Posteado por: M | 10 julio 2016

Concierto antirruso de la OTAN en Varsovia

Un alto funcionario soviético, creo que Alekxandr Yakovlev, ideólogo y padre intelectual de la perestroika de Mijail Gorbachov, tuvo la ocurrencia de advertir a los líderes occidentales de que la caída del comunismo significaría, entre otras cosas, que se quedaban sin enemigo, una situación que juzgaba poco halagüeña para los halcones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el complejo militar-industrial que mantenía y mantiene una influencia exorbitante sobre la política exterior y de seguridad de EE UU. Pero 25 años después de la desintegración de la URSS, la historia vuelve por sus fueros y el presidente ruso, Vladimir Putin, aparece en la cumbre de Varsovia como el villano de la función, el gran enemigo estratégico, el aglutinante de una OTAN en busca de justificación y cohesión interna en medio de sus múltiples contradicciones.

Creada en 1949 con el objetivo de contener un eventual avance de la URSS y el comunismo en Europa, cuando los tanques soviéticos estaba a una etapa de París, según la metáfora ciclista del general De Gaulle, una vez caído el socialismo real y desintegrado el Pacto de Varsovia, la OTAN tuvo que recomponer su figura militar y cambiar sus fundamentos ideológicos y estratégicos, más allá de lo previsto en el tratado fundacional (la defensa colectiva, establecida en el artículo 5), para expandir y diversificar sus operaciones: la guerra de Bosnia, el bombardeo de Serbia, la guerra de Afganistán, el derrocamiento de Gadafi (2011), la pacificación de Kosovo, la lucha contra la piratería en el océano Índico o contra los traficantes de personas en el Mediterráneo. Un brusco cambio de identidad y uniforme.

Al mismo tiempo, la OTAN inició una expansión hacia el este que integró no sólo a los países de la Europa oriental que habían formado parte del Pacto de Varsovia, organización militar del bloque comunista, sino también a las república bálticas que formaron parte de la URSS. La alianza militar de Occidente llegó en su avance, sin disparar un solo tiro, a las fronteras de Rusia y al espacio geoestratégico que los ideólogos del Kremlin consideran como una irrenunciable zona de influencia, el denominado “extranjero próximo”. Fue Bill Clinton el presidente que patrocinó el expansionismo otánico, para contrarrestar los sentimientos aislacionistas y unilaterales que estaban haciendo mella en el establishment norteamericano, según anunció en su primer viaje a Europa, en enero de 1994.

Como otros presidentes, Barack Obama se quejó reiteradamente de la escasa contribución de los socios europeos a los gastos estratosféricos de la Alianza, en torno a un billón de dólares anuales, de los que aproximadamente el 70 % procede del presupuesto de EE UU. En 2006, los 28 Estados de la coalición militar se comprometieron a aumentar sus presupuestos de defensa hasta el 2 % del producto interior bruto (PIB), a fin de compartir mejor la carga, pero sólo 5 de los miembros cumplieron con ese acuerdo: EE UU, Reino Unido, Polonia, Grecia y Estonia. El gasto de defensa medio de los países de la UE es del 1,18 % del PIB, mientras que el de EE UU alcanza el 3,62 %.

El Brexit, el anunciado abandono por Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) significa que ésta se verá privada de su principal potencia militar y que complicará el ya de por sí enrevesado proceso de la toma de decisiones. El presidente Obama aprovechó la cumbre de Varsovia para entrevistarse con los principales líderes europeos y expresar su confianza en que el Reino Unido y la Unión Europea serán capaces de negociar “una separación amistosa”. Pese a las discrepancias en cuanto al nivel de integración europea, todos los presidentes vincularon la Alianza Atlántica con la unidad de Europa, bajo el paraguas nuclear y los misiles norteamericanos.

Obama mantuvo en Varsovia toda la retórica de la fidelidad en la alianza, la solidaridad entre sus miembros y la firmeza ante una supuesta amenaza de Moscú. “En los buenos y en los malos tiempos –afirmó el jefe de la Casa Blanca–, Europa puede contar con Estados Unidos”.

El cónclave de la OTAN en Varsovia se desarrolló en esa atmósfera antirrusa que suelen fomentar los líderes de los países que formaron parte de la URSS (las repúblicas bálticas) o que estuvieron bajo el yugo imperial soviético en Europa central y oriental, con recuerdos de la guerra fría y reminiscencias del piano de Chopin que los cosacos arrojaron por el balcón, o del parón de los ejércitos soviéticos ante el Vístula –otra decisión inhumana de Stalin– mientras las tropas alemanes en retirada completaban la destrucción de Varsovia en octubre de 1944. El presidente Putin fue evocado en todos los conciliábulos, de nuevo vilipendiado por la anexión de Crimea en 2014 y el envío de tropas al este de Ucrania para respaldar a los separatistas, aunque no hay consenso en cuanto al castigo que debe imponérsele hasta que rectifique, una pretensión absolutamente ilusoria.

Con la aparición en el escenario del presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, el concierto antirruso se hizo ensordecedor, hasta el punto de que Mijail Gorbachov, premio Nobel de la Paz, que no suele ser obsecuente con Putin, abandonó su mutismo habitual para advertir de manera alarmista de que “la OTAN se prepara para la guerra con Rusia”, como en los peores momentos de la guerra fría, según declaraciones recogidas por la agencia rusa de noticias Interfax. “Los miembros de la OTAN –prosiguió Gorbachov— intentan hacer ver que no tienen  miedo de nada y es muy sospechoso porque con esa actitud nos fuerzan a nosotros y a todo el mundo a un enfrentamiento mayor.” El Kremlin, a través de sus terminales de propaganda, difundió la especie truculenta de que “la OTAN empuja a Europa hacia la guerra”.

Despliegue militar en Polonia y los países bálticos

Los rusos saben que los hechos son tozudos y el presidente Putin se apresuró a denunciar “la agresiva retórica y las agresivas acciones” de la OTAN, aunque dejando la puerta abierta para el diálogo. En el mes de junio, la OTAN celebró sus más importantes maniobras militares desde el fin de la guerra fría con participación de 31.000 soldados de 24 países, en territorio polaco, no lejos de las fronteras de Rusia. La cumbre de Varsovia, a su vez, aprobó el plan para el despliegue de cuatro batallones multinacionales en Polonia y los tres Estados bálticos, una decisión que constituye una severa advertencia para el Kremlin. “El más significativo refuerzo de la defensa colectiva desde la guerra fría”, sentenció Obama.

El plan incluye el envío a Polonia de unos mil soldados norteamericanos “con los equipos militares más modernos”, una reafirmación de la presencia militar en Europa. El Pentágono asumirá el mando del batallón que se establecerá en Polonia. Los tres batallones en los países bálticos estarán bajo el mando de Alemania, Canadá y Reino Unido. La firmeza del presidente Obama, que parece haber modificado su estrategia global, en un principio centrada en la cuenca del Pacífico, contrasta con el aislacionismo que se observa en amplios sectores de los dos principales partidos, cuando Donald Trump, para no desmentir su reputación de extravagante, lanza mensajes de entendimiento con Putin y considera que la OTAN está “obsoleta”, lo cual no significa necesariamente que pretenda desmantelarla.

Las maniobras militares en Polonia fueron duramente criticadas por el ministro alemán de Asuntos Exteriores, el líder socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, que lamentó “el ruido de sables” originado y obligó a la cancillera Merkel a una intervención apaciguadora en el Bundestag. El presidente de Francia, François Hollande, como es proverbial, mantuvo las distancias con el brazo militar de la alianza, se mostró escéptico en cuanto al despliegue de tropas terrestres y declaró a su llegada a la capital polaca: “Rusia no es ni un adversario ni una amenaza para Francia.” Si esto es así, ¿por qué participar en una exhibición de músculo militar y contribuir a una retórica de guerra fría?

