Posteado por: M | 2 julio 2015

Tras las bambalinas del drama griego

Más allá del maratón de negociaciones y videoconferencias entre los 19 ministros de Economía del Eurogrupo, detrás de las bambalinas del escenario principal de Bruselas se desarrolló una áspera batalla diplomática sobre el futuro de Grecia, un drama en varios actos con sus personajes principales y secundarios cuyo desenlace provisional arrojó un cierre de filas detrás de la cancillera de Alemania, Angela Merkel, a regañadientes por parte de algunos líderes europeos que trataron de actuar como amigables componedores, pero que a la poste se alinearon con Berlín debido principalmente a la estúpida altivez –el orgullo azaroso o impostado de los débiles– y los pésimos modales del primer ministro griego, Alexis Tsipras, capaz de acabar con la paciencia del más curtido diplomático.

La crisis final estalló, desde luego, por culpa de los gobernantes griegos que, ante la última propuesta del Eurogrupo, se levantaron de la mesa de la negociación el viernes 26 de junio y regresaron a Atenas para anunciar un repentino referéndum para el 5 de julio, un plebiscito apresurado y poco democrático para salvar la cara, declinar la responsabilidad y supuestamente intimidar a los acreedores. El ministro griego, Yanis Varoufakis, no sólo rechazó la última propuesta, sino que rompió unilateralmente las negociaciones. La pulga tratando de incomodar al elefante. Confusión y alardes tácticos. Detrás de la arrogancia o las marrullerías de Tsipras y sus conmilitones latían los malos augurios sobre el futuro del euro y el doblar de campanas de los anglosajones por unas supuestas divergencias insalvables dentro de los 19 países de la eurozona.

La verdad es que los vaticinios pesimistas resultaron infundados. Aunque con una lentitud exasperante, el Eurogrupo funcionó con una cohesión insuperable detrás de Alemania, mientras el gobierno griego quedaba no ya en minoría, sino en absoluta soledad. La fuga irresponsable de Tsipras hacia delante desembocó en una pregunta enrevesada sobre un falso dilema: el abandono o la permanencia en la eurozona. Espurio dilema, desde luego, porque muy pocos en Europa propugnaban el ominoso Grexit (la salida de Grecia de la eurozona), ni tan siquiera prevista en los tratados; pero son muchos los que desean evitar que Grecia se convierta en un Estado fallido de la mano de unos dirigentes que ganaron las elecciones de enero con unas promesas maravillosas, a sabiendas de que no podrían cumplirlas.

Ese levantarse airado de la mesa de la negociación, protagonizado por Varoufakis, colmó el vaso de la paciencia de Merkel y granjeó a Atenas el abandono de sus últimos valedores influyentes: algunos socialdemócratas alemanes, el presidente francés, François Hollande, y el primer ministro italiano, Matteo Renzi. Ya se sabe que algunos restos de la socialdemocracia europea con aparente mala conciencia consideran que los líderes de Syriza, la coalición griega ultraizquierdista, son unos camaradas descarriados a los que hay que amonestar y guiar para que retornen al redil. Lo que no esperaban es que Tsipras y su excéntrico ministro de Economía, Varoufakis, rompieran la baraja y se echaran literalmente al monte de un referéndum tan torpe como exorbitante. Una maniobra típicamente populista.

Al romper unilateralmente la negociación con sus principales acreedores, el gobierno griego cometió un error de bulto, de consecuencias incalculables. Parece que pretendía dar jaque a sus socios, mas pronto se halló en una situación desesperada, teniendo que navegar por las aguas procelosas de un referéndum incierto en el que  dirimir no tanto la permanencia del país en la eurozona como el problemático futuro de un partido populista y neocomunista que pretendía plantear y ganar una batalla paneuropea contra la austeridad, convertida ésta en el símbolo repudiado del sistema vigente y sin alternativa en Europa desde las caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS, el hundimiento del comunismo.

Ante los aviesos rumores y las críticas persistentes contra el vilipendiado diktat alemán sobre la austeridad, que el populismo izquierdista sigue esgrimiendo con absoluta desfachatez, el primer ministro italiano, esperanza de la nueva izquierda, salió en defensa de la cancillera, alegando que culpar a Berlín de la tragedia griega es “un interesado pretexto que no se corresponde con la realidad”. En cuanto a la maniobra del referéndum, recordó Renzi que no se trata “de la Comisión Europea contra Tsipras, sino del euro contra el dracma, ésta es la elección”. Con la argucia del referéndum, Tsipras se colocaba al pie de los caballos.

El corralito o “cuanto peor, mejor”

El problema está en Grecia, desde luego; en los ciudadanos griegos que eligieron un gobierno halagador y osado, pero absolutamente incompetente, asido como una lapa a la consigna populista: “Nosotros seguimos gastando, paga Merkel.” Y que ahora les convoca a un referéndum para huir de su responsabilidad y cargar contra el enemigo exterior, una maniobra en la que se vio acompañado en el parlamento por los neonazis de Amanecer Dorado y los ultranacionalistas de la coalición gubernamental. ¿Cómo fiarse de un gobierno que para salvar la cara convoca un falso plebiscito, decreta un corralito, cierra los bancos y somete a la ciudadanía al oprobio de las colas en los cajeros para recuperar una parte mínima de su dinero?

La explicación que me parece más plausible es que Tsipras y sus colaboradores aplicaron la vieja estrategia comunista del “cuanto peor, mejor”, que deparó consecuencias pavorosas en la Europa de entreguerras, sobre todo, en la Alemania donde se gestaba el ascenso irresistible del nazismo. Con la utilización del término “chantaje” para definir la actitud de sus socios en el Eurogrupo, los dirigentes griegos y sus imitadores y aliados españoles demostraron su escaso respeto por las normas, el mal estilo de sus declaraciones, los estragos lógicos de su propaganda y la pérdida de cualquier papel honorable.

En cuanto al presidente Hollande, también socialdemócrata, que llegó al poder en 2012 con un programa contra la austeridad, inmediatamente plegó las velas del gasto y los experimentos embaucadores, como hizo Mitterrand en 1983, y se alineó con la conservadora Merkel sin ningún titubeo, dando a entender que Atenas no puede torpedear el rigor presupuestario y seguir en el euro. ¿Cómo podía olvidar Hollande que los correligionarios alemanes de la socialdemocracia acompañan a la cancillera en un gobierno de gran coalición? Como señalaban los medios diplomáticos franceses y subrayaba el diario Le Monde, la gran coalición de Berlín está perfectamente unida ante “este desafío definitivo”.

El presidente del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), Sigmar Gabriel, puso el dedo en la llaga y selló la suerte de Tsipras y su elenco: “La diferencia fundamental entre el gobierno griego y todos los otros gobiernos de la eurozona no radica en los detalles de la negociación, sino que reside en el hecho de que Atenas pretende modificar las condiciones de cooperación en el seno de la zona euro o desea, al menos, tener el derecho de no respetar esas condiciones.” Es decir, el recordatorio de una condición tan elemental como el respeto de las reglas de admisión por todos los miembros del club. Sólo Die Linke (La Izquierda), tapadera del viejo partido comunista y una nostalgia inconfesada de la República Democrática Alemania (RDA), con el muro de Berlín incluido, expresó su simpatía por el experimento griego con financiación exterior.

Las críticas más duras contra el gobierno de Atenas se oyeron en las capitales de algunos países que pueden verse amenazados por la pleamar populista, de izquierda o de derecha. Madrid, Lisboa, Bratislava, Ámsterdam y Helsinki parecían estar en la misma longitud de honda y defendiendo el mismo principio: hay que cumplir las normas y lo acordado para preservar la solidaridad, ala mismo tiempo que rechazaban la reestructuración o condonación de la deuda. El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, advirtió de que la permanencia de Grecia en la eurozona no puede conseguirse “a cualquier precio”, y Mariano Rajoy, en una entrevista radiofónica, criticó “las posiciones extremistas que no conducen a ningún sitio”.

Las presiones inútiles de Obama

Los anglosajones –epíteto con el que De Gaulle englobaba a británicos y norteamericanos— hicieron todo lo que estaba en sus manos no tanto para defender al gobierno griego como para subrayar, una vez más, las debilidades congénitas de la unión monetaria y el euro, una empresa europea que siempre despertó críticas abundantes entre los políticos y los círculos académicos y financieros de Londres y Washington. En este ocasión, resultó realmente extravagante que algunos portavoces del capitalismo de toda la vida y de todos los rigores salieran a echarle una mano a un gobierno neocomunista y de escasa fiabilidad, quizá asustados por la perspectiva de una nueva guerra fría fantasmagórica que colocaría a una flota rusa amarrada en El Pireo.

Abrió fuego Gideon Rachman, euroescéptico recalcitrante, director de operaciones del Financial Times londinense contra el euro, quien disparó con una acritud desbordada y desenfocada contra la empresas europeísta: “Encerrando a Grecia y otros países de la Unión Europea dentro de un experimento económico fracasado –el euro–, se está destruyendo la riqueza, la estabilidad y la solidaridad europeas.” El artículo fue muy difundido entre el público anglosajón porque fue reproducido por un influyente y prestigioso organismo norteamericano: el Council of Foreign Relations.

En el New York Times, además de un editorial alentando una solución negociada, el premio Nobel de Economía Paul Krugman, verdadero gurú de los nuevos keynesianos, publicó un artículo titulado “Greece on the Brink” (Grecia al borde del precipicio) que comenzaba con la afirmación tan perentoria como falsa de que “la creación del euro fue un terrible error”. Además de formular una crítica feroz de las políticas de austeridad, Krugman dio consejos políticos al gobierno griego y a los griegos: “Grecia debe votar no y el gobierno griego debe estar preparado, si fuera necesario, para abandonar el euro.” En su opinión, muy discutida en los círculos académicos, el retorno de la dracma y su devaluación competitiva “podría sentar las bases de una recuperación final”.

Otro premio Nobel norteamericano de Economía, Joseph Stiglitz, con la misma proclividad keynesiana, de más gasto sin responsabilidad fiscal, publicó un corrosivo artículo en el periódico londinense The Guardian, en el que profirió duras acusaciones contra los gobiernos de Alemania y Francia, a propósito de los intereses de sus bancos nacionales. Según Stiglitz, los pérfidos socios europeos lanzaron un ultimátum “para forzar a Grecia a aceptar lo inaceptable, no sólo medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas”. También se pronunció por el voto negativo en el referéndum porque “abriría al menos la posibilidad de que Grecia, con su fuerte tradición democrática, pueda asir su destino en sus propias manos”.

Como puede verse, consejeros no le faltan a Tsipras, aunque se expresen con muchos prejuicios, expongan ideas discutibles, hagan cálculos voluntariosos y recurran incluso al tópico de “la fuerte tradición democrática del país”, en una presuntuosa alusión a la Grecia clásica (siglo V a.de C.) que muy poco tiene que ver con la Grecia que surgió como nación independiente en 1830, tras cuatro siglos de dominación otomana, de la mano del Imperio británico. Tras las sucesivas conquistas de Macedonia y de Roma, la invasión de los bárbaros, la caótica administración del Imperio bizantino y cuatro siglos de dominación otomana (XV-XIX), los rastros étnicos y espirituales de la Grecia clásica son inencontrables, están en ruinas como sus monumentos. Los sentimientos filohelénicos en toda Europa rebrotaron y se extendieron, por oposición a la férula turca, con la guerra de la independencia y la muerte del poeta lord Byron en el asedio de Missolonghi (abril de 1824).

La solución de que los griegos sigan gastando y endeudándose para que paguen el resto de los europeos resulta sencillamente impracticable. Y como señaló el economista Daniel Lacalle en El Confidencial, la salida de Grecia del euro sería catastrófica, pues “se vería abocada a una enorme recesión e inflación –como importador neto de bienes que es— y a ver devaluadas las pensiones, los salarios y los ahorros entre un 50 y un 70 %, mientras las deudas se mantienen en euros. Un dominó de quiebras”.

Me parece oportuno recordar aquí lo que ya escribí en otros artículos de este blog. Los anglosajones, para seguir con esa denominación, tanto los de Wall Street como los de la City londinense, siguieron haciendo buenos negocios con Grecia cuando ésta entró en la Comunidad Europea (1981) y luego en la zona euro (2001-2002). El gobierno del socialdemócrata Yorgos Papandreu reconoció que los gobiernos griegos falsearon sistemáticamente los datos económicos para cumplir los requisitos que exigió la Unión Europea para incorporarse a la moneda única y la eurozona. El banco de negocios norteamericano Goldman Sachs ofreció sus servicios para enmascarar la realidad del país, bajo la dirección entonces del italiano Mario Draghi, el actual presidente del Banco Central Europeo (BCE).

Barack Obama puso toda la carne en el asador con el prurito de evitar “un inimaginable divorcio” entre la eurozona y Grecia. Reconoció el 30 de junio que había estado presionando a los líderes europeos para lograr un acuerdo que mantuviera a Grecia en la eurozona, después de que el secretario del Tesoro, Jacob J. Lew, hubiera mantenido conversaciones telefónicas con los ministros de Economía de Italia, Francia y los Países Bajos, en busca de “un compromiso pragmático” cuyas premisas no llegó a desvelar.

Obama llegó más lejos al vincular la estabilidad de Grecia con la seguridad nacional norteamericana. El domingo 28 de junio, tras la ruptura de las negociaciones y el anuncio del referéndum en Grecia, el presidente norteamericano telefoneó a la cancillera Merkel, pero la Casa Blanca no dio detalles del contenido de la entrevista telefónica. Al lunes siguiente, Obama conversó por teléfono con el presidente Hollande y el primer ministro británico, David Cameron. Menos poner dinero para aliviar la situación del aliado atlántico, Obama tocó todos los registros y sin duda llamó la atención de sus aliados sobre las consecuencias estratégicas de una aproximación del gobierno izquierdista de Atenas a Rusia, en el momento en que se disparen las tensiones en el Oriente Próximo. Política ficción propalada desde la Casa Blanca.

Anuncios

Responses

  1. ¿Se comporta uno groseramente usando citas? A mi no me lo parece, en base, mira por donde, a una cita. Se pregunta el sociólogo Zygmunt Bauman: “¿No nos sentimos ignorantes por un exceso indigerible e inasimilable de información?” Qué bien el Sr. Bauman que me sirve de muleta para atreverme a comentar. Claro está que, al final, al final, tendría otro recurso. Contenido en otra cita, una más, ésta de Milan Kundera: “La época de la tragedia sólo puede acabar con la rebelión de la frivolidad” (La inmortalidad). En este estadio, y ahí sí, me siento a mis anchas y creo poder solazarme impunemente.
    El FMI, leo en La Vanguardia de hoy, calcula que Grecia necesita un nuevo rescate. 50.000 millones -¿he leído bien?-, “cortar el valor nominal de la deuda” y que “para garantizar que sea sostenible, van a ser necesarias nuevas financiaciones europeas en los próximos años”.
    El FMI. Lo veo en sueños, como una tenebrosa organización cuya cabeza visible es esta dama que responde al nonbre de Christine Lagarde. Recuerdo que la primera imagen que de ella ví, me pareció hombre, pero no. Ella es mujer, con mucha clase y gran simpatía personal, bien tostada por el sol y con largas y bien torneadas piernas que exhibe cuando la ocasión se presta y bien que hace por ser el don que le ha concedido Dios; así como también una larga y curva nariz que no puede dejar de exhibir mal que le pese. Qué lástima que se halle bajo sospecha en un caso de corrupción siendo ministra de Economía de Francia, bajo el mandato del inefable Sarkozy. Qué lástima que fuera tan negligente como para no darse cuenta, ¡no darse cuenta! de que el Estado francés, al parecer, subsidió a Bernad Tapie -un superempresario de material deportivo- en 400 millones de euros. Qué le vamos a hacer, nadie es perfecto ni perfecta (ni siquiera morfológicamente, como hemos visto).
    Y que lástima también que viniera en sustituir en el cargo a otro adelando de las finanzas francesas, el Sr. Strauss Khan, el terror de las camareras de hotel -por lo menos- y que acaba de recibir la bendición de los tribunales franceses, que, al parecer, han reconocido por fin, que este hombre de especialísima excelencia para los números, sólo se significaba sexualmente con mucho temperamento. -De ‘rudo’ se autocalificó ante los medios-. Veleidades que parecen no desagradar a los franceses -como tampoco a las francesas, es de suponer- que han determinado por encuesta que el bueno de Strauss debe volver a la política activa.
    De todos modos, España no puede quejarse por falta de representatividad en esos privilegiados órganos del gobierno mundial. No todo huele a francés y de todos es sabido que fue el ínclito Rodrigo Rato, quien obtuvo en 2004, creo que fue, la designación de director gerente del Fondo, cargo del que salió pies en polvorosa, tras una governanza (¿?) de tres o cuatro años.
    Así que, claro está que los mandamases griegos actuales parece que no se han portado como sería exigible -¿nunca mejor dicho?- demasiado bien con las instituciones europeas, especialmente si tenemos en cuenta la claridad de las reglas relativas al cumplimiento de la deuda. (Que nadie cumple). Pero, tengo dudas respecto a quien se está portando peor, si los prestadores o estos ex otomanos tan poco inclinados, por naturaleza, al esfuerzo, según aprendí leyendo ‘Los cuarenta dias del Musa Dagh’. Quizá sea por los traicioneros reflejos del sol de estos días, pero lo veo así.
    Otro tema digno de un capítulo de sucesos escabrosos es el que cuentas respecto al Sr. Draghi -de apariencia tan ascética, con este andar sigiloso que recuerda al indio de las estepas americanas y mirada condescendiente- (me causaría verdadero pánico verle con el rostro cabreado), que obrando en nombre del llamado banco de negocios Golmann Sachs, falseó las cuentas griegas para posibilitarle a Grecia la entrada a la zona Euro?
    Ahora un apartado que aporta una visión distinta del S. Varufakis. Se trata de un artículo de Clara Sanchís publicado hoy, dia 3, en La Vanguardia. Dice así: “… después de ver con mucho retraso la entrevista que Jordi Évole le hizo a Varufakis… El mayor de los arrogantes, el bicho raro de las finanzas, me ha parecido una explosión de inteligencia. Se le acusa de hacer mucho ruido. Al escucharlo, me pregunto cómo no va a hacer ruido un ministro de Finanzas que no concibe separar la economía de la ideología. Un político que dice que quien desea un cargo político es peligroso, porque desea poder. Un profesor de Economía que, mientras ejerce de ministro de Finanzas, nos recuerda que, en la antigua Grecia, se llamaban idiotas a aquellos que no se ocupaban del interés común, sino del suyo propio”.
    El punto final lo reservo para otra cita, la llamaremos tragicómica. Se trata de un artículo de Quim Monzó publicado en La Vanguardia del pasado día 26, que posiblemente conoces:
    Spreadbury, así se llama el gerente de una de las más grandes empresas de bonos y fondos de inversión del Reino Unido, ha advertido… “que el patapam no será l’octubre, com vaticina Arsmtrong, sinó d’aquí a cinc anys… Ha arribat el moment de tenir els diners, en efectiu, ‘amagats sota al matalàs’. Segons aquest senyor, s’albira un ‘esdeveniment sistemic’ d’una magnitud semblant a la crisi financera de fa set o vuit anys’… El meu avi andalús, que no havia trepitjat un banc en sa vida, els tenia en una vella caixa de sabates. Spreadbury també hauria pogut dir sota una rajola que era un altre truc habitual… Qualsevol d’aquestes opcions és bona, però la millor de totes és tenir una bona biblioteca. Quan els lladres entren en un pis i veuen absolutament totes les parets plenes de llibres fan mitja volta i se’n van per on han vingut. Des de fa temps han comprovat que qui gasta tant en llibres no s’ho gasta en joies i, si té diners a casa, és una misèria”.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: