Posteado por: M | 13 octubre 2014

Los cubanos siguen huyendo de Cuba

Sin novedad en la isla. Los hermanos Castro están en el poder desde 1959, sin que importe su decrepitud física, el desastre económico que generaron y el anacronismo ideológico que simbolizan. Hace mucho tiempo que la desgracia de la dictadura aplasta a los cubanos o les incita a la emigración, sin reparar en los riesgos de toda índole que entraña la odisea de la libertad. Las noticias escasean, la disidencia sigue encarcelada, postrada y maltratada, mientras Washington y La Habana persisten en un diálogo de sordos. No obstante, dos noticias aparecidas en el New York Times la semana pasada llamaron la atención y me reafirmaron en la opinión de que la estrategia norteamericana, basada en el embargo comercial, representa un completo fracaso y no es útil para mitigar al menos los efectos de los dislates económicos y liberticidas de la gerontocracia teóricamente comunista.
La primera noticia aparecida en el rotativo neoyorquino, el 9 de octubre, daba cumplida cuenta de un aumento significativo del número de cubanos que intentan huir de la isla por cualquier medio, en embarcaciones de fortuna, de fabricación artesanal, con la esperanza de arribar a las costas de Florida o de México. Uno de los forzados que finalmente consiguió llegar a Miami, un panadero llamado Leonardo Heredia, declaró al periódico: “Las cosas que estaban mal en Cuba ahora han empeorado. Si hubiera más dinero en Cuba para pagar los viajes, todo el mundo se iría.” Según todos los indicios, la miseria alcanza nuevas cotas y afecta a todos los sectores sociales, mientras la Seguridad del Estado estrecha el cerco y multiplica las trapacerías.

La hipérbole del huido que habla desde Miami no puede minimizar los datos oficiales, la penuria endémica, la cruel dictadura sobre las necesidades, las menguadas o evaporadas expectativas de mejora. Según el gobierno norteamericano, 25.000 cubanos llegaron  por tierra y mar a EE UU sin visa de entrada en el año fiscal que terminó el 30 de septiembre, una cifra que no se alcanzaba desde la crisis de los balseros de 1994, provocada en parte por el estado de excepción económica que siguió al fin de las subvenciones soviéticas. Los analistas y los líderes cubanos residentes en Miami se preguntan si Cuba está a punto de experimentar un nuevo éxodo masivo y recuerdan que, según el acuerdo firmado en 1994 entre ambos gobiernos, Washington se comprometió a devolver a la isla a los capturados o socorridos en alta mar. Los datos oficiales registran 3.722 devoluciones en 2013, el doble que en 2012.

Las tardías reformitas del gobierno de Raúl Castro para facilitar los viaje de los cubanos, que entraron en vigor el 1 de enero de 2013, y las preferencias de que aquéllos gozan para establecerse en EE UU han contribuido a engrosar las listas de los que huyen del régimen para siempre o temporalmente, tras arriesgar sus vidas o sortear la carrera de obstáculos de la policía. Las leyes cubanas disponen que el gobierno puede negar la salida del país por motivos de “defensa y seguridad nacional” u “otras razones de interés público”, de manera que la arbitrariedad del ministerio del Interior suele ensañarse con los disidentes. También sigue en vigor el famoso decreto 217, de 1997, que restringe los viajes interiores e impide la emigración desde las provincias hacia La Habana, donde la opresión directa quizá resulta menos agobiante.

La segunda noticia fue un resonante editorial del New York Times, publicado el sábado último en inglés y español (“Tiempo de acabar el embargo de Cuba” es el título), para pedir a Barack Obama que termine con la inoperante estrategia comercial que torpedea las relaciones entre ambos países desde la ruptura de 1961 y la crisis de los misiles soviéticos instalados en la isla en 1962. “El régimen de los Castro recordaba el periódico— ha usado dicho embargo para excusar sus fallos y ha mantenido a su pueblos bastante aislado del resto del mundo.” El editorial abogaba por el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y esgrimía factores comerciales, sobre todo, en el sector de las comunicaciones, ante el temor de que China y Rusia traten de aprovecharse de la obstinación de Washington.

No sólo el New York Times está en contra del embargo. Su inutilidad resulta manifiesta y sólo ha servido para castigar a todos los cubanos y justificar algunos de los desmanes de la dictadura. Como señala en su último informe (2014) la organización norteamericana Human Rights Watch, dedicada a la causa de la protección de los derechos humanos en todo el mundo, “el embargo económico impone duras e indiscriminadas sanciones contra el pueblo cubano y no ha hecho nada por mejorar los derechos humanos en el país”. El mismo informe, empero, traza un panorama siniestro de los engranajes funestos de la dictadura, de “las detenciones arbitrarias y la prisión preventiva”, o de la situación de los muy moderados opositores políticos, muchos de ellos colocados coercitivamente ante el dilema de la cárcel o el exilio.

Entre los grupos de exiliados cubanos en Florida, algunos de ellos con notable influencia en la política electoral norteamericana, la cuestión del embargo suscita una controversia recurrente. Según una encuesta reciente, el 52 % de los estadounidenses de origen cubano creen que debe terminar el embargo porque lo juzgan contraproducente para fomentar un cambio político. Un grupo de empresarios norteamericanos, muchos de ellos de origen cubano, escribieron en mayo último una carta al presidente Obama para pedirle que suavizara el embargo. Pero otros grupos, como el que anima el conocido publicista cubano Carlos Alberto Montaner, rechazan “la estrategia de abrazar al enemigo” con el prurito de fortalecer a la sociedad civil.

El presidente Obama, que llegó al poder como heraldo del cambio, no ha modificado en nada sustancial la estrategia de todos sus predecesores desde John Kennedy. Las medidas adoptadas desde 2009 por la Casa Blanca son estrictamente humanitarias: eliminar las restricciones para los viajes y las remesas de dinero de los norteamericanos de origen cubano que desean visitar o socorrer a sus parientes en Cuba. La Unión Europea (UE) mantiene en vigor la llamada “posición común”, adoptada en 1996, a propuesta del gobierno de José María Aznar, que condiciona la plena cooperación económica con Cuba al respeto de los derechos humanos y la apertura de un proceso de transición hacia la democracia,

Nuevo período de excepción económica

Una vez más, como confirma el notable aumento de la emigración legal e ilegal, de personas en general bien formadas, la dictadura atraviesa por un nuevo período de excepción económica y los cubanos viven literalmente con el agua al cuello, perdidos en el laberinto de las dos monedas, vigilados por la policía política y sometidos a la presión brutal de las necesidades más elementales; acosados, en suma, por la arbitrariedad y el miedo. La crisis política y financiera por la que atraviesa Venezuela pone en grave riesgo la mayor fuente de divisas de la dictadura: el petróleo entregado a bajo precio y luego revendido.

Las modestas reformas económicas tan cacareadas por el general Raúl Castro desde 2010, dos años después de suceder a su hermano en la jefatura del Estado y del PC, no han dado los resultados que se esperaban, quizá porque el sistema, en vez de favorecer y estimular sin ambages la iniciativa privada, siga anclado en la ruinosa economía administrada bajo la hegemonía paralizante del partido comunista. Las dos principales reformas, la reducción drástica de plantillas en las empresas estatales y la promoción del trabajo por cuenta propia –los cuentapropistas numerosos en el sector de los servicios–, no han impedido el estancamiento de la producción, la depresión agrícola y la fractura social, hasta el punto de que el gobierno hizo aprobar en marzo último una nueva ley para incentivar la inversión extranjera.

Una bloguera que vive en Pinar del Río, Karina Gálvez, joven economista, traza un panorama desolador, el horror cotidiano que los cubanos tienen que sortear: “No mejora el nivel de vida. Por el contrario, se recrudecen el hambre y las dificultades. Los cubanos siguen precisando salir del país para adquirir artículo de primera necesidad. Tampoco disminuye el estrés diario en los hogares por la falta de agua, el precio de la electricidad y la falta de opciones para cocinar los alimentos, el mal estado de conservación de las viviendas, el hacinamiento en ellas, y por sobre todas las dificultades, la escasez de alimentos y el precio exorbitante de algunos de ellos.”

La misma impresión puede obtenerse en el periódico en la red  www.14ymedio.com, que dirige la admirada bloguera Yoani Sánchez, filóloga y periodista, internacionalmente aclamada como luchadora de la libertad, quien nos instruye a diario con grave riesgo personal sobre la situación calamitosa que viven los cubanos crecidos y educados bajo la dictadura, pero que siguen sin expectativas profesionales pese al ocaso del comunismo y el fin de las subvenciones soviéticas, “la etapa (prolongada hasta el día de hoy) en que los ingenieros preferían manejar un taxi, los maestros hacían hasta lo imposible por trabajar en la carpeta de un hotel y en los mostradores de las tiendas te podía atender una neurocirujana o un físico nuclear”.

YoaniSanchez_wiki

Yoani Sánchez en 2007

No reputo probable que Obama vaya a seguir el consejo del New York Times para “acabar con un embargo insensato” y restablecer las relaciones diplomáticas, al menos, hasta después de las elecciones legislativas que se celebrarán en el próximo noviembre para la renovación total de la Cámara de Representantes y parcial del Senado. Un viraje inmediato en la hostilidad inútil norteamericana iniciada en 1962 podría perjudicar a corto plazo al Partido Demócrata en algunos estados con fuerte presencia de ciudadanos de origen cubano y en los que se espera un escrutinio muy reñido.

Hay muchas razones morales para mantenerse alejado de una dictadura depredadora que viola los derechos humanos y expulsa a sus ciudadanos, pero las relaciones internacionales y la política en general no se rigen por la ética de los principios, sino por los criterios de oportunidad y responsabilidad, si se me permite recurrir a la famosa dicotomía de Max Weber. Nadie está seguro de que el levantamiento del embargo pudiera producir efectos balsámicos sobre la situación de los cubanos. Acabar con el embargo en un momento en que la dictadura atraviesa por una nueva crisis económica puede interpretarse también como una repulsiva maniobra para salvarla. Lo más probable es que los Castro se apuntaran “el triunfo” contra el imperialismo.

No obstante, la retórica paleocomunista no puede ser un freno para intentar una mejora de la situación de los cubanos. Por motivos biológicos inexorables, la dictadura de los hermanos Castro, una de las más longevas de la historia, se encuentra definitivamente en el ocaso. La historia la juzgará con la severidad que sin duda merece. Pero, mientras tanto, hay que reflexionar sobre las penalidades de los cubanos y la mejor manera de aliviarlas. Si no surte los efectos deseados una determinada estrategia comercial –la instauración de la democracia, en este caso–, lo más prudente es cambiarla por otra. El meollo de la cuestión consiste en encontrar un recambio para la política fracasada y contraproducente de la superpotencia.

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