Desde la reunión de la OTAN en Lisboa (2010), cuyo comunicado final se congratuló de una Europa “estable, exitosa y en paz”, una percepción que ponía en tela de juicio la necesidad de una alianza militar, las cañas se han vuelto lanzas. El entonces presidente ruso, Dmitri Medvedev, estuvo presente en la capital portuguesa, mientras que Putin ha sido ahora el blanco de todos los disparos. La situación de la seguridad global ha cambiado mucho en el último quinquenio por la crisis económico-financiera, el estallido del polvorín de Oriente Próximo, el recrudecimiento del terrorismo islamista, la proclamación del Estado Islámico, la anexión de Crimea y las crisis permanentes de Ucrania y el norte del Cáucaso. La diplomacia norteamericana ha evolucionado desde el “reset” de las relaciones con Rusia, preconizado por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, durante el primer mandato de Obama, a la hostilidad inequívoca de la cumbre de Varsovia.

Disuasión (deterrence) o diálogo con Rusia es el dilema que pone a prueba la cohesión y eficacia de la alianza militar. Porque proseguir por ambos caminos contradictorios conduce a la confrontación. La cumbre de Varsovia ha dado prioridad absoluta a la disuasión, al poder militar, a las sanciones económicas, a la retórica belicista, en un momento, desde luego, en que las promesas de Obama están devaluadas por el ocaso de su segundo y último mandato. No obstante, los líderes de la alianza insistieron en que el refuerzo militar no debe confundirse con “el advenimiento de una fresca guerra fría”. “No estamos buscando la confrontación con Rusia”, declaró en su despedida internacional el primer ministro británico, David Cameron, una aclaración evidentemente innecesaria porque oculta una situación tan conflictiva como cambiante.

Las potencias europeas siguen divididas y actúan con escasa convicción y en orden disperso. Alemania, Francia e Italia, las tres mayores economías de la eurozona, por motivos diversos, soportan mal el perjuicio de las relaciones industriales y comerciales y desearían resucitar el Consejo OTAN-Rusia, el consenso y la cooperación que fueron destruidos por la guerra relámpago de Georgia y la crisis de Ucrania.

La expansión de la OTAN hacia el este, en contra de las promesas que se hicieron a Gorbachov en el momento crucial de la reunificación de Alemania, fue la secuela de una visión estratégica tan idealista como arriesgada. Siguiendo los pasos del diplomático George Kennan, que en 1947 codificó la doctrina de la “contención” de la URSS, Stephen M. Walt, profesor de relaciones internacionales en la universidad de Harvard, acaba de hacer la apología del realismo y la crítica contundente del idealismo irreflexivo de la llegada de la OTAN a las fronteras de Rusia y otras decisiones norteamericanas, en un largo artículo publicado en el número de junio de la revista norteamericana Foreign Policy.

Escribe el profesor Walt: “La expansión de la OTAN no fortaleció la alianza; simplemente comprometió a EE UU en la defensa de un grupo de países débiles, protectorados difíciles de defender, muy alejados de América, pero muy próximos a las puertas de Rusia. Una combinación de libro de la arrogancia y la pésima geopolítica”, que emponzoñó para mucho tiempo las relaciones con Rusia. Y las mantiene en una situación conflictiva.

Disminuida la potencia europea por el anunciado Brexit, una vez más se perfila en el horizonte el ambicioso e inédito proyecto de una Europa del Atlántico a los Urales, con Rusia dentro, de manera que las relaciones de la Unión Europea con el gran vecino del este constituyen una preocupación, una tentación y un desafío. Aunque Obama no planteó el problema en Varsovia, Hillary Clinton y Donald Trump, tanto monta, volverá a tropezar con el gran problema: cuánto debe o puede gastar EE UU en defensa y política exterior, para llevar a cabo las inaplazables inversiones en infraestructuras, educación, investigación y desarrollo, los grandes temas de nuestro tiempo. Razones concluyentes para reflexionar sobre la OTAN, sus medios y sus fines, y plantear de manera menos castrense las relaciones con Rusia.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: