Posteado por: M | 27 enero 2016

Fiebre europea por hacer negocios con la teocracia de Irán

El espectáculo de los dirigentes europeos mostrándose ridículamente obsecuentes con el presidente de Irán, Hasan Rohani, líder de una teocracia corrompida y arrogante en sus pretensiones universales, resultó repulsivo en algunos momentos y demostró, una vez más, hasta qué punto la Europa de la libertad, pacifista y defensora de los derechos humanos, se inclinó ante el representante de un régimen tiránico que persigue a los disidentes, discrimina por motivos religiosos, mantiene a las mujeres en un estatuto de inferioridad, encarcela a los periodistas, ahorca a los homosexuales, lapida a las adúlteras y ostenta el récord mundial de ejecuciones de penas de muerte en 2015. Del 25 al 28 de enero, Roma y París fueron los escenarios de la aparente rehabilitación del régimen iraní y su retorno al seno de la comunidad internacional.

Tras la firma del acuerdo nuclear, el pasado 14 de julio, y el levantamiento de las sanciones internacionales que pesaban sobre Irán, a partir del 16 de enero, con el prurito de que los ayatolás no se doten del arma nuclear, la codicia de muchos países occidentales se impuso aceleradamente sobre cualquier reparo moral o consideraciones político-geoestratégicas. Una auténtica quimera, una carrera desenfrenada por anticiparse y merecer los plácemes de los ayatolás para hacer buenos negocios, desde la venta de aviones a la compra de hidrocarburos o la construcción de infraestructuras en un país de80 millones de habitantes poco preocupado por el progreso material desde que se instauró la República Islámica (1980).

El periplo europeo del grand commis de la teocracia iraní, el enviado político-comercial con su etiqueta de “moderado” de un régimen de notorio fanatismo, no es ninguna novedad, si tenemos encuentra otros ejemplos igualmente embarazosos, como el de Arabia Saudí y los negocios de su real familia; pero el espectáculo de las autoridades en Roma o París extendiendo la alfombra roja para Rohani no por repetido deja de ser deplorable. Algunos gobiernos europeos suponen que algunas organizaciones del régimen iraní están involucradas en la comisión de actos terroristas, mas descartan las más turbadoras sospechas para acoger con pompa y circunstancia a un dirigente que ofrece, ante todo, buenos negocios en un mercado emergente de 80 millones de consumidores.

Las mismas naciones europeas acusan ritualmente a Irán de financiar a varios grupos extremistas que están en las listas de las organizaciones terroristas confeccionadas por Washington y Bruselas, como el Hizbolá o Partido de Dios que constituye una especie de Estado, con ejército propio, dentro del frágil Líbano. La ex ministra francesa Rama Yade, escribiendo en su blog ante la llegada de Rohani a París, puso el dedo en la llaga el denunciar la persecución de los disidentes y la violación sistemática de los derechos humanos en Irán: “Frente a esos crímenes que hieren la conciencia humana, nuestra responsabilidad nos exige actuar contra la impunidad y por la promoción de un Estado de derecho en Irán, único medio en cualquier caso de garantizar la estabilidad de las relaciones económicas florecientes a largo plazo.”

En España, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, se aventuró a anunciar con ecos triunfales que Irán se proponía construir una refinería de petróleo en Algeciras que daría trabajo a varios centenares de personas en la zona deprimida del Campo de Gibraltar. Lo único cierto por el momento es que el régimen de los ayatolás mantiene abierto en Madrid el canal de televisión Hispan TV, plataforma de propaganda con destino no sólo a España, sino también a América Latina, en la que dirigía un programa el secretario general y diputado de Podemos, Pablo Iglesias, quien llegó a ufanarse con cinismo del carácter “progresista” de la emisora sufragada por los ayatolás. Ese canal televisivo forma parte de los designios de la extravagante alianza entre el régimen bolivariano-socialista de Venezuela y la teocracia de Teherán. Una alianza que muchos españoles que se definen de izquierdas bendijeron sin rubor al otorgar sus votos al conglomerado que dirige el líder que luce una coleta.

Los países europeos entraron en una asombrosa y frenética competencia por ver quien se lleva el gato al agua, la parte del león de los contratos y las inversiones que el régimen iraní necesitará para recuperar el retraso y modernizar el país. En verdad, el presidente viaja como “el jefe de la empresa Irán”, pero su sedicente moderación y sus planes desarrollistas están estrechamente vigilados por el Guía Supremo de la revolución, el ayatolá Alí Jamenei, sucesor del imán Jomeini, quien al frente de una Consejo supuestamente revolucionario, cooptado, no elegido, dicta la última palabra dentro del sistema teocrático, en manos de la clerecía chií, y vela puntillosamente por el cumplimiento de los dogmas religiosos y culturales.

La visita de Rohani a Roma resultó especialmente chocante en muchos detalles, quizá porque los iraníes consideran que Italia es “la puerta de Europa” y porque varias empresas italianas firmaron importantes acuerdos con el gobierno iraní en los sectores energético, del acero y las infraestructuras. El 26 de enero, Rohani acudió al Vaticano y estuvo 40 minutos con el papa Francisco, con el que intercambió regalos y palabras amables sobre la promoción de la paz en el Oriente Próximo, lucha contra el terrorismo y la libertad religiosa, en un encuentro que ha suscitado algunos comentarios hirientes o sarcásticos. Porque es obvio que la República Islámica nada tiene que ver con los valores que enseña y defiende la Iglesia Católica.

El comportamiento del primer ministro italiano, Matteo Renzi, resultó tan llamativo como servicial y complaciente. Las estatuas desnudas de los Museos Capitolinos, los más antiguos del mundo, que albergan tesoros desde la fundación de la ciudad (Ab urbe condita), fueron púdicamente escondidas con cajones blancos para no ofender a los visitantes, Rohani y los más de cien ministros y empresarios que forman el séquito. En la cena de gala, por la misma ramplona cortesía, el vino fue eliminado del menú, rompiendo una vieja tradición italiana y europea. La prensa italiana cifra en más de 20.000 millones de euros el valor de los contratos firmados con el régimen iraní, incluyendo la construcción de una acería y la puesta en marcha de una fábrica de aluminio, aunque no precisa los años de tan lucrativas inversiones.

Me entero por la prensa de París de que el protocolo francés no permite el vinicidio, valga la expresión, el servicio del banquete oficial sin vino, por lo que la espinosa cuestión fue resuelta borrando la cena de gala del programa oficial y concertando un desayuno de trabajo en el Elíseo, donde Rohani y el presidente Hollande firmaron los protocolos de los acuerdos industriales. No obstante, el jefe del Estado iraní recibió honores militares en los Inválidos. Previamente, el ministro iraní de Transportes había anunciado su intención de comprar 114 Airbus, el avión europeo que se monta en Toulouse. Teherán se propone mejorar su red ferroviaria y hasta piensa en una línea de alta velocidad, unos proyectos que sin duda encandilan a varios países europeos, España entre ellos.

La economía iraní se encuentra estancada y muy atrasada en la mayoría de los sectores, de manera que ofrece buenas oportunidades, pero igualmente riesgos persistentes por su estricto control político-religioso. Tanto los clérigos que mandan como los llamados Guardianes de la Revolución, la milicia oficial de la que dependen los servicios secretos, están más interesados por el poder y la preservación de un caciquismo asfixiante que por promover la liberalización económica necesaria para la buena marcha de los negocios. También son endémicas las pugnas entre los moderados y conservadores del régimen.

El último informe de Amnistía Internacional (AI) resulta tan terrible como abrumador. Denuncia “el frenesí de ejecuciones en Irán”, con  más de 1.000 ejecutados en 2015, de manera que detenta el récord mundial de penas de muerte cumplidas por número de habitantes, sólo superado por China en cuanto a las cifras absolutas. El mismo informe asegura que Irán es el país que ejecuta a más menores en el mundo, es decir, a personas con menos de 18 años, unas 73 entre 2005 y 2015, “en flagrante violación de la prohibición legal absoluta del uso de la pena capital contra personas con menos de 18 años en el momento de cometer el delito”. Al menos 160 personas de las que se encuentran actualmente en los corredores de la muerte tenían menos de 18 años cuando cometieron el delito por el que fueron condenadas.

Existen dudas sobre la efectividad del acuerdo nuclear, de manera que el senador Ted Cruz, candidato republicano a la presidencia de EE UU, declaró recientemente que derogará el acuerdo si llega a la Casa Blanca. El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, insiste en que el acuerdo no impedirá que los ayatolás se doten del arma nuclear. No hay discrepancias ante la triste realidad de que el régimen iraní mantiene intacto su arsenal represivo. El presidente Rohani se paseará por las capitales europeas sin concretar en qué consisten su moderación y sus promesas de apertura, sin que sus interlocutores le recuerden sin ambages el lúgubre balance que arroja su presidencia en lo que concierne al respeto de los derechos humanos.

 

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