Posteado por: M | 5 septiembre 2015

La tragedia de los refugiados y el dilema de Europa

La noticia de los 71 inmigrantes asfixiados en un camión en Austria, los vídeos de las personas que se arrastran para traspasar las alambradas de la frontera de Serbia con Hungría o se hacinan en los trenes y, sobre todo, la imagen del niño sirio de 3 años ahogado y arrojado a una playa de Turquía, convertida en símbolo de la tragedia de los desesperados que huyen de la miseria y de los combates, desataron de nuevo entre los europeos un torrente de sentimientos de horror, piedad y conmiseración. Esas emociones se mezclaron con una inclinación bastante generalizada de los ciudadanos hacia “la tiranía de la penitencia”, según la expresión de Pascal Bruckner; esa propensión masoquista para asumir una supuesta culpa colectiva que se amplifica en las redes sociales, como si Occidente estuviera condenado a un arrepentimiento permanente por todos los males del mundo, los pasados y los que están por llegar.

En medio del caos generado en la Mitteleuropa por la arribada masiva de refugiados, la imagen del niño sirio exangüe, Ailan Kurdi, tuvo el efecto de una bomba moral que sacude las conciencias. La gran prensa discrepó sobre la decisión de publicar las fotografías de los menores víctimas de los bombardeos, de la metralla de un coche bomba o de un naufragio en diversos lugares, en una playa turca, en una ciudad siria, en un barrio de Bagdad o en la franja de Gaza superpoblada; sobre si debe utilizarse la pornografía del horror para avivar los sentimientos, para que los lectores o televidentes se conmuevan con la situación y se muestren solidarios con los que huyen del infierno bélico, del hambre, de la persecución religiosa, de la esclavitud sexual, todos en estado de necesidad extrema, como el protagonista de Los miserables.

Algunos periódicos retrocedieron ante el horror, o colocaron la fotografía del niño en páginas interiores, como habían hecho con los vídeos del degüello de los rehenes por los carniceros del llamado Estado Islámico y los que mostraban despojos humanos después de un atentado. Otros arguyeron que es preciso captar y reproducir la realidad con toda su crudeza para que cesen las disputas escolásticas y estériles sobre si los que llegan son refugiados o inmigrantes, si todos tienen o no los mismos derechos. Otros medios extremaron los argumentos en pro de la reproducción de las imágenes para recordar que la ocultación del mal condujo con frecuencia a la cerrazón de la tiranía y al triunfo de la barbarie.

Cabe preguntarse: ¿No basta con narrar los hechos y hay que ilustrarlos con imágenes conmovedoras para que el ciudadano medio reflexiones sobre lo que ocurre? Una vez más los medios recordaron el vetusto aforismo de que una imagen vale más que mil palabras, pero también las precauciones que deben guardarse ante los dictados de la agitación, a veces del sensacionalismo y de la sociedad del espectáculo. ¿Una amenaza o una degradación para la cultura? ¿Puede trivializarse todo el mal acumulado en una fotografía? ¿Hay que mostrar la muerte en directo? Todas estas preguntas certifican que la polémica es muy antigua y que el periodista que escribe esta crónica tiene una opinión sobre un asunto tan delicado.

Teniendo en cuenta mi recusación del dogmatismo profesional, prefiero mantener una actitud flexible que exige y entraña un análisis en profundidad de la imagen, sus protagonistas involuntarios y sus circunstancias. No se trata, en ningún caso, de una escapatoria de escepticismo o neutralidad ante el mal y sus manifestaciones. Estoy persuadido de que la policía del pensamiento, la que de modo magistral trató George Orwell, no sólo dicta el presente y manipula o borra el pasado, sino que acaba por anular la conciencia del individuo. Razón de mucho peso para estudiar cuidadosamente la opción de suprimir o escamotear una imagen por cruenta y turbadora que pueda resultar.

No obstante, creo que hay que evitar a toda costa el caer en la trampa de servir los intereses de los verdugos y no difundir, por lo tanto, las imágenes que los terroristas utilizan para celebrar su brutalidad y lograr su objetivo primordial de aterrorizar a la opinión pública. Para no caer en el sensacionalismo, esa plaga de los medios de comunicación, hay que respetar la dignidad de las personas y establecer una distinción nítida entre lo verdaderamente importante y lo anecdótico, lo que sin duda nos conducirá a adoptar una actitud prudente y selectiva en la utilización de imágenes sobre la muerte programada, la guerra televisada en directo, la violencia descarnada o el escenario del crimen sangriento.

En  cualquier caso, no hay que dar más armas a los heraldos de la barbarie, pero sí repudiar con energía la actitud de algunos políticos que no dudaron en apropiarse de la imagen del niño sirio ahogado para lanzar mensajes perentorios, vindicativos y equívocos en las redes sociales. “¡Vergüenza!”, “¡Naufragio de Europa!” eran algunos de los gritos que atronaban el ciberespacio en el que danzan los políticos posmodernos. Pero, ¿quién debe sentir vergüenza ante una situación que se origina muy lejos de las fronteras de Europa? ¿Acaso hay que avergonzarse colectivamente por no haber derrocado en su momento a los tiranos de Siria o Eritrea? Lo que hay que esquivar es la demagogia populista que aprovecha todos los resquicios de la realidad para condenar sin paliativos la sociedad en que vivimos.

La atracción del Estado del bienestar

Los Estados del bienestar que prevalecen en la Europa comunitaria, pese a sus innegables deficiencias, son un motivo de atracción irresistible para grandes grupos de población del África depauperada y del Oriente Próximo devastado por la guerra. Aquí encuentran techo, alimento, protección, cuidados médicos, muchas veces un trabajo digno en igualdad de condiciones con los naturales del país o los que llegaron antes. Numerosas organizaciones de la sociedad civil y de las confesiones religiosas contribuyen generosamente a paliar la situación menesterosa de los recién llegados. La mayoría de los que trabajan en los variados epicentros de la tragedia son voluntarios que ejercen su encomiable tarea con abnegación y un respeto escrupuloso de los derechos humanos.

En nuestro mundo, por fortuna, los documentos escritos o en imágenes no pueden ocultarse ni alterarse, aunque algunos lo intenten; están en las redes sociales, en la mayoría de las pantallas de televisión, omnipresentes, y nos interpelan sin remedio. Casi todos los grandes periódicos de Europa se rindieron, algunos con reservas, ante la desoladora imagen del niño sirio de bruces sobre la arena, con camiseta roja y pantalón azul. Una imagen, en fin, que reflejaba una parte de la realidad. Una visión parcial aunque muy dolorosa de la realidad. Porque no hay acuerdo en Europa sobre las causas, las consecuencias y mucho menos aún sobre los remedios que deberían aplicarse para detener el éxodo o evitar sus más luctuosas secuelas.

La legislación internacional distingue entre refugiados políticos e inmigrantes económicos. Muchas de las disposiciones de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, promovida por la ONU y aprobada en 1951, fueron recogidas por la Convención de Dublín de la Unión Europea (UE) de 1990, revisada en 2003 y 2013, que concede a los demandantes de asilo el derecho de primeros auxilios, alimentación y acogida en un centro ad hoc, mientras se tramita su petición. La concesión de asilo compete a las autoridades del primer país miembro de la UE al que llegó el refugiado, cuyo estatuto otorga la libertad de trabajo al cumplirse los nueve meses desde su entrada en el territorio comunitario.

La Alta Comisaría de la ONU para los Refugiados (ACNUR) recuerda insistentemente que la protección de los derechos de los refugiados es una obligación de todos los Estados, y su presidente, el portugués António Guterres, apremió a la Unión Europea para que acoja al menos a 200.000 personas procedentes de Siria entre los cuatro millones que se encuentran en los campos de los países limítrofes, principalmente Turquía, Jordania y Líbano, muchos de ellos convertidos en apátridas. El plan de recolocación sería obligatorio para todos los países. Alemania y Francia abogaron por establecer cuotas, “un mecanismo permanente y obligatorio”, pero ese método suscita reticencias cuando no una oposición frontal en los países del sur de Europa y de los Balcanes, los más afectados por el aluvión migratorio. Un plan similar presentado en junio último por el presidente de la Comisión Europea fue rechazado.

Los europeos están dispuestos a conmoverse, a apostrofar retóricamente a los traficantes de seres humanos indefensos y en estado de necesidad, a denunciar con vehemencia el desamparo de los refugiados, a repudiar las vacilaciones de sus gobiernos e incluso a propugnar la simplista solución de “papeles para todos”; pero, según todas las encuestas e indicios, no a “morir por Siria”, o por Eritrea, para nombrar sólo los dos países en los que la intervención exterior, aplicando la doctrina de la ONU sobre “la responsabilidad de proteger”, estaría más que justificada para liberar a las poblaciones de la guerra, la tiranía y el genocidio, como no se hizo en su momento en Ruanda, Somalia o Sudán, o como se llevó a cabo de manera parcial e ineficaz en Libia o Siria. Ni siquiera parece posible una intervención para desarmar sobre el terreno a las mafias que se lucran con la desesperación de los refugiados y emigrantes.

Los europeos son de Venus, como señaló en un libro un famoso y polémico comentarista norteamericano, Robert Kagan, aludiendo a sus inclinaciones pacifistas, de manera que las tareas marcianas prefieren confiarlas a terceros países o, en todo caso, a unos ejércitos profesionales cada día menos numerosos, menos combativos y peor dotados en los presupuestos. En parecidos parámetros ideológicos y estratégicos, entre el pacifismo y el apaciguamiento, se mueve el presidente Barack Obama, que retrocedió despavorido tan pronto como se planteó la opción de enviar tropas de tierra a Iraq (“boots on the ground”) para combatir a los bárbaros del Estado Islámico, pese a la opinión casi unánime de que sólo los bombardeos no servirían para rematar la faena. Tampoco fue posible detener la carnicería en Siria, pese a que las potencias occidentales apoyaron la intervención de actores secundarios, Estados vecinos y sus milicias, cuyos intereses contrapuestos sólo han servido para prolongar y exacerbar el conflicto.

Los más bellos principios de solidaridad y protección de las poblaciones, como exigen la moral y la decencia, encuentran obstáculos insalvables para abrirse camino por la jungla de la legalidad internacional, los intereses nacionales, las encuestas de opinión y los conflictos innumerables, en una Europa “en perte de vitesse”, muy poco dinámica, debilitada por una frágil recuperación económica e incluso por un estancamiento a la japonesa. La cruda realidad está compuesta por las decenas de miles de refugiados y emigrantes, en el Mediterráneo y en los Balcanes, pero también por unos gobiernos incapaces de afrontar de manera coordinada y conjunta a esa avalancha migratoria, la más importante desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando las poblaciones alemanas huyeron de los territorios de la Europa oriental ante el avance impetuoso del Ejército Rojo.

“Europa dividida”, titulaba a toda plana el Times londinense el 3 de septiembre sobre la fotografía del cadáver del niño sirio en brazos de un policía turco. En Twitter, las palabras turcas KiyiyaVuranInsanlik (humanidad fracasada) fueron de las más visitadas y comentadas. El periódico británico The Independent justificó la publicación de la fotografías del niño ahogado “porque resulta muy fácil olvidar la realidad de las situaciones desesperadas entre los refugiados. “Una foto para abrir los ojos” fue el titular del editorial del diario francés Le Monde, que instó a Europa a cumplir con sus obligaciones, aunque reconociendo que “no se puede hacer buena política bajo los efectos de la emoción”.

El Acuerdo de Schengen, firmado en 1985 y ampliado hasta abarcar actualmente a 26 países de Europa, eliminó los controles fronterizos entre los signatarios y estableció una política común de visados. Ese acuerdo, complementario de la unión económica y monetaria, constituye uno de los pilares de la Europa de vocación federal, de principios y objetivos compartidos. La crisis migratoria de este verano confirma la urgencia de que la Unión Europea se dote de “una política común” que asegure tanto los mismos criterios para la concesión del asilo y sus consecuencias –derechos y obligaciones– como para una distribución proporcional de los refugiados entre todos los países. La política común debería incluir un protocolo para combatir sin descanso a los traficantes cuyo macabro negocio suma miles de millones de euros.

La promesa de Merkel y la patronal alemana

Los líderes y los partidos políticos están tan divididos como las opiniones públicas. La cancillera Angela Merkel, ante la continuación de la guerra en Siria, cada día más sangrienta, hizo una promesa a todos los refugiados sirios: todos los que alcancen físicamente el territorio alemán podrán solicitar el asilo político. Una promesa quizá imprudente, pero que indudablemente constituye una de las causas que explican la riada migratoria repentina sin precedentes. El gobierno de Berlín trató de dar marcha atrás en una promesa de “papeles para todos” que quebrantaba incluso las normas que regulan las migraciones en la Unión Europea, cuando ya el efecto llamada era irreversible y se estaba gestando la crisis humana en las islas griegas frente a la costa de Turquía y los Balcanes.

Aunque se olvidó de su promesa, Merkel siguió adelante con sus planes, coincidentes con los de la patronal alemana, y aseguró que la crisis migratoria es más importante que la del euro. Por eso presionó a otros países, incluida España, en favor de las cuotas obligatorias, mientras la patronal alemana recordaba las carencias de mano de obra y preconizaba más flexibilidad para la acogida de refugiados. Pero la opinión pública alemana no comparte por completo ese doble optimismo, como lo prueban el incremento de la xenofobia callejera y los ataques contra los refugiados o los centros que los acogen, así como las prevenciones ante los de religión musulmana, que son la inmensa mayoría de los que llegan del Oriente Próximo.

El semanario Der Spiegel advierte de que “las redes neonazis se extienden por todo el país” y se pregunta qué Alemania prevalecerá en la crisis de los refugiados, la liberal y compasiva (brillante) o la xenófoba (oscura), ilustrando la información con la imagen de un centro de acogida en llamas. En cuanto a la vertiente económica del problema, la misma revista asegura que “las empresas alemanas ven a los refugiados como una oportunidad”, y añade: “La comunidad alemana de los negocios considera que al reciente flujo de refugiados es una oportunidad para ayudar al crecimiento de las empresas y asegurar la prosperidad a largo plazo, por lo que muchas de ellas presionan para aligerar los trámites burocráticos y permitir que los recién llegados puedan incorporarse más rápidamente al mercado laboral.”

La posición de la cancillera resulta sorprendente porque fue uno de los primeros dirigentes europeos en glosar los problemas culturales de la inmigración, cuando la polémica sobre el islamismo arreciaba en Alemania. “El multiculturalismo ha fracasado por completo”, proclamó Merkel en un discurso, en octubre de 2010. La misma opinión  expresó el primer ministro británico, David Cameron, en un discurso pronunciado en Múnich el 5 de febrero de 2011, en el que insistió en “el fracaso del multiculturalismo”.

Lo que ocurre dentro de las fronteras, según el primer ministro británico, no es otra cosa que el aumento incesante de los inmigrantes y la radicalización política de éstos cuando viven en comunidades cerradas, aisladas, a veces bajo la férula del imán o de los cabecillas del islamismo militante, en los suburbios de las grandes ciudades, donde “los predicadores del odio”, fustigadores de todos los pecados pasados y presentes de Occidente, sistemáticamente identificado con el colonialismo depredador, propician un ambiente sofocante que es el mejor caldo de cultivo para el terrorismo.

“El drama de los refugiados agita a los franceses”, tituló la periodista francesa Sylvie Kauffmann, ex directora de Le Monde, un artículo publicado en la edición internacional del New York Times, el 4 de septiembre Las encuestas arrojan resultados muy poco halagüeños, pues más de la mitad de los franceses (56 %) persiste en su oposición a la acogida de nuevos refugiados procedentes de Siria. El Frente Nacional y su presidenta, Marine Le Pen, encabezan el palmarés de los votos (20-25 %) y mantienen su programa contra la inmigración. Escribe Kauffmann: “Los políticos franceses, con la tardía excepción de los Verdes, están silenciosos sobre el asunto de los refugiados, paralizados por el temor, por el temor de alimentar al Frente nacional xenófobo.”

La integración de los inmigrantes

No todos los países de la eurozona, muchos de ellos en crisis o convalecientes de la crisis, puede compartir el optimismo de la patronal alemana sobre la oleada de refugiados para aumentar la masa laboral y quizá reducir los salarios. Francia, el país con mayor población islámica en Europa, no padece la depresión demográfica de Alemania pero sufre un grave problema de desempleo entre los jóvenes. No obstante, el presidente François Hollande se unió a la cancillera Merkel para proponer un nuevo sistema de cuotas obligatorias para la admisión de los refugiados al que se oponen varios países como Gran Bretaña, Hungría, Eslovaquia, Polonia y República Checa, mientras que otros expresan reservas sobre los criterios para fijar las cuotas, como es el caso de España, Malta, Grecia o Italia.

La integración de los inmigrantes y el multiculturalismo no funcionan, según reconoció Merkel, a pesar de que las tensiones intercomunitarias en Alemania son mucho menos agudas que en Francia o Gran Bretaña. Desde que se produjo en París el atentado contra el semanario Charlie Hebdo, en enero de este año, Hollande y su primer ministro, Manuel Valls, se presentan como los campeones de la lucha contra el terrorismo islamista, para la cual Francia dispone de un impresionante arsenal jurídico, policial y militar. Hace dos años, el presidente francés llevó a cabo una campaña internacional en favor de una intervención militar en Siria contra el régimen del dictador Bachar Asad, pero tropezó con la negativa de Obama y la indiferencia de Merkel. Ahora se conocen casi todos los detalles de aquella ocasión perdida.

La corrección política y las reservas derivadas de la endiablada situación en el Oriente Próximo explican, aunque en ningún caso justifican, que el asunto del islam político y radical, el terrorismo islamista haya sido silenciado o enmascarado al abordar la crisis de los refugiados. Esa táctica del avestruz fue dinamitada por el primer ministro húngaro, Víktor Orban, al que la prensa bienpensante califica de ultraconservador, cuando, en un artículo publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, señaló la obviedad de que “Europa y la cultura europea tienen raíces cristianas”. La misma idea que expuso en Bruselas, en una conferencia de prensa, tras advertir de que la oleada inmigratoria es “un problema alemán” porque ninguno de los refugiados “desea quedarse en Hungría”, sino trasladarse a Alemania.

Una actitud similar a la de Hungría adoptaron los gobiernos de Polonia y Eslovaquia, que no sólo rechazaron los planes de cuotas obligatorias, sino que declararon que sólo aceptarían refugiados de confesión cristiana cuya integración cultural no plantea serios problemas. Los cristianos, perseguidos o discriminados en la mayoría de los países del Oriente Próximo, fueron las primeras víctimas de los esbirros del Estado Islámico en Iraq y Siria, que les plantearon el terrible dilema de “la conversión o el martirio”; pero la mayoría de los más de 200.000 sirios procedentes de los campos de Turquía, Líbano y Jordania que buscan refugio en la Europa del norte son musulmanes.

Europa ha fracasado por completo en la tan cacareada integración de los inmigrantes, de las poblaciones originarias de Oriente Próximo y el norte de África, abrumadoramente musulmanas. La escuela francesa laica y de valores republicanos ya no fabrica siempre “buenos patriotas franceses”, como demostraron las divergencias profundas que sacó a la superficie el atentado contra el semanario Charlie Hebdo. Algo parecido sucede en Alemania, Bélgica y, sobre todo, Gran Bretaña. Londres es una ciudad multicultural, pero sólo superficialmente; porque en el fondo, y según los barrios, lo que prevalece son los compartimentos estancos, el apartheid o desarrollo separado que no se atreve a decir su nombre.

El éxodo masivo de musulmanes continuará hacia una Europa decadente, en franco retroceso demográfico y débil crecimiento económico, de escaso dinamismo, que vacila en sus principios, más hedonista que creativa, poco dada a defender con suficiente energía sus valores, su religión y su cultura. La Europa como fortaleza es una entelequia y su futuro resulta cada día más problemático. Por eso se multiplican las profecías pesimistas y turbadoras por muy absurdas o precoces que nos parezcan, como en los ensayos de Oriana Falacci (Las raíces del odio. Mi verdad sobre el islam) o la más reciente novela de Michel Houellebecq (Sumisión) sobre una Francia políticamente islamizada y la Sorbona convertida en una universidad islámica. “Occidente y sus valores están en peligro”, acaba de declarar el prestigioso politólogo italiano Giovanni Sartori.

Anuncios

Responses

  1. Estimado Mateo: He leído tu artículo. He intentado varias veces poner mi comentario.Ha sido imposible,y no se porque.- http://www.viriato-viera.com,aquí yo también he puesto mi granito de arena,para …como diría “para los cortos de vista”.- Por aquí bien,Espero que todos vosotros ,os encontréis bien – UN FUERTE ABRAZO PARA TODOS. Pepe.- 

    ________________________________ > Date: Sat, 5 Sep 2015 16:23:55 +0000 > To: viriato1@live.com >


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: