Posteado por: M | 24 febrero 2015

La dictadura de Venezuela arruinada encarcela a los opositores

La Venezuela del presidente Nicolás Maduro, el heredero e imitador de Hugo Chávez, se parece cada día más a la Cuba de los Castro, no sólo porque pisotea las libertades de manera violenta, como confirma la detención y encarcelamiento del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, el 19 de febrero, sino porque somete a los ciudadanos a una dictadura creciente sobre las necesidades más elementales por haber conducido a un país rico en hidrocarburos, con las mayores reservas conocidas de petróleo del mundo, al más completo desastre económico. No obstante, los gobiernos europeos y la administración de Barack Obama, por motivos aparentemente inescrutables, mantienen un vergonzoso silencio rayano en la complicidad sobre los desmanes liberticidas del régimen de Caracas.

Al igual que en Cuba, el imaginario enemigo exterior desempeña un papel relevante en las maniobras de Maduro y sus compinches para perpetuarse en el poder, precisamente cuando su apoyo popular decrece de manera alarmante al mismo ritmo que se alargan las colas en los supermercados o se dispara el contrabando. Desde que sucedió a Chávez en 2013, aupado por los servicios secretos cubanos, pero acosado por la paranoia derivada de su incompetencia, Maduro no ceja en su empeño de denunciar conspiraciones fantásticas y golpes de Estado fallidos que nunca se concretan, aquéllas y éstos siempre atribuidos al gringo poderoso, los exiliados de Miami, las autoridades de la vecina Colombia o la derecha española, pero sin aportar pruebas convincentes, mera pantalla de burda retórica.

El lenguaje de Maduro es un calco del de Chávez, aunque aquél no tiene la facundia y energía de éste. El 23 de febrero, para justificar las últimas detenciones, Maduro bramó ante sus partidarios: “Que nadie se meta con Venezuela, a Venezuela se la respeta, yankis del carajo, respeten nuestra patria. Ya basta.”

Al igual que los Castro, que trataron durante muchos años de exportar la revolución, no sólo en América Latina, sino también en África, empresa que consumió inútilmente hombres y recursos, el coronel Chávez expandió su autoproclamada “revolución bolivariana” por varios países del continente (Bolivia, Nicaragua, Ecuador), por medio del arma infalible de los petrodólares, e incluso abrigó la demencial esperanza de introducirla en Europa a través de los líderes de algunos partidos de extrema izquierda. Quizá la ruina económica en que se encuentra Venezuela obligue a Maduro y sus ideólogos a suspender la onerosa aventura exterior.

Maduro es un tosco camionero y sindicalista, permanentemente disfrazado con el uniforme patriótico, encumbrado por su obediencia ciega, remedo del comandante-presidente, su pajarito inspirador desde el más allá, que suscitaría la chanza y el ludibrio de sus compatriotas si no tuviera en sus manos el látigo de la represión y no contara con el respaldo de los Castro y de la masa de maniobra, en el más puro estilo cubano, de los camisas rojas de los barrios populares y de los milicianos que intimidan al vecindario, rígidamente organizados, y que, llegado el caso, disparan impunemente contra los que protestan. Quizá la  diferencia apreciable con el modelo cubano consiste en que Caracas y otras ciudades del país figuran entre las más violentas del mundo, con un pavoroso índice de criminalidad.

La manía persecutoria de Maduro, tan aplaudida por la plebe organizada y subvencionada, puede parecer ridícula o enfermiza, pero no deja de ser un arma arrojadiza que se lanza contra los adversarios políticos para presentarlos como “lacayos del imperialismo”, según la denuncia ritual de todos los populismos de América Latina desde tiempo inmemorial. Además de pedirle a Obama que detenga “la locura del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela”, el presidente venezolano inventó un eje del mal Madrid-Bogotá-Miami que mantiene, según dijo, “una conspiración permanente” contra su persona y su gobierno.

La denuncia de Amnistía Internacional

La manera como se realizó la detención de Ledezma, con nocturnidad, sin orden judicial previa y por agentes encapuchados, denota la vulneración de los procedimientos institucionales y el reino descarado de la arbitrariedad, en una chirriante demostración de que el régimen sigue allanando domicilios y avasallando todos los poderes desde hace mucho tiempo, con desprecio para la dignidad democrática de un opositor elegido por el pueblo como alcalde metropolitano de la capital. La explicación de Maduro no pudo ser más simple, a través de Twitter: “En Venezuela estamos frustrando un golpe apoyado y promovido desde el norte” (en alusión a EE UU).

El alcalde Ledezma se une como víctima de la injusticia a Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular (VP), que fue detenido hace poco más de un año, acusado de ser el “autor intelectual” o instigador de las protestas contra el régimen, y sigue en la prisión sin posibilidad de defenderse ante un  juez. La judicatura venezolana está al servicio del poder ejecutivo o intimidada por las turbas del chavismo, incapacitada para aplicar el principio del habeas corpus, degradada hasta el punto de devenir una parodia. Su funcionamiento es una demostración palpable e inequívoca de que el régimen supuestamente libertador ha degenerado en una dictadura truculenta.

En realidad, la acusación única contra Ledezma es la de haber firmado recientemente una carta abierta en la que se propugnaba “un acuerdo nacional para la transición”. Los otros dos firmantes del manifiesto fueron el encarcelado Leopoldo López y la opositora María Corina Machado, a la que los rumores que circulan por Caracas designan como víctima inminente de la represión. La esposa de Leopoldo López, Lilian Tintori, dio por hecha la detención de Machado. Son varios los alcaldes que se encuentran retenidos sin proceso judicial en las mazmorras del régimen.

La misma situación afecta a “los cientos de víctimas de violaciones graves de los derechos humanos que siguen esperando justicia”, según denuncia un informe de Amnistía Internacional (AI) cuando se cumple ahora un año de las masivas manifestaciones contra el poder, iniciadas por los estudiantes, de febrero a julio de 2014, en las que perdieron la vida unas 50 personas y más de mil resultaron heridas por la brutal represión de las fuerzas de seguridad. Según AI, al menos otras 24 personas fueron detenidas durante una operación militar, “torturadas con descargas eléctricas y amenazadas de muerte y con violencia sexual”. Bassil Dacosta, Juan Montoya y Roberto Redman murieron en Caracas por disparos de las fuerzas del orden o de los milicianos del régimen, pero nadie ha comparecido ante la justicia para responder de esas muertes, pese a la reclamación insistente de sus familias. La impunidad de los esbirros cierra el círculo infernal que traza la tiranía.

La represión chavista se ha radicalizado en paralelo con el desbarajuste general, la asfixiante escasez y la penuria provocados por la crisis económica y la falta de liquidez del gobierno derivada del hundimiento de los precios del petróleo, muy por debajo de los 120 dólares el barril que los economistas calculan como necesario para mantener el equilibrio de las cuentas públicas. La situación es también similar en la de Cuba durante el “período especial”, del abismo económico y la emigración desesperada –la odisea de los balseros–, que siguió al fin de los subsidios soviéticos (5.000 millones de dólares anuales) en 1991.

Después de 15 años de chavismo, de petro-populismo hostil a la iniciativa privada, que confunde la expropiación con el latrocinio, la capacidad productiva del país está destruida o funciona precariamente, hasta el punto de que Venezuela depende de las importaciones para cubrir sus necesidades básicas. La inflación alcanza el 70 % anual y al gobierno no se le ha ocurrido otra idea que la de establecer nada menos que tres tipos de cambio –otro remedo del ruinosos sistema cubano–, de 6,3, 12 y 171 bolívares por dólar. En el mercado negro, por supuesto, el dólar se cotiza por encima de los 200 bolívares. La corrupción, el laberinto burocrático y la escalada de los precios convierten en una pesadilla el deambular diario de los ciudadanos corrientes para hacerse con productos tan básicos como la leche, el pan, el jabón o el papel higiénico.

Los servicios públicos, incluida la sanidad, están por los suelos. Los muchos médicos llegados de Cuba, como parte de la compensación por el petróleo barato, no pueden suplir la tremenda falta de medios. Valentina Herrera, pediatra en un hospital público de Maracay, una ciudad próxima a Caracas, entrevistada por un corresponsal del New York Times (22 de febrero), se atrevió a declarar: “He visto morir a la gente en los quirófanos porque carecemos de los instrumentos básicos de la cirugía.” El sueldo de esta médica es de 5.622 bolívares, unos 30 dólares al mes.

Para retrasar el naufragio, completamente incapaz de escapar de la tormenta, Maduro se dedica a vender las joyas petroleras que pertenecen al pueblo venezolano, pero que están siendo dilapidadas para salvaguardar a un régimen corrompido y represor que ni siquiera se ha enterado de las nuevas relaciones que empiezan a anudarse entre La Habana y Washington tras la decisión de Obama sobre el intercambio de embajadores, la liberalización de los viajes y de las remesas de los exiliados, a la espera del definitivo levantamiento del embargo.

Para salvarse de la quiebra en el próximo mes (la deuda que vence en marzo supera los 1.000 millones de euros), el gobierno venezolano acaba de conseguir 2.800 millones de dólares mediante el endeudamiento de Citgo, una empresa filial de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), registrada en Estados Unidos, con sede en Houston (Tejas), que se dedica al refino y la venta de gasolina. Además, con los mismos fines, los pródigos e incompetentes administradores políticos de Caracas han vendido con un descuento considerable (más de la mitad) las obligaciones de la República Dominicana, obteniendo 1.900 millones de dólares por una deuda de 4.000 millones. No obstante, persisten las incertidumbres sobre el pago del servicio de las deudas del Estado venezolano, que los especialistas cifran en 10.300 millones de dólares el total de vencimientos en 2015.

Condena del Parlamento Europeo

Aunque cuenta con ardorosos partidarios y beneficiarios en la hemipléjica extrema izquierda europea, el régimen chavista venezolano ya fue condenado por el Parlamento Europeo, por violación flagrante de los derechos humanos, mediante una resolución adoptada por abrumadora mayoría el 18 de diciembre próximo pasado (476 votos contra 109 y 49 abstenciones). Votaron en favor de la condena los tres grandes grupos del Europarlamento (Popular, Socialdemócrata y Liberal). Votaron en contra la Izquierda Unida Europea, en la que se incluyen Podemos y Syriza, y la derecha nacionalista del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP) y el italiano Movimiento Cinco Estrellas. Una vez más, la extraña conjunción de la extrema izquierda con la extrema derecha y los enemigos de la construcción europea.

La resolución del Parlamento Europeo se expresó de manera contundente e inequívoca: “[El Parlamento] Condena rotundamente la persecución política y la represión de la oposición democrática, la violación de las libertades de expresión y de manifestación, y la existencia de censura en los medios de comunicación y las páginas web; condena rotundamente el uso de la violencia contra los manifestantes; expresa sus sinceras condolencias a las familias de las víctimas; pide a las autoridades de Venezuela que investiguen esos crímenes y exijan responsabilidades a sus autores sin dejar margen alguno a la impunidad.”

La resolución del Parlamento Europea concluía con la siguiente exigencia: “Pide al gobierno de Venezuela que cumpla su propia Constitución y sus obligaciones internacionales en lo que respecta a la independencia judicial, los derechos de libertad de expresión, asociación y reunión pacífica, así como al pluralismo político, dado que constituyen elementos fundamentales de la democracia, y que vele por que no se castigue a las personas por ejercer sus derechos de reunión pacífica y libertad de expresión.”

No hay escapatoria, ni falta detalle en la requisitoria. Esa resolución justifica plenamente la afirmación de que Venezuela no vive en democracia, sino en un régimen dictatorial que debería ser colocado al margen de la comunidad internacional, vituperado como liberticida y castigado como se merece, con las sanciones pertinentes en estos casos, a condición, claro está, de que no agraven las penalidades que sufren cotidianamente sus ciudadanos. No se espera, sin embargo, que los gobiernos europeos que congelaron sus relaciones con China tras la matanza de Tiananmen (4 de junio de 1989), para dar ejemplo, adopten algunas medidas coercitivas para forzar la mano de la dictadura de Maduro, para que ponga en libertad a los dirigentes encarcelados y respete las libertades y los derechos civiles de sus ciudadanos.

Lo que se espera de Europa es la indignidad de mirar para otro lado, como hacen la mayoría de los dirigentes de América Latina, paralizados por el principio de la no intervención y el perjuicio favorable de que aún gozan en el hemisferio los populismos depredadores a condición de que utilicen una retórica huera contra el coloso del norte. La dictadura castrista reina en Cuba desde hace más de medio siglo. ¿Acaso es ése el destino que aguarda a los venezolanos?

.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: