Posteado por: M | 19 mayo 2016

En Venezuela, el abismo de la dictadura

Durante los tres años en el poder, el presidente Nicolás Maduro Moros ha completado el recorrido previsto de Venezuela hacia la parálisis institucional, la ruina económica, el desabastecimiento generalizado, la espiral de la violencia delictiva, la hiperinflación galopante, la represión tan implacable como arbitraria o sangrienta, el descenso acelerado hacia la miseria y el caos que no podrán detenerse ni siquiera mitigarse con la declaración del estado de emergencia, anunciado el 13 de mayo, por un período de dos meses prorrogables, y que implica la entrada del ejército en la refriega hodierna con unos ciudadanos exasperados. La “revolución bolivariana”, pregonada por Hugo Chávez desde 1999, populista, autoritaria y petrolera, ha desembocado en el Estado fallido, el despotismo político y el desastre económico.

Como remedo tosco del caudillo, Maduro utilizó las malas artes y pretextos de todas las dictaduras para declarar el estado de excepción, sin consultar con el parlamento, una decisión claramente ilegal con la que pretende, entre otras cosas nefastas, confiscar las fábricas inactivas, carentes de materias primas, alegando que han sido “paralizadas por la burguesía”. En realidad, la maniobra del poder parece el preludio de un autogolpe, como el que escenificó Alberto Fujimori en Perú, en abril de 1992, para protegerse ante el desafío inclemente de una situación socio-económica calamitosa que mantiene a la mayoría de la población sin trabajo, en la penuria más absoluta y sin ninguna esperanza.

Puesto que el redivivo Chávez demostró hasta el hartazgo que la fantasía política es torpe, utópica, pero exuberante, su heredero y plagiario asegura que con el golpe pretoriano se propone “denunciar, neutralizar y derrotar las agresiones externas y externas contra nuestro país”, incluyendo “una invasión extranjera”, una burda denuncia del enemigo exterior inexistente, que no puede ser otro que Estados Unidos aunque sea a través de Colombia. A pesar de que Obama ha reiterado –por si fuera necesario, que no lo es– que no piensa meter las manos en el avispero venezolano, y aunque algunos asesores de la Casa Blanca dieron a entender a la prensa que Venezuela está a punto de despeñarse por el abismo.

La Asamblea Nacional, en una sesión especial, rechazó el decreto por el que  Maduro extendió el estado de excepción y de emergencia económica. Los diputados proclamaron que la decisión presidencial “ahonda la grave alteración del orden constitucional y democrático que sufre Venezuela”, pero el jefe del Estado replicó con la amenaza de una dictadura sin máscara que entrañaría el cierre o la dispersión de la legislatura y quizá la prisión para algunos diputados: “La Asamblea Nacional perdió vigencia política –declaró–, es cuestión de tiempo que desaparezca, así lo creo. Está desconectada de los intereses nacionales.”

Uno de los líderes de la oposición y candidato frustrado a la presidencia de la República, Henrique Capriles, actual gobernador del estado federado de Miranda, señaló que el decreto del estado de emergencia otorga a Maduro poderes que desbordan claramente los límites constitucionales. Y dirigiéndose a las Fuerzas Armadas, añadió: “Ha llegado la hora de decidir si ustedes están con la Constitución o con Maduro.” Aseguró que la oposición no aboga por un golpe de Estado, sino que está buscando una vía legal y constitucional para deponer a Maduro mediante un referéndum revocatorio, un procedimiento introducido precisamente por Hugo Chávez en la Constitución.Los militares mantienen un silencio embarazoso.

El ejército es “el gran mudo”, aunque internamente se debata entre la obediencia constitucional y su conversión en dique protector aunque sea involuntario de la dictadura. Al compás de las presiones internacionales, probablemente los militares forzaron la mano del presidente para que convocara y respetara el resultado del escrutinio de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, pero permanece silente mientras el país se desangra y desciende a los infiernos de la represión y la miseria. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y sus colaboradores están sobre un volcán, pero son conscientes de que una intervención, aunque fuera estabilizadora, concitaría la condena internacional.

Maduro declaró ante los periodistas que existe una campaña internacional que se propone sembrar el caos en Venezuela para justificar una intervención. “Esa campaña –precisó— tiene un centro. Existe un eje, Madrid-Miami-Washington, pero el centro de planificación y dirección, así como el grupo de presión y financiación, está localizado en Washington.” Añadió que la reciente destitución de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, fue en realidad “un golpe respaldado por poderes extranjeros”, y que esos mismos poderes “ahora vienen por Venezuela”. Exabrupto gratuito, sin la menor prueba, que confirma las escasas luces del entrometido aprendiz de dictador de Caracas.

A juzgar por los últimos resultados electorales, cabe suponer que muchos latinoamericanos están ya fatigados por la gastada retórica antiimperialista, contra “la injerencia imperialista”, que sirvió de trampolín para el fervorín patriótico de tantas dictaduras y que Chávez manejaba con más soltura y más convicción que su heredero y plagiario. El populismo empieza a no tener sentido cuando los ciudadanos están bien informados y el poder carece de los medios para primar con largueza a su clientela o alimentar la hidra de la corrupción.

El chivo expiatorio del enemigo exterior, al que se culpa de todas las maldades, la degradación o la atrofia institucional y el monopolio del poder por un partido o una camarilla son los principales ingredientes de la dictadura. En otras palabras: agitación, propaganda y centralismo burocrático en el peor estilo veterocomunista; la concentración del poder civil y militar en las mismas manos. No sabemos con exactitud si los dirigentes españoles de Podemos, que tantas lágrimas derramaron por la muerte del caudillo Chávez, al que adoraban, aprendieron o enseñaron en Venezuela ese catecismo sedicentemente marxista que tras su estruendoso fracaso histórico sólo se atreve a asomar la cabeza en países políticamente atrasados.

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) está inspirado por el partido comunista de Cuba (PCC), y el poder lo ejerce la facción más intransigente que encabeza Maduro y de la que forman parte la esposa de éste, Cilia Flores; el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, dedicado a cortejar y disciplinar a los uniformados; y Diosdado Cabello, ex militar y vicepresidente del partido, que fue rival de Maduro en la sucesión de Chávez, pero que está sometido a una investigación criminal y tiene la certeza de que su futuro político y personal está unido al del presidente.

Una facción menos radical del PSUV, quizá susceptible de aceptar una negociación y retroceder desde el abismo, se alinea detrás de Francisco Arias Cárdenas, gobernador del estado de Zulia, y Miguel Rodríguez Torres, que fue ministro de Interior hasta que Maduro lo destituyó en 2014. No obstante, las supuestas discrepancias dentro del partido gobernante tienen más de conjetura, de especulación periodística, que de realidad comprobada. Se trata de rumores incontrolables que recorren los medios de la oposición y que se alimentan lógicamente de la situación calamitosa del país y del fracaso palpable del chavismo.

Militarización del régimen

 La militarización total del régimen es un movimiento osado de consecuencias imprevisibles, pues cuando los uniformados aparecen en primera línea, no está claro si es para salvar al poder existente o para derrocarlo, al conjuro de una atmósfera muy contaminada y a veces irrespirable: colas ante los almacenes vacíos, hospitales sin medicinas, apagones diarios, la criminalidad por las nubes –Caracas está catalogada como la ciudad más peligrosa de América–, la inflación galopante, manifestaciones en contra y en favor de Maduro, tiroteos y bravatas por parte de los esbirros del poder, maniobras oscuras de los servicios secretos dirigidos por los agentes cubanos.

Esta misma semana, según la orden intimidatoria de Maduro, el ejército va a realizar unas maniobras con el objetivo oficial de prepararse para “cualquier escenario” (sic), desde la invasión extranjera a la intervención para salvar al régimen o liquidarlo. Supongo, empero, que más bien se trata de atemorizar a la oposición y a los ciudadanos para que cesen en su hostilidad y sus movilizaciones en favor del referéndum y contra el régimen opresor, claramente desprestigiado dentro y fuera del país.

Con más fundamento, pero con parecidos y desastrosos resultados, los hermanos Fidel y Raúl Castro consumieron 50 años acusando a Washington de todos los males de una economía dirigida en Cuba, totalmente estatalizada, subvencionada por los soviéticos hasta 1990, y que para recuperarse de la ruina experimenta ahora una tímida apertura hacia los capitales extranjeros. Una operación de maquillaje, revisionismo y salvamento aparentemente bendecida por el papa Francisco, de espaldas a los ideales democráticos, y cuyos resultados son problemáticos, habida cuenta la endémica postración nacional y la agobiante dictadura sobre las necesidades más elementales.

Jesús Torrealba, uno de los líderes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que aglutina a la oposición, tras denunciar la ilegalidad de la declaración del estado de emergencia sin refrendo parlamentario, sugirió que se trata técnicamente de “un autogolpe” a la desesperada. Desde las elecciones del 6 de diciembre de 2015, la oposición dispone de mayoría en la Asamblea Nacional, pero sus iniciativas son rutinariamente anuladas por el Tribunal Supremo al servicio del régimen. Pese a todas las amenazas, la oposición sigue adelante con su propósito de convocar el referéndum revocatorio, que en caso de triunfar entrañaría la destitución ipso facto del jefe del Estado. Más de dos millones de personas han firmado ya la solicitud para la consulta. Maduro fue elegido en abril de 2013 y su mandato de seis años, por tanto, expira en 2019.

Además de perder a su caudillo, pues Chávez murió en 2013, víctima de un cáncer, el régimen carece de los recursos morales y materiales que tuvo en otra época. El resentimiento contra los yankis y sus lacayos, los denigrados pitiyankis, decreció con la misma velocidad que lo hicieron los precios del petróleo, de manera que el chavismo degeneró en dictadura, arreció la represión para sobrevivir al desastre económico, hasta desembocar en la drástica reducción de las dádivas gubernamentales, las migajas del poder corrupto, y la pobreza generalizada. La proclividad autoritaria, mediante el sometimiento de todas las instituciones a la influencia o la voluntad y el capricho del Ejecutivo, fue justificada como una respuesta necesaria frente a los supuestos “designios imperialistas” de Washington.

La estrategia del balcón y la demagogia atizaron el fervoroso nacionalismo primario de las masas mientras los altos precios de los hidrocarburos permitían al régimen la compra ignominiosa de la voluntad o el voto de los ciudadanos más necesitados y menos ilustrados o peor informados. Hasta que la caída de los precios del petróleo (de 115 a 30 dólares el barril) y las deficiencias de su explotación desencadenaron el ciclo infernal del Estado empobrecido, los sueldos esquilmados por la inflación, la huida de capitales y la penuria incontrolada. Así se paralizó la maquinaria diabólica del clientelismo y la corrupción.

La mala situación económica ha puesto sordina a las alegrías vociferantes del líder, a sus paseos por el ancho mundo y sus peroratas incendiarias, pero persisten los sobornos a todos los niveles, la venalidad de los funcionarios, el mantra del “socialismo o muerte”, en el peor estilo castrista, y las órdenes perentorias del dictador en su laberinto o en su ocaso. Y la actitud desafiante de los llamados colectivos, grupos de milicianos que apoyan y protegen a Maduro y sus principales colaboradores, y que además hostigan y tirotean a los manifestantes de la oposición y sus líderes.

La mística de la revolución bolivariana, el viejo sueño y la frustración histórica de la unificación de los países de América Latina, no da más de sí, inconsistente –entre la idiotez y la demagogia– y diplomáticamente muy debilitada. Con un retraso de medio siglo, Maduro y su camarilla parecen haber abrazado la vía cubana del “socialismo o muerte”, ahora que Raúl Castro y sus colaboradores, tras haber recibido a Obama en La Habana, miran hacia Beijing y Bruselas para salir del marasmo y la indigencia. Nadie quiere acercarse mucho a un Maduro sin el arma del petróleo, con el país sumido en la pobreza, que en pocos meses ha perdido a dos de sus apoyos más vistosos: la argentina y peronista Cristina Fernández, jubilada y acosada por la justicia, y la brasileña Dilma Rousseff, que acaba de ser destituida temporalmente. La izquierda latinoamericana se bate en retirada sin haber logrado organizar un sistema eficaz y alternativo del orden realmente existente. Como secuela del dramático cambio de situación en Brasilia, Maduro retiró a su embajador para mostrar el disgusto por la destitución de la presidenta.

Aunque EE UU sigue siendo el principal cliente del petróleo venezolano, las relaciones entre ambos países sufren un deterioro constante, pues Maduro y sus acólitos denuncian ritualmente “la guerra económica” y las maniobras de un supuesto eje Washington-Madrid-Miami-Bogotá al que acusan de “apoyar gestiones de grupos armados”. Ante la campaña de recriminaciones e insultos, Obama firmó el año pasado una orden ejecutiva que impuso sanciones diplomáticas contra algunos dirigentes venezolanos y describió la situación en Venezuela como “una extraordinaria amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. No obstante, la compra del crudo venezolano por las compañías norteamericanas contribuye a mantener al régimen de Caracas con respiración asistida.

Situación económica desesperada

 La situación general del país es calamitosa y no puede mejorar a corto plazo. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el producto interior bruto (PIB) venezolano retrocedió el 5,7 % en 2015 y se espera que su contracción alcance el 8 % en este año. La misma institución prevé que la inflación se disparará hasta el 700%. En el mercado negro de divisas, el bolívar vale menos que un penique de dólar. Venezuela cuenta teóricamente con las mayores reservas de petróleo conocidas, pero su crudo es más pesado y de peor calidad que los de tipo Brent o West Texas, por lo que tuvo que venderse por debajo de los 30 dólares el barril en los peores momentos de esta coyuntura de abundancia.

En consecuencia, la falta de liquidez del gobierno afectó a la importación de recursos básicos como el azúcar, la harina o los huevos, agravando la penuria. La Federación Farmacéutica venezolana asegura que el país carece del 80 % de las medicinas necesarias para tratar las enfermedades más comunes. En una encuesta sobre las condiciones de vida (Encovi), el 87 % de los encuestados reconocía la falta de ingresos para comprar alimentos. Otra encuesta asegura que la capacidad adquisitiva de los venezolanos ha caído el 30 % en un año. La pretensión del gobierno de mantener artificialmente bajos los precios de los productos básicos sólo sirvió para perpetuar la escasez, disparar la inflación y engrasar el mercado negro.

La situación económica es tan desesperada que un especialista del estudio de los mercados, el norteamericano Robert Kahn, considera que la suspensión de pagos es prácticamente inevitable, y aboga por que Washington autorice la visita a Caracas de una delegación del FMI para iniciar las negociaciones del más que probable rescate, un programa de ajuste que debería incluir la unificación de las tasa de cambio, el control de capitales, la reestructuración de los bancos y una meticulosa política fiscal. Un cambio de orientación y un alivio de la deuda que debería contar con la aquiescencia de China, cuyos préstamos alcanzaron los 60.000 millones de dólares, a cuenta del petróleo. Si no se negocia el rescate, el default o suspensión de pagos del Estado bolivariano, en otros tiempos miembro influyente de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), puede resultar catastrófica y tener perniciosas secuelas globales.

No obstante, el bloqueo de la situación política hace muy difícil por no decir imposible cualquier programa internacional de regeneración y reactivación económicas. LaMesa de la Unidad Democrática (MUD), heterogénea pero cohesionada por la voluntad democrática, que desde las últimas elecciones dispone de mayoría en la Asamblea Nacional, se propone seguir presionando en favor de un referéndum revocatorio del presidente, una consulta que el régimen rechaza con tanta energía como indignación por considerarla un sucedáneo del golpe de Estado. “Aquí Maduro no va a salir por referéndum, olvídense. Aquí no va a haber referéndum”, zanjó el vicepresidente de la República, Aristóbulo Istúriz.

Las premisas de una negociación

 Las instituciones internacionales –la ONU y la Organización de Estados Americanos (OEA)– están paralizadas por el principio de la no intervención y la endémica reluctancia y los prejuicios del panamericanismo ante las injerencias más notorias y escandalosas del gran vecino del norte. La doctrina de la protección de las poblaciones ante la flagrante violación de los derechos humanos se abre paso en el sistema internacional, pero su aplicación resulta extremadamente problemática. Nada permite suponer que la comunidad internacional esté en condiciones de recordar y mucho menos de imponer al gobierno de Maduro el respeto de sus obligaciones humanitarias y democráticas. Como sabemos por la triste experiencia cubana, los dictadores juegan con ventaja, y los demócratas acaban en las mazmorras de la dictadura o el exilio.

Ante una situación tan caótica e imprevisible, sin embargo, la inquietud se extiende por las cancillerías del continente, hasta el punto de que departamento norteamericano de Estado expresó su “profunda preocupación por las difíciles circunstancias por las que atraviesa Venezuela, a saber, la agravación de la penuria de alimentos, de medicamentos, de electricidad y de los bienes esenciales de consumo”, e hizo un llamamiento a ”los líderes venezolanos para que escuchen la voz de su pueblo y adopten decisiones razonables y prudentes”. Unas palabras balsámicas pero que no podrán calmar una situación fácilmente inflamable.

El papa Francisco, que se mostró muy activo en el proceso para el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, parece que está dispuesto a mediar en Venezuela. Hace unas semanas, el Pontífice envió una carta al presidente Maduro, cuyo contenido exacto se desconoce, en la que expresaba su preocupación por la crisis social del país. También trascendió que el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, que fue nuncio en Caracas de 2009 a 2013, mantiene fluidas relaciones con los líderes venezolanos, tanto del gobierno como de la oposición. La gestión mediadora vaticana podría contar, además, con la aquiescencia influyente de Raúl Castro.

Según leo en el diario caraqueño El Nacional, en el último comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), emitido el 27 de abril, los prelados consideraron gravísima la situación económica del país e hicieron un llamamiento al reconocimiento mutuo y el diálogo. El presidente de la CEV, el obispo Diego Padrón, indicó que la amnistía de los presos políticos y el referéndum revocatorio no son condicionantes para el diálogo, pero sí requisitos fundamentales para disminuir la tensión social. El secretario de la CEV, Víctor Hugo Basabe, añadió que la amnistía es fundamental porque “los presos políticos han sido condenados sin que se cumpliera el debido proceso y pasando por encima de la carta magna y las leyes”.

Esta actitud de la jerarquía eclesiástica, aún influyente en el país, sugiere que la negociación y eventual reconciliación de los venezolanos pasa inevitablemente por la liberación de los presos políticos, rehenes de un régimen asomado al abismo y por eso mismo persuadido de que está librando las últimas escaramuzas desde la trinchera o búnquer de la supervivencia.

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: