Posteado por: M | 31 diciembre 2014

El populista Syriza en el caótico panorama griego con Europa al fondo

Como otros muchos jóvenes comunistas, Alexis Tsipras, de 40 años, ingeniero civil, líder de la izquierda griega antiausteridad, cuando era militante de la Juventud Comunista llegó a la conclusión de que las vías para llegar al poder estaban por completo cegadas para el Partido Comunista de Grecia (Kommunistiko Komma Elladas, KKE), como consecuencia inevitable de la caída del muro de Berlín (1989), el ocaso de los ideales comunistas y la desintegración de  la Unión Soviética. Ante ese obstáculo insuperable, un grupo numeroso del sector llamado renovador o eurocomunista, en el que se integraba Tsipras, se escindió del KKE para crear Syriza (acrónimo de Coalición de la Izquierda Radical), un conglomerado populista que como tantos otros, a la derecha y a la izquierda del arco político, prometen un futuro tan radiante como altamente improbable por no decir imposible.

En lo que llevamos de siglo, el populismo creció en Europa de manera impetuosa, impulsado por varios factores: fuerte inmigración, rigor presupuestario, terrorismo islamista, hundimiento de los partidos comunistas y, sobre todo, la crisis económica iniciada en EE UU que nos acompaña desde 2008 y provoca desempleo, precariedad salarial y recortes en los servicios sociales. En Francia, muchos votantes comunistas se pasaron con armas y bagajes al Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, nacionalista y xenófobo, de manera parecida a como en Italia creció el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo. En Alemania, la protesta populista adquirió en 2014 un cariz netamente antimusulmán, y en Gran Bretaña, el descontento engrosó las filas del euroescéptico Partido de la Independencia (UKIP). Fenómenos similares se produjeron en los países escandinavos.

En España, unas causas similares propiciaron el avance de Podemos, partido de origen comunista como Syriza, surgido del movimiento de protesta del 15-M, antisistema, que en su bautismo electoral en las elecciones europeas del 25 de mayo último logró 1.245.948 votos y 5 diputados. Resultado discreto si se tiene en cuenta el carácter de las elecciones europeas, proclives a la expresión de las más diversas cóleras populares y utopías populistas. En las mismas elecciones, el PP obtuvo 4.074.363 votos y 16 eurodiputados, mientras que el PSOE se quedó con 3.596.324 votos y 14 escaños. Un somero análisis del escrutinio sugiere que los votantes de Podemos proceden mayoritariamente del PSOE e Izquierda Unida.

En Grecia, el populismo de la Coalición de la Izquierda Radical (Synapismos Rizospastikis Aristeras, Syriza) se ha visto catapultado electoralmente por la aversión masiva hacia los partidos tradicionales, la derechista Nueva Democracia (ND) del actual primer ministro, Antonis Samaras, y, sobre todo, el Partido Socialista (Pasok), socialdemócrata, fundado por Andreas Papandreu, unidos en una gran coalición para salir del atolladero, a los que resulta fácil culpar de todos los males que afligen al país después del descrédito que entrañó el rescate económico bajo el protectorado de la llamada troika integrada por los representantes de la Comisión Europeas, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Syriza concurrió por primera vez a las elecciones generales de 2004, pero no entró en el parlamento hasta 2007, cuando obtuvo el 5,04 %  de los sufragios y 14 escaños, con un escrutinio proporcional para un parlamento unicameral de 300 escaños. En 2006, Tsipras fracasó en su intento de hacerse con la alcaldía de Atenas. En las elecciones generales de mayo de 2012, en pleno fragor de la crisis y el rescate por parte de la Unión Europea, Syriza progresó espectacularmente y logró el 16,8 % y 71 diputados, a costa del hundimiento de los socialistas del Pasok, y quedó en segundo lugar, sólo por detrás de ND (18,8 % y 108 escaños). En las elecciones europeas de mayo último, la coalición izquierdista reunió el 26,7 % de los sufragios. Las últimas encuestas vaticinan sin mucho rigor que Syriza será el partido más votado el próximo 25 de enero con el 28,3 %, seguido por Nueva Democracia con el 25 %, ambos muy lejos de los 151 diputados que conforman la mayoría absoluta.  El Pasok quedaría reducido a la mínima expresión (4,6 %). En cualquier caso, ningún partido obtendría los escaños suficientes para gobernar en solitario, lo que constituye una incertidumbre más que añadir al sombrío panorama.

Después de seis años de recesión, de rebaja significativa de las pensiones y los sueldos, de aumento de la fiscalidad y desempleo creciente (ahora en torno al 25 %), las penalidades de la población y el pesimismo de sus dirigentes han hinchado las velas del navío de fortuna de Syriza. Entre 2009 y 2013, la renta media disponible de los 10,8 millones de griegos descendió nada menos que el 35 %, y el producto interior bruto (PIB) se desplomó el 25 %. Más de 100.000 negocios cerraron sus puertas en los últimos cinco años y el  25 % de la población vive bajo el límite de la pobreza, situación que por sí sola explica el volcánico panorama político y la atracción fatal de las recetas populistas y arriesgadas de Syriza.

En estos momentos, precisamente cuando el país empezaba a crecer por primera vez desde 2009, aunque débilmente, en el último trimestre de 2014, el fiasco en la elección de un nuevo presidente de la República desencadenó por imperativo constitucional la convocatoria de elecciones generales anticipadas para el 25 de enero próximo. Para forzar las elecciones, Syriza no vaciló en hacer causa común con otras fuerzas políticas como la llamada Amanecer Dorado, claramente pronazi, otro producto típico de la crisis económica y la depresión social.

Al ascenso del populismo en Grecia contribuye decisivamente el desprestigio de una clase política harto irresponsable, generalmente emparentada con la corrupción y el caciquismo familiar, que no vaciló en falsear los indicadores económico-financieros para conseguir el ingreso en la eurozona, mientras postergaba las reformas estructurales que urgentemente demandaba la situación. El país entró en un círculo vicioso, de manera que se vio forzado a firmar dos acuerdos (memorandos) en 2010 y 2012 para recibir préstamos por la astronómica cifra de 240.000 millones de euros, a cambio de unas reformas económicas y fiscales para favorecer el crecimiento y restaurar la viabilidad de las cuentas públicas.

Aunque ya no propone que Grecia abandone la eurozona, la famosa “Grexit” (abreviatura inglesa de “Salida de Grecia”), Syriza pretende renegociar las condiciones del rescate europeo y buscar un acuerdo para reestructurar la deuda de 322.000 millones de euros (es decir, lograr una quita), pero mantiene la ambigüedad sobre qué camino seguirá si llega al poder para lograr esos ambiciosos objetivos contra el criterio de la Unión Europea y de otros acreedores. Esa incertidumbre política –la praxis del partido— explica en gran medida el retroceso inmediato de los mercados al anunciarse las elecciones anticipadas el 29 de diciembre. Si no hay una solución rápida, el país tendrá gravísimos problemas de liquidez que podrían abocarle a una suspensión parcial de pagos en la próxima primavera.

La flexibilidad o ambigüedad programática de Syriza se explican tanto por las raíces ideológicas del partido como por la urgencia de llegar al poder, de manera que el socialismo, el leninismo, el anticapitalismo más primario, el odio genérico contra los ricos, el enemigo exterior, el arbitrismo y las soluciones mágicas en que se basa el populismo componen un ideario sincrético y contradictorio de un grupo decidido, de osadía contrastada, que utiliza habilidosamente las novísimas redes sociales para crear una fuerte ilusión entre las masas poco ilustradas pero muy emotivas y dependientes de los mensajes cibernéticos. Una nueva versión izquierdista, simplista y actualizada, de los tejemanejes catódicos de Sua Emittenza, el señor TV, Silvio Berlusconi por más señas, que empezó su exitosa carrera, como se recordará, en estrecha alianza con los socialistas italianos.

La mayor parte de la astronómica deuda griega está en manos de la troika: FMI, Banco Central Europeo y Unión Europea, instituciones que han amortizado los bonos del sistema financiero privado a costa de cargarlo sobre las espaldas invisibles de todos los contribuyentes europeos, los alemanes en primera línea. No obstante, el actual primer ministro, Antonis Samaras, si volviera a ser primer ministro tras las elecciones, también espera llegar a un acuerdo con Bruselas para mitigar la austeridad en aras del crecimiento y el respiro. Algo así como adentrarse de nuevo por el callejón sin salida, pese a que las previsiones oficiales auguran un crecimiento del 2,9 % en 2015.

Muchos economistas coinciden con los técnicos de Syriza en que la deuda griega, en manos de bancos alemanes y franceses principalmente, era prácticamente impagable, y denuncian el gigantesco fraude del rescate con dinero comunitario o del FMI, cuando la lógica del sistema de libre mercado demandaba una suspensión de pagos (default) del país insolvente. Pero los mismos expertos rechazan las pretensiones de la izquierda radical de revertir las medidas de austeridad ya en marcha y ofrecer nuevos regalos populistas como el de una electricidad gratuita para las rentas más bajas, una moratoria de las deudas privadas con los bancos y un aumento indiscriminado de los salarios. En ese escenario populista, el caos estaría asegurado.

La renegociación de la deuda, además, sentaría un precedente peligroso y permitiría que los otros países rescatados (Portugal e Irlanda) reclamaran el mismo trato, lo que lleva a las autoridades de Bruselas a rechazar enérgicamente esa opción aparentemente balsámica. El problema de la deuda dentro de la eurozona y de las disparidades entre los países del norte y los del sur (pigs) sigue erosionando la deseable cohesión comunitaria. En Alemania y otros países ricos del norte, la opinión pública tacha de tramposos y dilapidadores a los griegos, mientras que éstos atribuyen todos sus males a la austeridad dictada por Berlín. Syriza tiene en la cancillera Merkel “el enemigo exterior” que necesitan los populistas y nacionalistas para prosperar.

Anuncios

Responses

  1. La verdad es que la crisis no ha sido provocada por un pueblo engañado por su clase política y que vienen utilizando el poder como si de un cartel se tratara.También hay que de decir que sin el fuerte auge deSyriza Samaran ñu hubiera incluido en su programa el mitigar las medidas de austeridad en que vive gran parte de la población. Populismo, si, pero bienvenido si rompe la espina dorsal de un reparto de poder que es el causante de la dramática situación en que viven los griegos.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: