Fordow, para su reactor de investigación instalado en Teherán. El presidente Rohani y el Guía de la revolución, Alí Jamenei, insisten en que todo el proceso nuclear se lleva a cabo dentro de la más estricta legalidad internacional, al mismo tiempo que señalan a Israel como potencia nuclear privilegiada.

El último informe de la AIEA cifró en 186,3 kilos el uranio enriquecido al 20 % en poder de Irán hasta el pasado mes de agosto, cada día más cerca de los 240 kilos que se necesitan para fabricar un arma nuclear, producidos por más de 19.000 centrifugadoras, de las que unas 1.000 son de nueva generación. Según la AIEA, los científicos iraníes han realizado en la base militar de Parchin, a unos 30 kilómetros al sureste de Teherán, las pruebas necesarias para una carga útil nuclear (ojiva) susceptible de armar un misil; pero Teherán insiste en que su programa respeta las prescripciones del TNP y la supervisión de la AIEA, cuyos inspectores visitan regularmente las plantas de Natanz y Fordow.

El factor israelí en la negociación

En su intervención ante la Asamblea General de la ONU, el 27 de septiembre de 2012, el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, afirmó que Irán estaba a muy pocos meses de “la línea roja”, es decir, de la posesión del suficiente uranio enriquecido para fabricar una bomba, y advirtió a las potencias occidentales del “error histórico” que implicaría el levantamiento de las sanciones sin un desmantelamiento previo y completo del programa nuclear de un régimen que conmina públicamente a Israel. Durante el año transcurrido, Netanyahu multiplicó sus advertencias, presionó sobre EE UU, Francia y Gran Bretaña y arreció en sus amenazas: “Israel no permitirá que Irán adquiera una capacidad nuclear militar.”

El presidente Obama, en una cadena de televisión israelí, en marzo de este año, aseveró que “Irán necesitará todavía un año para desarrollar un arma nuclear”, colocarla en una ojiva (parte superior de un proyectil) y propulsarla mediante un misil, unas declaraciones que, en vez de mitigar, exacerbaron los temores de la opinión judía dentro y fuera de Israel. Faltan menos de cuatro meses para que se cumpla la previsión de Obama. Según los expertos estadounidenses, para alcanzar la última etapa del proceso y fabricar la bomba sería necesario que Teherán cancelara la misión de los inspectores de la AIEA. Ésa es una de las principales razones argüidas por Washington para perseverar en la vía diplomática.

La política de mano tendida del presidente Obama hacia la teocracia iraní, aprovechando los vientos de moderación que soplan en Teherán, tropieza con muy enconada resistencia en el Congreso y dentro de su propio Partido Demócrata. Como lamentaba el New York Times en un editorial del 11 de noviembre, “numerosos miembros del Congreso, Israel y Arabia Saudí creen que lo ocurrido en Ginebra les ofrece una nueva oportunidad para sabotear el acuerdo con Irán”. El Wall Street Journal daba las gracias a Francia “por habernos salvado” del oprobio y uno de los jefes intelectuales del neoconservadurismo, William Kristol, en la revista Weekly Standard, señalaba los objetivos políticos de los republicanos: “No al Obamacare [reforma sanitaria], no a las cabezas nucleares de Irán.”

Detrás de todas estas hipótesis y cálculos aproximados se libra una tremenda batalla diplomático-estratégica que afecta no sólo al programa nuclear iraní, sino al mundo oscuro del petróleo, los temores justificados de Israel en un medio visceralmente hostil, la guerra religiosa dentro del mundo islámico, las pugnas por la hegemonía en la región y la orientación de la política exterior de EE UU, Rusia y China. Un panorama tan abigarrado como conflictivo, cuando parecen más incontrolados que nunca todos los demonios y fantasmas que recorren incansablemente el Oriente Próximo.

Mientras el secretario de Estado, John Kerry, atribuyó la culpa del fracaso a la intransigencia de la delegación iraní, empeñada en que el acuerdo provisional incluyera un párrafo reconociendo el derecho de enriquecer el uranio, la prensa iraní increpó al ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, por haber llamado la atención sobre las dos lagunas del texto: el enriquecimiento del uranio y el reactor en construcción en Arak para producir plutonio y, en su caso, una ojiva nuclear. La televisión de Teherán aseguró que “Francia realizó intensos esfuerzos para defender la posición sionista” y algunos diplomáticos occidentales, según el diario francés Le Monde, dieron a entender que se trataba de “un intento de Fabius de darse una importancia tardía”.

Lo que se sabe con certeza es que el primer ministro israelí, ante la inminencia del acuerdo, realizó febriles gestiones con los gobiernos de Washington, París y Londres para introducir nuevas exigencias: el cierre del reactor de Arak y el rechazo del presunto derecho de enriquecimiento del uranio. Netanyahu, alarmado, declaró que los occidentales estaban a punto de firmar “the deal of the century” (el acuerdo del siglo) para Irán y poco después, apenas 24 horas antes de que se anunciara el fiasco de Ginebra, recibió una llamada telefónica de Obama en la que éste le reiteró que EE UU haría todo lo posible para impedir que los iraníes fabricaran una bomba nuclear.

La cuestión del reactor de Arak resulta clave para cualquier acuerdo y en ella se centran las advertencias israelíes. Si ese reactor recibe el combustible para funcionar, lo que ocurrirá probablemente a mediados de 2014, cualquier intervención militar contra las instalaciones tendría unos efectos catastróficos. Los analistas militares recuerdan que los bombardeos israelíes para destruir sendos reactores en Iraq (1981) y Siria (2007) se realizaron precisamente antes de que se les hubiera suministrado el combustible.

La conciliación de intereses en una región caótica

No obstante, como teme Israel, el clima ha cambiado mucho entre Washington y Teherán, hasta el punto de que la suspensión temporal de las negociaciones se presenta ante la comunidad internacional como una pausa para resolver los problemas técnicos y disipar las reticencias de algunos de los principales actores, comenzando por Israel. Los presidentes Obama y Rohani, pese a las profundas divergencias ideológicas –Teherán es uno de los centros del islamismo radical—se muestran inclinados al apaciguamiento y la conciliación de intereses. El analista George Friedman compara la situación actual con la que se vivió cuando Nixon y Kissinger apostaron por la apertura hacia China, en 1971-1972, cuando se hizo evidente que EE UU iba a perder la guerra de Vietnam. 

La situación es más enrevesada en el Oriente Próximo, donde la carnicería y el caos son dos realidades cotidianas, desde Pakistán al Mediterráneo. El veneno del sectarismo se expande por la región y exacerba la violencia. Las dos teocracias iraní y saudí (shií y suní, respectivamente) siguen enfrentadas por personajes interpuestos, en Siria y el Líbano. El último rumor es que Arabia Saudí, primer productor mundial de petróleo, alarmada por el repliegue de Obama, intenta dotarse del arma nuclear con el apoyo técnico de Pakistán. Fracasada la ilusoria pretensión de convertir a los Hermanos Musulmanes a la democracia, Egipto vuelve a estar en manos de los militares, una situación más segura para Israel, pero que genera una agitación interna permanente. El objetivo de crear un Estado palestino que pueda coexistir con Israel se aleja mientras se amplía el abismo que separa a Netanyahu de los planes de John Kerry.

Los republicanos en el Congreso, en este asunto respaldados por bastantes demócratas, no se rendirán fácilmente a los encantos de la paz con el enemigo preconizada por Obama, pero boicoteada por Israel. No será fácil que el presidente obtenga un triunfo exterior susceptible de mejorar su precaria situación interna.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: