Posteado por: M | 1 octubre 2016

Shimon Peres y el sueño de la paz imposible

Muchos de los grandes de este mundo se congregaron en Jerusalén, en el cementerio del monte Herzl*, el 30 de septiembre, para el entierro del que fue varias veces ministro, primer ministro y presidente de Israel, el laborista Shimon Peres (1923-2016), un inmigrante polaco que alcanzó la cima del poder y asumió personalmente todas las contradicciones, las penas, las fatigas, los éxitos y las victorias que acompañaron el prodigioso desarrollo del Estado sionista-israelí desde su creación en 1948. Algunos de los participantes en el sepelio y en la apología fúnebre subrayaron que el sueño o proyecto político de Peres –la reconciliación y la paz con los palestinos— está tan lejos como siempre cuando no sepultado con todos sus promotores.

El eminente escritor Amos Oz, amigo del finado, en su emocionado y vibrante panegírico, se preguntó por el destino de la paz y subrayó que “puesto que los israelíes y los palestinos comparten un pequeño rincón del mundo, la única solución es la creación del Estado palestino que Peres apoyaba”. Y añadió con retórica anhelante: “¿Dónde están los líderes con el coraje necesario para hacerlo realidad, donde están los herederos de Shimon Peres?”

Barack Obama, que también tomó la palabra en el funeral, como líder del gran aliado y protector, insistió en el mismo asunto: “Shimon nunca vio cumplido su sueño de paz.” El presidente norteamericano habló por la herida de su fracaso, de sus varios encontronazos con el primer ministro israelí, el muy conservador Benyamin Netanyahu, y de su incapacidad para lograr la paz mediante la creación de un Estado palestino viable; pero ello no ha sido obstáculo para que al final de su mandato autorice un acuerdo que otorga a Israel la mayor ayuda militar de la historia, de 38.000 millones de dólares en el próximo decenio, cuyo objetivo no es otro que preservar la hegemonía militar israelí en la región, garantía existencial del Estado hebreo y verdadero eje sobre el que gira la estrategia norteamericana en la región. Según datos oficiales del Congreso, Israel recibe el 53 % de la financiación militar que EE UU concede a todos sus aliados en el mundo.

Veintitrés años después de la firma de los Acuerdos de Oslo (1993), bajo la consigna de paz por territorios y la égida de Estados Unidos, que establecieron una precaria autonomía palestina en los territorios ocupados por Israel desde la guerra de los Seis Días (1967), el proceso de paz entonces abierto por Isaac Rabin, Shimon Peres y Yaser Arafat nunca llegó a completarse. Peres está considerado como uno de los artífices de esos acuerdos, por los que compartió el premio Nobel de la Paz de 1994, pero también como uno de los responsables directos de la proliferación de las colonias judías en Cisjordania, principal obstáculo para la creación de un Estado palestino mínimamente viable.

“Peres fue abundantemente rico en contradicciones”, resumió el cronista Chemi Shalev en el diario Haaretz, editado en Tel Aviv. La última y más persistente refutación surge  de su nacionalismo (sionismo) y sus complejas relaciones con otro nacionalismo, el del movimiento palestino (OLP), de amor y odio, de amor por haber sellado el reconocimiento recíproco en los acuerdos de Oslo, pero de resentimiento por haber promovido o tolerado manu militari el aumento incesante de las colonias judías en Cisjordania, asunto vidrioso y capital que fue pospuesto en las negociaciones de 1993 en capital noruega, a petición de Peres, y acabó por convertirse en el muro contra el que se estrellaron todos los intentos pacificadores bilaterales o multilaterales. El muro protector, irritante o inhumano, según se mire, con el que Israel ha encerrado al territorio palestino alegando motivos de seguridad.

El mensaje de condolencia enviado al gobierno israelí por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, que también asistió al entierro en Jerusalén, causó una fuerte irritación en los sectores militantes de la resistencia palestina. El apretón de manos entre Netanyahu y Abás, en el prólogo del funeral, levantó algunas tímidas esperanzas de un deshielo en el congelado proceso para el nacimiento de un Estado palestino en Cisjordania y Gaza.

En general, los medios palestinos de Ramala y Nablús reprochan a Peres que, como padrino de los acuerdos de Oslo, hiciera todo lo posible por evitar que el asunto de la tierra y, por ende, de las colonias, se incluyera en el protocolo como garantía para la construcción de un Estado palestino. Según los cálculos palestinos, el número de colonias y colonos se ha triplicado desde 1993. Como insiste el árabe Daoud Kuttab, en un artículo publicado en Al Monitor, “los palestinos insisten en que Peres fue un patriota israelí al que consideran como el principal responsable de la situación menesterosa en que viven”, bajo la presión constante de la ocupación militar y los colonos.

Último superviviente de los padres fundadores, Peres empezó su carrera política como protegido de David Ben Gurion, el líder laborista que proclamó la independencia, y dedicó todos sus desvelos para que Israel se dotara del arma atómica durante su desempeño como director general (1953-1959) y viceministro en el ministerio de Defensa (1959-1965). A su gestión está asociada la construcción del reactor de Dimona y la fabricación de la bomba nuclear. Se trataba de construir un Estado seguro para los judíos, “un hogar nacional”, distinto de todos los demás, amenazado en todas sus fronteras, y que pretendía aplicar los principios del socialismo cooperativo que se venían aplicando en los kibutzim, versión humanizada de las granjas colectivas.

Peres ocupó todos los cargos posibles en la política israelí, ministro en 12 gobiernos, sucesivamente ministro de Defensa, líder del Partido Laborista, dos veces primer ministro (1984-1986 y 1995-1996), ministro de Exteriores en cuatro ocasiones, negociador de los acuerdos de Oslo, con Isaac Rabin como primer ministro, y presidente del Estado (2007-2014).

El nombre de Peres, aclamado póstumamente como un hombre de paz, está estrechamente relacionado con algunos episodios bélicos, comenzando por la operación militar en  el Sinaí contra los egipcios, en 1956, en connivencia con Francia y Alemania en el intento de recuperar el canal de Suez nacionalizado por Naser. Cuando Peres era primer ministro, apremiado en tiempo de elecciones, el Ejército israelí lanzó la operación de “Las uvas de la ira” en el sur del Líbano (abril de 1996) y cometió la matanza de Qana, mediante un masivo bombardeo en el que resultaron muertos más de cien palestinos.

“¿Fue Shimon Peres un hombre de paz?”, se pregunta retóricamente el periodista Gideon Levy, genuina conciencia crítica de la actual política israelí. Sus sentimientos son ambivalentes. No hay duda de que Peres deseaba la paz y trabajó para conseguirla, “pero nunca percibió a los palestinos como iguales que los judíos, y ciertamente no iguales en derechos”. El cruel epitafio de Levy se aplica tanto al sueño de paz de Peres como al destino problemático que aguarda a Israel: “Si Israel está al borde del abismo moral, entonces Peres también lo estuvo. Si Israel es un país que se encamina hacia el apartheid, Peres fue uno de sus fundadores.” Nada que añadir por mi parte.

*El monte Herzl o monte del Recuerdo es una colina de Jerusalén que sirve de cementerio nacional y lleva el nombre del fundador del sionismo moderno, Theodor Herzl (1860-1904), judío húngaro, que está enterrado en la cima. Circulan en la prensa algunos rumores incontrolables sobre lo que cuesta una tumba en ese lugar privilegiado.

 

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