Posteado por: M | 16 enero 2015

“Charlie Hebdo”, la libertad de expresión y los musulmanes

Después de las execraciones y los lamentos oficiales y oficiosos de los gobiernos árabes y las comunidades musulmanas en Europa por los crímenes islamistas de París, las reacciones en el universo islámico ante la salida del último número del semanario Charlie Hebdo, en el que aparece una caricatura de un lloroso Mahoma sosteniendo entre las manos el cartel de “Je suis Charlie”, resultaron absolutamente condenatorias del indeseable atrevimiento de los infieles. Una vez más se puso de manifiesto que el mundo árabe-musulmán en su opinión publicada o aireada supedita la libertad de conciencia y expresión a los dictados de un dogma inamovible, irreformable, y de unos sentimientos respetables pero cuyo respeto no puede imponerse a los infieles por la violencia. La simple publicación de una caricatura amable del Profeta suscita una indignación general y puede ser condenada con la excomunión o la muerte.

La única nota discordante y relativamente esperanzadora la puso el jefe de la oposición en Turquía, Kemal  Kiliçdaroglu¨, del Partido Republicano del Pueblo (CHP) fundado por Ataturk, que declaró en el parlamento de Ankara, ante su grupo parlamentario, el 13 de enero: “La secularización es el antídoto contra el terror.” Leí la noticia en el diario Hurriyet Daily News del 15 de enero, un periódico liberal de Estambul, con ediciones en turco e inglés, que dedicó bastante espacio a informar de la salida del último número de Charlie Hebdo, pero que se abstuvo prudentemente de publicar por completo la caricatura de Mahoma, que se podía intuir parcialmente, no obstante, en varias fotografías en las que se veía a los parisienses haciendo cola para comprar el histórico número de la revista.

En sus declaraciones en el parlamento, Kiliçdaroglu prosiguió: “Hacemos un llamamiento a todo el mundo islámico. Por favor, adoptad la secularización. Ésta fue considerada como sacrílega hasta ayer mismo, pero la secularización entraña en verdad la seguridad para todos los credos religiosos; significa la no intervención política en la religión de las gentes.” Ya se sabe que la separación del poder político y la mezquita es impensable en la inmensa mayoría de los países islámicos, al contrario de lo que ocurre en Occidente.

El único periódico turco que se atrevió a publicar entera la portada de Charlie Hebdo con la caricatura de Mahoma, aunque en páginas interiores y pequeño formato, el izquierdista Cumhuriyet, editado también en Estambul, recibió la visita de la policía para escudriñar su contenido y cerciorarse de que no reproducía ninguna caricatura del Profeta, en una demostración más del talante autoritario y dogmático que preside todas las actuaciones del régimen islamista instaurado por el presidente Recep Tayyip Erdogan, en abierta contradicción con la tradición occidentalizadora y secular iniciada por Mustafá Kemal (Ataturk) al abolir el califato y fundar la República de Turquía en 1923. Todo parece indicar que la policía no se incautó de la edición de Cumhuriyet por considerar que la portada de Charlie Hebdo no era expresamente una caricatura del Profeta y estaba reproducida a tamaño muy reducido en la página 5.

No obstante, la fiscalía de Estambul abrió una investigación contra Cumhuriyet por haber reproducido algunas de las viñetas contenidas en el número extraordinario de Charlie Hebdo. Dos de los periodistas del rotativo que publicaron artículos relacionados con el semanario francés fueron acusados de “incitar al pueblo al odio o la humillación”, en un claro ejemplo del sectarismo oficial en estas cuestiones. Uno de los periodistas incriminados, Ceyda Karan, declaró: “Todo el mundo tendrá algo sagrado; para mí, como periodista, lo sagrado es la libertad de expresión y de conciencia.” Como medida de represalia, la compañía aérea Turkish Airlines, que depende del gobierno, suprimió el reparto de ejemplares de Cumhuriyet entre sus pasajeros.

Desde el Atlántico al Índico, desde Senegal a Afganistán, pasando por todos los países del Oriente Próximo, las reacciones ante la portada del número de Charlie Hebdo fueron casi unánimemente condenatorias, de una cólera apenas contenida o rebajada por el recuerdo de la matanza de París. El gobierno de Senegal prohibió la distribución en el país tanto de Charlie Hebdo como de Libération, el periódico parisiense que prestó sus instalaciones para la confección e impresión de aquél. El gobierno iraní condenó la publicación de la caricatura del Profeta, “insultante para los mahometanos”, y advirtió de que “el abuso de la libertad de expresión se expande actualmente por Occidente no es aceptable y debe ser impedido”.

En Mauritania, república islámica regida por la ley coránica (sharia), los manifestantes que protestaban contra la inserción de la caricatura se concentraron ante la embajada de Francia en Nuakchott, la capital, con carteles en los que podía leerse: “Todo salvo el Profeta”. Los exiguos sectores moderados de este país norteafricano están alarmados por la deriva autoritaria e integrista del régimen, que el 24 de diciembre pasado condenó a muerte a un joven bloguero, de 29 años, “por haber hablado con ligereza del profeta Mahoma”. La sentencia está pendiente de ejecución.

En Egipto, el presidente Abdelfatah al-Sisi, pese a presentarse como un valladar secular contra los islamistas, autorizó al primer ministro, mediante un decreto presidencial, para que prohíba cualquier publicación extranjera “ofensiva para la religión”. La mezquita Al Azhar, una relevante institución islámica cairota, calificó las caricaturas de Mahoma de “frivolidad odiosa” y exhortó a “ignorarlas”, mientras que el gran muftí de Egipto (máxima autoridad religiosa) denunció “una provocación injustificada contra los sentimientos de los musulmanes de todo el mundo”. El patriarca copto (cristiano) de El Cairo también se pronunció contra “el insulto a cualquier nivel”.

En el Líbano, país multiconfesional por antonomasia, el movimiento Hizbolá o Partido de Dios, chií con fuertes vínculos con el régimen teocrático de Irán, fuertemente instalado en la frontera con Israel, consideró que la nueva caricatura de Mahoma en la revista francesa “contribuye directamente a ayudar al terrorismo, al extremismo y a los fundamentalistas”. El muftí de Jerusalén, la más alta autoridad religiosa de Palestina, Mohamed Husein, denunció “el insulto” que hiere los sentimientos de 2.000 millones de musulmanes”. Un portavoz del Estado Islámico se refirió a “los ofensivos dibujos del máximo Profeta” y declaró: “El periódico ateo trata de explotar los recientes acontecimientos para ganar más dinero con la edición.”

La reacción quizá más tolerante o menos amenazadora se produjo en Gran Bretaña, donde varios líderes musulmanes firmaron una carta de respuesta para “las provocaciones”, en la que pudo leerse: “Con nobleza digna, debemos actuar con moderación; nuestra reacción debe ser de reflexión sobre las enseñanzas del carácter amable y misericordioso del Profeta”.

Una vez más resultó evidente el abismo que separa a los musulmanes y sus autoridades religiosas (no existe el clero como tal en el islam), incluso los que se llaman moderados, de los principios que prevalecen en Occidente sobre el papel de la religión en las sociedades, la autonomía soberana del poder político, la estricta separación del Estado y las diversas confesiones religiosas y la tolerancia que preside las relaciones entre aquéllas. Escasas por no decir nulas son las esperanzas de un movimiento para reconciliar al islam con el mundo moderno. Los conservadores y dogmáticos no sólo son la inmensa mayoría, sino que mantienen el más absoluto control para impedir la manifestación de opiniones heterodoxas.

En un ensayo en la publicación norteamericana Politico, en el pasado mes de septiembre, el influyente Hisham Melhem, jefe de la oficina en Washington de Al Arabiya, el canal panárabe de televisión propiedad de Arabia Saudí, otra teocracia cortejada descaradamente por Occidente, insistió en que la civilización islámica tal y como la conocemos no está dispuesta a arriar sus banderas. Y añadió: “Los políticos y los académicos occidentales que anticipan o reclaman unas significativas reformas religiosas y políticas llevadas a cabo por los llamados moderados, organizativamente inexistentes, deberían armarse de paciencia y tener en cuenta la época en que vivimos.” Es decir, los occidentales deben abandonar toda esperanza.

Los espasmos más violentos del terrorismo, como los de París, que afectan al melancólico periodismo de papel, escrito o dibujado, no deben hacernos olvidar la penosa situación que presenta el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales en la mayor parte del mundo musulmán, sobre todo, en los convulsos países del Oriente Próximo. La libertad de prensa se ve pisoteada a diario en algunos de los Estados cuyos dirigentes máximos, liberticidas notorios, no tuvieron empacho en acudir y colocarse en primera fila de la manifestación de París del 11 de enero en defensa de la libertad de los periodistas y caricaturistas de Charlie Hebdo.

Hipocresía y rostro de granito que tanto proliferan en las relaciones internacionales. Pero muchos de los asistentes a la manifestación de París en primera fila no están solos en el disimulo y la contradicción flagrante. Los dirigentes europeos, de Hollande a Merkel, de Cameron a Rajoy, siguen empecinados en proclamar que el islam nada tiene que ver con unos terroristas que gritaron: “Hemos vengado al profeta Mahoma”, tras el asesinato masivo en la redacción de Charlie Hebdo, ni con los innumerables atentados, degüellos, ablaciones, latigazos o lapidaciones que se perpetran en nombre de Alá, ni siquiera con las decisiones de las autoridades civiles y religiosas que desprecian la libertad de expresión en nombre de las prohibiciones derivadas de la interpretación casi unánime del Corán.

En Arabia Saudí, cabeza del islam suní, teocracia fundada en la exégesis más rigurosa y conservadora del Corán, conocida como wahhabismo, todas las libertades están condicionadas cuando no abiertamente conculcadas porque chocan con la barrera infranqueable del integrismo y los intereses estratégicos de la monarquía, incluyendo la pugna con otra teocracia, la de Irán, ésta chií, por la hegemonía en el golfo Pérsico o Arábigo. Como es notorio, la teocracia saudí, custodia de los lugares santos del islam, no permite la apertura de iglesias cristianas, confisca las Biblias, persigue a los herejes o simplemente heterodoxos y gasta grandes fortunas en construir mezquitas y abrir escuelas coránicas por todo el mundo, que actúan como focos permanentes de irradiación del integrismo y la intolerancia.

Un súbdito saudí, Raif Badawi, que tuvo la osadía de expresar sus ideas reformistas en un blog, promoviendo un debate sobre el islam y la modernidad, acaba de ser condenado a 10 años de prisión y mil latigazos por “insultar al islam”. Los primeros 50 latigazos le fueron propinados públicamente el 9 de enero, viernes, y así proseguirá su calvario, cada viernes, hasta que haya recibido el millar. El castigo infligido al bloguero suscitó una viva emoción en algunos círculos intelectuales y periodísticos de EE UU, pero puede asegurarse que ese episodio cruel no afectará lo más mínimo a las estrechas relaciones de Washington con la monarquía petrolera de los Saud.

En Turquía soplan vientos muy adversos para la libertad de prensa. La reislamización desde arriba en que está empeñado desde hace diez años el actual presidente y antes jefe del gobierno, Recep Tayyip Erdogan, se traduce en una constante disminución del espacio de libertad de los medios de comunicación y una intensificación de las medidas represivas. La organización internacional Reporteros sin Fronteras, independiente e imparcial, que recopila informaciones de todo el mundo, ha dado a conocer 117 casos de agresiones y amenazas por parte del poder político contra los periodistas en Turquía en 2014.

Sólo a razones religiosas cabe achacar la ambigua actitud del gobierno turco en lo que concierne a la guerra contra el Estado Islámico en el norte de Siria e Iraq, que tanto debilita a la coalición forjada por EE UU contra la yihadistas. En el ya citado diario Hurriyet/Daily News, el comentarista diplomático Serkan Demirtas formula un apremiante llamamiento para que Turquía “recupere su carácter secular para luchar contra el terrorismo global” y abandone las proclividades autoritarias que tanto deterioran sus relaciones con la Unión Europea.

 

 

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Responses

  1. Hola Mateo !!
    Como va todo?? Y Montse como se encuentra ??
    He disfrutado con la lectura de tu articulo. Has descrito la situacion de todos los paises musulmanes en este problema.
    Ah, y completamente de acuerdo con tu idea escrita en el quinto parrafo por el final, acerca de la hipocresia y buenismo de casi todos los paises de occidente de no oponerse energicamente a los islamistas.
    Respecto a la actuacion de los sectores mas violentos del yihadismo ¿Quien los arma?? No es el mismo occidente que se rasga sus vestiduras cuando masacra en medio de el??
    Bueno Mateo, gracias por tu articulo, seguire teniendote muy en cuenta
    Un abrazo para los dos
    Laudelina


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